viernes, 31 de mayo de 2019

Una ‘K’ invertida para Andrés Manuel.


Por Francisco Ortiz Pinchetti.

De entrada, debo aclarar que la “K” invertida a la que me refiero en este texto no tiene nada que ver con la extraña, costosa y fallida conexión que se pretendió instalar el año pasado en el Sistema Cutzamala para aliviar las penurias acuíferas de la capital y para mantener el flujo de agua sin interrupción mientras se llevaran a cabo los trabajos de mantenimiento o reposición en la tubería que conduce el líquido hasta la Ciudad de México.

Tampoco se trata de algún amuleto o maleficio, encaminada a favorecer a perjudicar a algún cristiano mediante hechizos de magia negra o supercherías por el estilo.

Nada que ver. El tema es asunto de peloteros y sólo los verdaderos aficionados al Rey de los Deportes entienden de lo que estamos hablando y cuál es el sentido de la afirmación que sirve de título a esta columna.

Ocurre que en el juego de pelota hay un personaje prácticamente invisible de cuyo trabajo e importancia muy pocos tienen cabal idea. En el beisbol organizado, participan en los partidos las dos novenas de peloteros con sus respectivos suplentes, mánagers, coaches y asistentes, así como los ampáyers, cuyo número fluctúa entre uno y seis, según la categoría del encuentro o de la liga de que se trate.

Además de ellos, escondido en algún lugar privilegiado del estadio, a menudo confundido con los periodistas en el palco de prensa, está una suerte de notario público que se encarga de llevar registro escrupuloso no sólo de cada juego, sino de cada íning, de cada out, de cada jugada. Tiene además el atributo especial de establecer la regla 10.01, “la única autoridad para adoptar todas las decisiones que impliquen juicio, tales como si el avance de un bateador a primera base es a consecuencia de un hit o un error”.

Es el Anotador Oficial.

Su trabajo no es nada sencillo. No hay que olvidar que el beisbol es un deporte que tiene 206 reglas además de sus derivados  y que mantener registro fiel prácticamente de cada lanzamiento, cambio de pitcher, entradas lanzadas, toque de bola, elevado de sacrificio, interferencia, bateador emergente, golpeados, ponchados, bases por bolas, wild pitch, passed ball, revirada, squeeze play, los avances de los corredores en las bases, los doble play, los outs de campo, etcétera, etcétera, etcétera.

Para realizar su complicada tarea, que debe incluir un informe pormenorizado de cada encuentro al final del mismo, el Anotador Oficial cuenta con un instrumento invaluable: el box score, o libro oficial de anotaciones.

Cuentan que fue un periodista inglés llamado Henry Chadwick, que vivía en Brooklyn, quien inventó el box score a mediados del siglo XIX para llevar las anotaciones de los partidos “mediante un método moderno” para aquel entonces. Muchos de los símbolos que Chadwick inventó para representar las jugadas, incluida la “K” para los strikeouts, siguen utilizándose hasta la fecha.

Chadwick usaba una “S” para señalar un single (hit sencillo), una “D” para el double (doble), y así sucesivamente. Para anotar los outs por strikes o ponches –conocidos entonces como “having struck three times”–, y dado que la “S” ya estaba ocupada, el cronista deportivo decidió usar la “K”, que era la última letra de la palabra “struck”.

Para distinguir el ponche o struck out al que el bateador se hace acreedor al intentar batear la pelota y fallar –al abanicar la brisa, se dice por acá–, de aquel otro en el que no hace ni siquiera el intento de pegarle pero la bola buena es “cantada” por el ampáyer, el ponche sin tirarle, se le ocurrió usar una “K” invertida. Es decir, la “K” al revés indica precisamente que el bateador fue puesto out sin intentar batear la pelota en el tercer strike. En el argot nuestro, se usa también decir que el bateador “se quedó con la carabina al hombro” o que “la vio pasar”.

Este es el significado de la “K” invertida que nos ha metido en este berenjenal peloteril. No hace falta mayor explicación al sentido de mi encabezado, justo cuando este viernes se completan los primeros seis meses del Gobierno de Andrés Manuel, un Presidente que ama profundamente el beisbol y lo practica, aunque hace rato que ya no presume estar bateando “arriba de 300”.

Basta un somero repaso mental a las improvisaciones, contradicciones y pifias en la cancelación del NAICM  y su sustitución por el aeropuerto de Santa Lucía, la refinería de Dos Bocas y el Tren Maya; la farsa de las consultas gansito, las “votaciones” a mano alzada, la ausencia de proyectos y estudios previos, las adjudicaciones directas de contratos, sin licitación; la cancelación de las estancias infantiles y los refugios para mujeres agredidas, los resultados negativos de la economía en el primer semestre del año, el recorte de presupuesto a las áreas culturales y universitarias.. …

Y los retrasos y confusiones en la implementación de los programas sociales, la ocurrencia de pedirle al Rey de España se disculpe por la Conquista, la renuncia de Germán Martínez Casares al IMSS y su carta-denuncia, los recortes draconianos en el sector salud, las penurias de los institutos nacionales de especialidades, los destinos y agresiones cotidianos a los medios y los comunicadores, la manipulación dolosa de la lista de supuestos “chayos”, los despidos masivos de trabajadores del Gobierno, las contradicciones entre el Presidente y sus secretarios de Estado, el desdén presidencial frente a las estimaciones de crecimiento económico de las evaluadoras internacionales, el Banco de México y otras muchas entidades; las concesiones sin límite a la CNTE, las mentiras y las “otras cifras” que él tiene, el incremento de la violencia y la inseguridad  en el país…

Con todo respeto, creo que hay que anotarle una “K” invertida al pelotero de Macuspana. En su primera oportunidad al bate se ponchó sin tirarle.

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