Sanjuana Martínez.
Bien dicen
que la esencia del ser humano perdura por sobre todas las cosas. Tal vez por
eso, el jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, nunca ha
dejado de ser policía y decidió defender a sus policías ante la desaparición
forzada del estudiante Marco Antonio Sánchez Flores de 17 años.
Grave error. Mancera se convierte así
en el defensor del fuero. Ese fuero del que gozan los torturadores que son
agentes del estado en la Ciudad de México. Ese fuero que ha incrementado las
violaciones a los derechos humanos. Ese fuero que es licencia para desaparecer.
Ese fueron que significa licencia para matar. Ese fuero que se burla de las
leyes. Ese fuero que convierte a los policías de la Ciudad de México en un
cuerpo de seguridad por encima de la Constitución. Ese fuero que les permite
detener y no presentar al detenido ante el Ministerio Público. Ese fuero que
les permite convertirse en verdugos. Ese fuero que les da el poder de hacer
“limpieza social”. Ese fuero con el que persiguen jóvenes obstinadamente. Ese
fuero que ha hecho de la Ciudad de México la ciudad con más homicidios dolosos
denunciados en 20 años. Ese fuero que permitió el establecimiento de 20 mil
tienditas del narco en Ciudad de México…Las cifras desastrosas del gobierno de
Miguel Ángel Mancera también son producto del fuero de los policías. Eso ha
permitido extender la mancha de impunidad. Decenas de uniformados que a ritmo
de garrote pretenden pacificar una de las ciudades más violentas.
Miguel Ángel
Mancera se equivoca. Y él lo sabe.
Conoce perfectamente el camino que siguió el caso del estudiante Marco Antonio.
Conoce las pruebas de los dictámenes médicos. Conoce los informes detallados de
lo que hicieron sus policías. Sabe que primero lo detuvieron, luego lo
desaparecieron y después lo torturaron. Fotografías, documentos y videos así lo
demuestran.
Pero su espíritu de policía ha podido
más que el de jefe del gobierno capitalino. Han pesado más sus años en la Secretaría de Seguridad
Pública donde ocupó el cargo de Director de Investigaciones y Procedimientos
(2002), el de director de Seguimiento de Policías Complementarias (2002), el de
Director Ejecutivo de la Subsecretaría (2003), el de asesor del Secretario de
Seguridad Pública del Distrito Federal (2004), el de Subprocurador de Procesos
y Subprocurador de Averiguaciones Previas Centrales (2006) y el de Secretario
Ejecutivo del Consejo de Seguridad Pública del Distrito Federal (2008).
Con semejante curriculum policiaco,
es evidente que Mancera conoce a la perfección el trabajo de ese honorable
cuerpo de seguridad. Y también las mañas, los excesos, los laberintos de las
acciones fuera de la ley, las formas sucias con las que se conducen normalmente
los policías capitalinos. Y digo que las conoce, no porque él haya incurrido en
delito alguno, sino porque desde los puestos que ha ocupado es evidente que
tiene que haber atendido decenas, cientos de casos como el de los policías que
detuvieron y no presentaron ante el Ministerio Público, al joven estudiante
Marco Antonio.
Por tanto, resulta extraño que Mancera defienda a los
cuatro policías involucrados: Abel Mora Gallardo, Ricardo Trejo Juárez, Ricardo
de la Rosa Guzmán y Martín Jesús González Martínez.
Y resulta más extraño que Mancera
filtre videos editados a la televisión para demostrar lo profesionales que son,
aunque para su desgracia se comprueba que dichos elementos no siguen ningún
protocolo con el menor y lo tratan como un criminal solo porque tomó unas
fotos.
Igualmente, resulta extraño que Mancera organice una
ronda mediática para pasear a los policías por los medios de comunicación a fin
de que cuenten “su versión” de los hechos bajo un esquema de manipulación
informativa a base del chantaje sentimental.
Y más extraño resulta que los
defienda y encubra diciendo que no está “certificado” que los policías
golpearon a Marco Antonio, como si existiera el “certificado” de tortura. Y
después que afirme desconocer el paradero de los policías que estuvieron
fugitivos unos días.
Resulta
extraño, pero a la vez revelador de la
calidad humana, ética y moral de Miguel Ángel Mancera. La protección que ha
brindado a los pésimos uniformados que detuvieron y desaparecieron a Marco
Antonio habla muy mal de él y su gobierno. Y lo peor que demuestra la
mezquindad de su ser, es la campaña de difamación en contra del joven
estudiante. La cadena de manipulaciones informativas para denostar su imagen y
así calmar el clamor popular de justicia.
La sucia estrategia del gobierno de
Mancera que luego de presentarlo ante el Ministerio Público trasladarlo a un
hospital psiquiátrico para sembrar la duda de su estado psicológico, sabiendo
que el joven tenía que ser atendido en el Instituto Nacional de Pediatría a
donde fue llevado horas después.
Y por
último, la maniobra de aislar al
estudiante en su proceso de recuperación, de confinarlo al silencio a cambio de
su seguridad, habla de un gobierno basado en métodos mafiosos.
Los padres y familiares de Marco
Antonio no tienen duda: los policías lo golpearon, lo detuvieron, lo
desaparecieron, lo torturaron y luego, ante la presión social lo narcotizaron
con varios tipos de droga para liberarlo y así lograr que el menor no pudiera
contar lo que le pasó.
Pero el
policía Mancera y sus uniformados a su servicio y bajo su mando, se equivocaron
nuevamente. No contaron con la fortaleza del joven, con su espíritu de lucha,
con su organismo deportista, que le ha permitido salir adelante e ir contando a
los suyos lo que le hicieron.
Nadie con un mínimo de información
puede creer la versión oficial. Nadie puede tragarse el cuento de que al joven
lo dejaron ir así nomás. Nadie puede creer que durante cinco días anduvo
vagando porque era drogadicto o peor aún, porque tenía problemas de salud
mental.
Los testimonios, documentos, el
expediente judicial y el historial clínico hablan de un joven estudiante
perfectamente “normal”. Así que todo es cuestión de tiempo. Y esperemos que la
historia le ofrezca un lugar a cada quien, que los mexicanos no olviden este
ominoso caso de desaparición forzada. El gobierno capitalino está obligado a
ofrecer una explicación de lo que pasó y a actuar en favor de la víctima no de
los verdugos.
La verdad,
señor Mancera, pondrá a cada quien, en su sitio, incluido a usted mismo….
Veritas liberabit nos.
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