Salvador
Camarena.
Les manejo lo que vienen siendo
números de la gestión –nunca podríamos usar la palabra gobierno– de Manuel
Velasco en Chiapas.
Bueno, yo no, sino Valeria Moy, Ana
Berta Gutiérrez y Valeria Mendoza, que desde México, ¿cómo vamos? publicaron en
abril este lapidario balance del paso del huracán Manuel sobre territorio
chiapaneco:
“Chiapas ha sido uno de los tres
estados que han decrecido en promedio en los últimos cinco años, a un ritmo de
-0.2% promedio anual. Durante 14 de los 19 trimestres analizados se dio una
caída en la actividad económica.
“México,
¿cómo vamos? estima que deberían
generarse 45 mil 100 empleos formales cada año en Chiapas para darle cabida en
el sector formal a la población que se incorpora al mercado laboral. Las cifras
indican que únicamente se registraron 8 mil 061 plazas formales en los primeros
cinco años de gobierno, equivalentes al 4% de la meta (225 mil 500 en 5 años).
“Cuando la
actual administración entró en funciones, Chiapas
era la 7ª entidad con la tasa de informalidad más alta, 63.7%. Cinco años
después, dicha proporción se incrementó en 4.5 puntos porcentuales y el estado
se convirtió en el 4° con mayor informalidad. El incremento de trabajadores que
laboran sin prestaciones de ley se incrementó en 89 mil personas.
“A finales
de 2017, 7 de cada 10 chiapanecos no
podían adquirir la canasta alimentaria con el ingreso proveniente del trabajo
de su hogar. La proporción es 3.5 puntos porcentuales superior a la cifra que
se observaba en 2012, equivalente a 412 mil personas adicionales en pobreza
laboral.
“Únicamente
en 2016 –el último año para el que se tienen datos–, mientras se había aprobado
un gasto por 12.4 millones de pesos en comunicación social, el ejercido fue
superior en 3,141%; se destinaron casi 400.5 millones de pesos a publicidad
oficial. Por el contrario, a pesar de
que se esperaban destinar 4 mil 315 millones de pesos a inversión pública, el
monto efectivamente destinado a este rubro fue 70% menor, de apenas mil 286
millones. Esto a pesar de que el actual gobernador también aseguró en su
discurso de toma de protesta que se trataría del ‘sexenio de la
infraestructura’”.
¿Más datos? No importa el rubro que se revise, por
doquier hay denuncias sobre la catástrofe del paso de Manolo I de Chiapas:
adeudos de mil millones de pesos a proveedores, observaciones en la Auditoría
Superior de la Federación por 5 mil 770 millones de pesos, el aumento en la
incidencia delictiva más alto en una década, y todo con el telón de fondo de
una administración incapaz de dar gobernabilidad a esa entidad.
Nada de lo anterior vale para el
Senado de la República, órgano del Estado mexicano que puede sancionar la desaparición
de poderes en una entidad.
Este Senado, dominado por Morena,
odia a Chiapas. No quiere el bien de los chiapanecos. Dijo este martes Ricardo
Monreal, senador en jefe de los morenos, que es derecho de Velasco irse del
Senado cuando quiera. Claro que sí, hay derechos, pero también hay
obligaciones.
Uno hubiera esperado (iluso que es
uno) que los senadores cumplieran con su obligación de velar por el bien de la
población de un estado amolado históricamente, pero más amolado desde que
Velasco no cumplió la obligación de gobernar bien.
Pero no, el Senado está para los
derechos de los senadores, no para las obligaciones con México. Esas solo
recaen en los ciudadanos. Y la obligación de los chiapanecos es aguantar tres
meses más a Velasco. Pobre Chiapas. Nunca mejor dicho.
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