Adela Navarro Bello.
La mejor forma de
predicar es con el ejemplo. La congruencia en una persona también es una buena manera de vender una
postura, sea política, ideológica, social: la coherencia entre lo que ha sido,
lo que es y lo que promete ser.
En tiempos de transparencia y acceso a la información, aun
cuando muy limitados en la rendición de cuentas, los mexicanos y
particularmente en este sexenio encabezado por Enrique Peña Nieto en la
presidencia de la república, tenemos forma y fondo para enterarnos un poco de
las acciones de quienes manejan presupuesto, supervisan el gasto y reparten el
dinero público.
Por eso cuando José
Antonio Meade, el candidato del PRI a la Presidencia de la República
(ciertamente auspiciado por otros partidos) dijo en su discurso de toma de
posesión como tal, “seré implacable en el combate a la corrupción”, la premisa
está de no creerse mucho. Vaya, en el pasado inmediato Meade colaboró (y
representa desde el priismo) a una administración federal que quizá pase a la
historia contemporánea como una de las más corruptas, y en ningún momento se le
vio alzar la mano para la denuncia, aun cuando estuvo en posiciones que pudo
hacerlo.
Implacable hubiese sido
que como Secretario de Desarrollo Social (cargo en el que Meade tomó posesión
en agosto de 2105 inmediato a la salida de Rosario Robles Berlanga) y al tener
en sus manos los documentos de entrega recepción de la Secretaría, y la
respectiva auditoría que todo funcionario que se precie de ser profesional
solicita al llegar a ocupar el cargo de otro, se enterara de los desvíos de
recursos y actuara en consecuencia denunciando el hecho. ESO HUBIESE SIDO
IMPLACABLE. PERO NO FUE ASÍ.
El hoy candidato del
PRI a ocupar la silla del águila despachó trece meses en la SEDESOL, de agosto
de 2015 a septiembre de 2016, y en ningún momento alertó sobre los desvíos que
la Auditoría Superior de la Federación sí descubrió al realizar auditorías a
las cuentas públicas de esa Secretaría (y de todo el gobierno federal) sobre lo
ejercido en los años 2014 y 2015.
Como lo publicó el periódico de la Ciudad de México, Reforma,
en esta ocasión la ASF encontró desvíos
de recursos económicos por mil 311 millones de pesos en dos secretarías
encabezadas en su momento por Rosario Robles, una la de SEDESOL donde la
sucedería Meade, y la otra la SEDATU que sigue bajo la tutela de la ex
perredista. No se trata de cinco pesos, ni de cientos de miles, está refiriendo
la Auditoría Superior que son más de mil millones de pesos desviados con
convenios fuera de la Ley de Adquisiciones, Arrendamientos y Servicios del
Sector Público, signados por la dependencia con empresas privadas que a su vez
esparcieron el dinero en universidades y empresas fantasma.
Resulta difícil creer
que quien después sería Secretario de Hacienda y Crédito Público, y por lo
tanto un experto en la fiscalización de los dineros, no percibiera los desvíos
de quien lo antecedió; Meade no fue implacable cuando tuvo la oportunidad de
serlo con Rosario Robles.
Pero ese no fue el
único caso que tuvo el ahora abanderado tricolor a la presidencia de la
república para demostrar ser implacable en el combate a la corrupción y la
inseguridad.
Como Secretario de Hacienda y Crédito Público, José Antonio
Meade estuvo catorce meses, de agosto de 2016 a noviembre de 2017, durante ese tiempo en México se investigó
al capo más notorio en el país hasta el momento de su extradición en enero de
2017, Joaquín Guzmán Loera “El Chapo”. Lapso en el que, de acuerdo a los
resultados, la unidad de inteligencia financiera de la Secretaría de Hacienda,
que también investiga el lavado de dinero, no hizo su parte para indagar sobre
la pública fortuna del capo en México, producto de la venta de drogas ilícitas
y otras actividades del crimen organizado.
Vaya, en México en el
tiempo que estuvo preso “El Chapo”, y Meade fue titular de la SHCP no le fue
iniciada investigación alguna por lavado de dinero y otros delitos financieros,
para dar con la riqueza de más de mil millones de dólares que en varias
ocasiones publicó la revista Forbes, que el capo tenía. De hecho, a excepción
de las casas con pasadizos en el sótano que le fueron confiscadas después de su
huida por Culiacán la segunda vez que lo detuvieron, a Guzmán Loera en México
no se le aseguró ni una cuenta de banco, ni dinero en efectivo, ni ranchos, ni
naves, ni nada.
En los Estados Unidos, donde el departamento del tesoro sí
colabora con las corporaciones de procuración e investigación criminal y de
narcóticos, han establecido no solamente la cantidad de droga que habría
traficado hacia aquel país el narcotraficante mexicano, sino el dinero que por
ello obtuvo. Estiman que “El Chapo” en toda su vida delictiva logró amasar más
de 21 mil millones de dólares, dinero ilícito tras el cual van las fiscalías
con juicios pendientes contra Guzmán en la Unión Americana.
En México nada, ni la
PGR ni la Secretaría de Hacienda, pudieron iniciarle una investigación por
delitos financieros al capo sinaloense, cuestión que sí ocurrió en el pasado cuando en 2001 y 2009,
la unidad de inteligencia financiera de la SHCP inició investigaciones sobre
hijos de capos, entre ellos el hijo de Sandra Ávila Beltrán, el hijo de Amado
Carrillo #El señor de los cielos”, y la hija de Juan José Esparragosa “El
Azul”.
El candidato del PRI
también fue Secretario de Hacienda en los periodos en que dos ex gobernadores
-además amigos suyos- dejaron el poder para convertirse en prófugos de la
justicia, precisamente por malos manejos de los dineros públicos y corrupción.
Se trata del veracruzano Javier Duarte de Ochoa y del chihuahuense César Duarte
Jáquez.
José Meade tomó
posesión de la SHCP en septiembre de 2016, unos pocos meses después que, con la
venia de esa institución entonces titulada por Luis Videgaray, el gobierno de Chihuahua
a cargo de César Duarte, desviara 250 millones de pesos a la campaña del PRI
como lo ha denunciado y probado el Gobernador de aquel estado Javier Corral,
investigación por la cual más de quince personas están en prisión. Sin embargo,
una vez más, Meade no vio el desvío de dinero público desde la posición que
tomó. Tuvo la oportunidad y no fue implacable como ahora lo promete.
Los desvíos de recursos
de Javier Duarte y de César Duarte se cuentan por miles de millones de pesos
(mil 400 y mil 200, respectivamente y en unas cuantas investigaciones), y están
enmarcados en los delitos de peculado, de enriquecimiento ilícito y de
operaciones con recursos de procedencia ilícita, como ha quedado demostrado no
solo en las auditorías estatales, y en los procesos que se les siguen, también
en la Auditoría Superior de la Federación, la misma que señaló los desvíos de
Rosario Robles publicados por Reforma. Pero de ninguno de tales desvíos, aun
siendo Secretario de Hacienda, se dio cuenta Meade. Ni los denunció, ni los
alertó, ni los persiguió. No fue implacable. Lo cual resulta
sospechoso dado que desde hacienda se emprendió un terrorismo fiscal hacia
empresas y empresarios no afines al gobierno, pero no quisieron hacer lo mismo
contra los gobernadores corruptos.
Así que no, Meade no ha
sido implacable en el combate a la corrupción, por decir lo menos ha sido
omiso, volteó a otro lado, o de plano fue deficiente como secretario, al no
darse cuenta de lo que sí observó la auditoría superior, y en los estados de
Veracruz y Chihuahua, donde sus amigos los Duartes desviaron miles de millones
de pesos, que provenían de la Secretaría de Hacienda, la cual debe supervisar
el uso de los recursos con los tantos requisitos que establece para
entregarlos.
Ante la omisión de quien
fue Secretario de Hacienda, le corresponde ahora a la Auditoría Superior de la
Federación ser implacable, si los ex secretarios y ex gobernadores (y algunos
gobernadores), no subsanan las observaciones de desvíos de recursos, o no
reintegran lo distraído, lo que procede es fincar responsabilidades contra los
servidores públicos responsables, promover sanciones administrativas o
presentar denuncias penales cuando se encuentren –como parece son los casos-
conductas dolosas.
Así que no, José
Antonio Meade ni ha predicado con el ejemplo ni ha sido consistente en su
desarrollo como funcionario público en lo que respecta al combate a la
corrupción, pues no la ha combatido.
no hay elementos para presumir ya no digamos asegurar, que
fue implacable como ahora promete lo será.
Lo que sí queda claro es que formó parte integral, al ser titular de tres
secretarías, del gobierno más corrupto de la historia reciente de México.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario.