Jorge Zepeda
Patterson.
Morena mía,
voy a contar hasta diez podría decir Andrés Manuel López Obrador como Miguel
Bosé en su ardiente canción. Al artista español su morena le provoca, le muerde
y le destroza. A López Obrador su Morena le obedece ciegamente, pero justo por
esa obediencia ciega podría convertirse en un problema, aun cuando él mismo
tarde en darse cuenta.
La
atropellada imposición de Rosario Piedra como presidenta de la CNDH en el
Congreso no es el primero, y me temo que tampoco será el último, de los
escándalos políticos en los que incurrirá el partido en su afán de cumplir un
deseo del Presidente. Ahora mismo los diputados están entrampados en una
controversia legal con tal de no modificar el proyecto de presupuesto enviado
por Palacio Nacional y responder así al exhorto de AMLO de que sea aprobado sin
modificaciones. El problema es que, al tratarse de una cobija estrecha, el
presupuesto disminuye la cobertura a programas y necesidades claves incluso
para algunas corrientes morenistas, particularmente en el agro y en los
municipios. Tradicionalmente estas semanas de otoño servían para que el
proyecto del ejecutivo fuese discutido y ajustado de acuerdo a los consensos de
las fuerzas políticas. El grupo en el poder, antes el PRI ahora Morena, es un
mosaico de diversas corrientes sociales, regionales y sectoriales que deben
conciliar urgencias y necesidades. El presupuesto constituye un juego de suma
cero en el que alguien gana lo que otro pierde. Las discusiones y acuerdos en
las cámaras permiten anticipar conflictos y conjurar exabruptos políticos.
Impedidos de
decirle que no al Presidente, las cabezas de Morena en el Congreso han
intentado hacer pasar la propuesta de Hacienda sin ceder a las exigencias de
diversos grupos. Es cierto que algunas de estas son verdaderos chantajes en
busca de prebendas a los que AMLO se rehúsa a responder. Pero en otros casos se
trata de necesidades y actores legítimos que no necesariamente comparten las
prioridades del ejecutivo y buscan ser escuchados. No es de sorprender que
muchos diputados, incluso morenistas, no estén aún en condiciones de conceder
su voto para la aprobación. El resultado es que para efectos prácticos la
Cámara de Diputados habría violado la norma legal que establece el 15 de
noviembre como límite para alcanzar un acuerdo (que resolverán mediante la
argucia de declarar en receso la sesión del miércoles 6 de noviembre, que
terminará convertido en el día más largo del siglo: cientos de horas más tarde
la votación final podrá atribuirse a la sesión de principios de noviembre y así
cumplir con la ley en tiempo y forma. Surrealismo tropical, que le dicen).
Seguramente
los líderes de las fracciones negociarán tras bambalinas, doblarán manos y
voluntades y obtendrán un dictamen que deje contento al presidente, pero puede
anticiparse que será un acuerdo pegado con alfileres y muy probables descosidos
en los meses por venir.
Lo que se
mueve dentro de ese saco informe y vasto que es Morena solo puede intuirse.
Fuerzas disímbolas llegadas de todas partes; una babel política que incluye
igual a luchadores sociales que oportunistas de última hora; ex priistas, ex
comunistas y ex panistas; niños bien del partido verde y agraristas
cardenistas. Una bolsa en la que caben Claudia Sheinbaum, Manuel Bartlett,
Germán Martínez, Manuel Velasco o Tatiana Clouthier en el primer círculo de
AMLO, algo que lo dice todo (algunos de ellos no son militantes formales de
Morena). Un ejército improvisado que tiene generales de distintas procedencias
pero carece de cuadros y correas de transmisión confiables. Una manta frágil
construida con parches que parecen adquirir vida propia y someten al conjunto a
un permanente jaloneo. Les une la lealtad al jefe máximo, en algunos casos
dictada por la convicción en otros por la conveniencia, pero la lealtad al
líder no imprime ni la identidad ni la disciplina necesarias al mosaico de
fuerzas. Alcanza para instrumentar directrices puntuales del ejecutivo, pero no
impide que se hagan trizas sobre todo los demás. Y la mejor muestra es la
caótica elección en la que está empantanado el movimiento para renovar su
dirigencia. Como es sabido, la disputa electoral entre la presidenta Yeidckol
Polevnsky y Bertha Luján principal contendiente se ha dado entre mutuas
acusaciones de marrullerías y violaciones al grado de obligar al Tribunal
Electoral a suspender y postergar elecciones.
Morena fue
el instrumento que López Obrador diseñó con un enorme talento político para
llegar a la presidencia; pero para efectos de gobernar está resultando una
maquinaria desajustada, improvisada, caótica. Es capaz de resolver
instrucciones coyunturales del presidente aunque la mayoría de las veces
atropellando y sin la disciplina o la sensibilidad para convertir en práctica
cotidiana el ideario y las convicciones de López Obrador, pero sí para meterlo
en problemas. Esperemos que esta relación no le lleve a cantar con Bosé: Morena
gata, ay, me mata, me mata y me remata, vamos pa’l infierno.
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