Javier Risco.
Pasada la
emergencia y en plena etapa de una reconstrucción física y de la tranquilidad,
¿alguien se ha preguntado cómo hablan los niños de un fenómeno que a todos nos
cimbró como el 19-S? ¿Qué sensación les dejó? ¿Qué rutinas cambiaron? ¿Qué
alarmas guardan en la cabeza?
“¿Qué
aprendiste sobre las experiencias (los sismos de septiembre pasado) vividas en
México?” Esta es quizá la pregunta más reveladora de OpiNNA Reconstrucción, una
encuesta hecha por el Sistema Nacional de Protección Integral de Niñas, Niños y
Adolescentes, donde se escuchó la voz de 10 mil 153 infantes.
Y no es que
sea reveladora porque nos dé información desconocida sobre el fenómeno que
todos padecimos, sino porque a diferencia de cómo estamos asimilándolo los
adultos, las respuestas de los niños, que en un primer momento podría temerse
resultaran más afectados, nos muestra respuestas con esperanza, una visión
sobre lo que les pasó que abona un futuro prometedor y expone lo que se quedó
en los niños mexicanos después del hecho traumático.
De acuerdo con las respuestas, que
pueden consultarse a través de Internet: 53 por ciento aprendió a “ayudar a los
demás, siempre”; 25 por ciento aprendió a “no vivir con miedo, pero sí
preparados”; 11 por ciento señaló que “es necesario construir mejor las casas y
edificios” y, por último, también 11 por ciento aprendió “qué hacer en caso de
temblores”.
Mientras nosotros llevamos casi cinco
meses concentrados en los por qué, en los de quién es la culpa, inmersos en una
dinámica donde hay quien cobró cheques para damnificados sin serlo y en donde
los gobiernos sólo han sacado una raja política, los niños sí supieron
aprovechar lo mejor de la desgracia.
Y es que la forma de procesarlo es
muy distinta, de entrada, porque no se tiene el control de ciertas situaciones
como quizá podría tenerlas un adulto. Además, un niño tiene dos entornos que le
generan seguridad: su casa y la escuela. Tras el sismo, ocho millones de niños
perdieron al menos uno de esos dos refugios; otros tantos, se quedaron sin
nada. Y ante un escenario de tal vulnerabilidad, es un ejemplo la forma en que
tratan de obtenerlo mejor.
En
entrevista en WRadio, en, Así las Cosas, Ricardo Bucio, secretario ejecutivo
del Sistema Nacional de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes, explicó que este sondeo intentó saber cómo
se sintieron los niños durante el sismo en las semanas posteriores, saber qué
aprendieron y qué esperarían que pase.
“De los más
de 10 mil que contestaron la encuesta, la gran mayoría, como siete mil 500,
vivieron el sismo directamente, y de éstos, cuatro mil 500 dicen haber recibido
instrucciones precisas de las autoridades educativa dentro de la escuela.
“En la mayoría sí se ve que ha
permeado una cultura de protección civil, sirven los simulacros, sirve toda
esta atención que se ha desplegado desde los sismos del 85, pero nos falta
mucho más, porque vivimos en un país donde va a seguir ocurriendo este tipo de
fenómenos y no debe haber espacio para que un 20, un 30 por ciento no sepa qué
hacer”, dijo Bucio.
Es verdad, los niños sintieron miedo,
angustia, preocupación, pero no perdieron de vista que pese a eso se requieren
acciones inmediatas que les garanticen seguridad, visualizaron la importancia
de estar preparados y ese chip que ahora tienen y del que saben apropiarse es
quizás uno de los mayores hallazgos del ejercicio estadístico.
“Alimentos, agua, espacios limpios y
casas son las necesidades más apremiantes que niñas, niños y adolescentes
opinan que deben brindarse a sus pares. Es importante mencionar la importancia
que le dan a los aspectos más urgentes y no a otros como ropa, juguetes,
espacios de juego e inclusive regresar a la escuela”, dicen dentro de los resultados de
la encuesta. Y es que, sin los vicios de
una sociedad egoísta, los niños han sabido identificar mejor qué es lo
importante y en dónde deben estar las prioridades.
A partir de una tragedia creamos
comunidad, al menos ese el significado más evidente ante la respuesta de más de
la mitad de los niños mexicanos. La enseñanza es colectiva, la tragedia del
otro nos hizo existir y las nuevas generaciones entienden que la única manera
de resolver lo urgente y los problemas de largo plazo, es “ayudar a los demás
siempre”.
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