Javier Risco.
En más de una ocasión hemos usado
este espacio para hablar del cártel inmobiliario que tanto daño le hace a la
ciudad, pero esta vez quiero hacer referencia a otro, a uno que no construye
torres de departamentos y oficinas, sino que lleva más de una década
contribuyendo a apilar mexicanos enfermos de diabetes y obesidad: el cártel
alimentario.
Entre el mar
de información del que hemos estado avasallados estas últimas semanas, es
probable que la historia que le cuento le suene poco conocida: se trata de la discusión de la Segunda Sala
de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) en la que estaban en juego
tres derechos importantísimos: el derecho a la información, a la salud y el
derecho superior del bienestar de la niñez.
¿Con qué frecuencia revisa usted el
etiquetado de los alimentos que consume? ¿Es de los que compara porciones y
cantidad de azúcar? Más allá: si lee el etiquetado, ¿entiende y confía en lo
que dice la marca de su preferencia? Quizá ahora pase por su cabeza la idea de
que obsesionarse con las porciones de azúcar, grasa o sal que tienen las
bebidas o alimentos que compra en el súper, suena a una exageración. No lo es.
Y le tengo una noticia: aun cuando sea de quienes se fijan, quizá esa
información sea imprecisa o falsa.
La semana
pasada, la SCJN resolvió un amparo en
que la Cofepris buscaba que no se cambiara el etiquetado de los alimentos que
actualmente consumimos. ¿Por qué quien se encarga de evitar riesgos sanitarios
estaría en contra de que las etiquetas de nuestros alimentos y bebidas fueran
claros, con parámetros homologados y basados en criterios científicos, recomendaciones
de salud internacionales y opiniones de expertos? Esto es algo que debemos
exigir como respuesta de esta dependencia.
En 2015, El Poder del Consumidor y un comité de
expertos nutricionales interpusieron un amparo para que el engañoso etiquetado nutrimental
actual se cambiara. Ganaron en 2016, pero Cofepris, como aval de ConMéxico,
este último representante de la industria de alimentos y bebidas, metieron un
recurso de revisión que impidiera el cambio en las etiquetas, aun cuando
médicos, científicos, expertos, defensores de derechos de salud y de
información alertaron de la importancia. Su recurso fue resuelto por la SCJN
como favorable para los cabilderos de la industria de alimentos y el derecho de
todos a saber lo que consumimos y en qué cantidad, se vio aplastado con uno que
en México siempre termina pesando más: el de los grupos económicamente
poderosos.
“El objetivo, desde el principio del
amparo, fue que se reconociera que las deficiencias del etiquetado nutrimental
realmente no sólo son deficiencias, sino violaciones a derechos humanos; o sea,
el etiquetado no informa a los consumidores, no les permite hacer elecciones de
acuerdo con la salud”, le dijo Javier Zúñiga, del área legal del Poder del Consumidor, a los
medios tras la resolución de la SCJN.
¿Cuáles son las alertas del comité de
expertos que buscaban generar más conciencia en las personas, como una de las
formas de abatir el segundo lugar mundial de obesidad que padecemos los
mexicanos?
1. Los estudios disponibles indican que el etiquetado
que se utiliza en México, que está basado en las Guías Diarias de Alimentación
(GDA), no funciona y debe ser reemplazado por un sistema efectivo, de fácil
comprensión y con criterios correctos.
2. El sistema de etiquetado frontal debe
basarse en recomendaciones internacionales y nacionales de salud, como las de
la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización Panamericana de la
Salud (OPS), la Academia Nacional de Medicina y las recomendaciones
nutrimentales mexicanas que preparó el sector salud bajo el liderazgo del
Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán.
3. Un grupo libre de conflictos de intereses
deberá diseñar el sistema de etiquetado frontal en México, con criterios de
transparencia.
Si en México aún no somos capaces de
explicar por qué pesan más los intereses económicos de un grupo poderoso que la
opinión de 31 expertos de institutos nacionales, universidades públicas y
privadas, del IMSS y el ISSSTE, es que aún no tenemos claro que la corrupción
mata y, a veces, tan lento como una diabetes que acaba con la vida de quien la
padece.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario.