Julio Astillero.
Nunca fueron pronunciados el nombre y apellidos del general
en retiro Carlos Gaytán Ochoa ni su famoso discurso del pasado 22 de octubre,
en el que impugnó tan insólita como abiertamente la conducción política del
Presidente de la República. Pero el discurso dado ayer por el secretario de
la Defensa Nacional, Luis Cresencio Sandoval, en el contexto del desfile
conmemorativo de la Revolución Mexicana, fue una respuesta política, militar e
incluso ideológica a aquellas palabras de Gaytán Ochoa que generaron preocupación
y dieron pie a la aparición, en la narrativa oficial y en la mesa pública de
discusiones, del tema de un eventual golpe de Estado.
El general Sandoval precisó ante el presidente López
Obrador, ante la serie de especulaciones que iniciaron con la fallida operación
de captura de un hijo de El Chapo, Joaquín Guzmán, que las fuerzas armadas
respaldan su proyecto de gobierno con lealtad, profesionalismo y honestidad.
Somos leales y guardamos profundo respeto a la institución presidencial que
usted representa al haber sido elegido en un proceso democrático y
transparente. Le refrendamos el principio esencial de las fuerzas armadas de
ser siempre leales.
Ataviado con el uniforme de gala de caballería, el general
secretario dijo que los militares mexicanos están orgullosos y se sienten
honrados con las nuevas encomiendas que la administración obradorista les está
entregando, pues, dijo, esos esfuerzos están encaminados a la transformación
del México que usted dirige. El contexto del discurso del portador de cuatro
estrellas en su uniforme fue de abierto apoyo a la institución presidencial
pero, de manera concreta, a esa conducción política que el antes mencionado
general Gaytán Ochoa había criticado al asegurar que en la actualidad vivimos
en una sociedad polarizada políticamente, porque la ideología dominante, que no
mayoritaria, se sustenta en corrientes pretendidamente de izquierda, que
acumularon durante años un gran resentimiento.
Gaytán había hablado ante la élite militar, en un desayuno en
las instalaciones centrales de la Sedena, en términos de rechazo abierto a
formas y fondo de lo que realiza el presidente López Obrador. Llegó a expresar
que nos sentimos agraviados como mexicanos y ofendidos como soldados. En
sintonía con grupos de gran calado, opositores al obradorismo, llegó a lamentar
la ausencia de contrapesos ante las políticas de la llamada Cuarta
Transformación.
Hasta ahora, el titular de la Sedena se había mantenido en
una actitud silente que llegó a provocar versiones de que lo dicho por el general
Gaytán en el famoso desayuno del mes pasado podría contar con cierta
aquiescencia del alto mando militar. La respuesta de ayer, en un escenario
institucional de primer nivel, ayudará a disolver dudas, si es que las hubiera,
en el propio ámbito castrense y en facciones civiles que albergan la esperanza
de acciones golpistas contra el Poder Ejecutivo federal.
El tema del presupuesto federal para 2020 sigue entrampado en
la Cámara de Diputados. La presión de organizaciones campesinas de operación
tradicional, en términos del esquema mantenido durante gobiernos priístas y
panistas, no ha permitido sesionar en San Lázaro, pero este viernes habrá de
intentarse el desahogo del tema por la vía acostumbrada, es decir, en el salón
de sesiones de ese recinto legislativo o en una sede alterna.
Ayer subieron los niveles de confrontación entre ciertos
líderes de esas agrupaciones campiranas y la actual administración federal,
luego de que aquellos pretendieron movilizaciones masivas desde San Lázaro para
irrumpir en el desfile cívico-militar que se organizó por parte del gobierno
obradorista para conmemorar el inicio de la Revolución Mexicana. Fuerzas
federales y capitalinas llegaron a encapsular a los grupos de manifestantes e
impedirles el libre movimiento. Las negociaciones continúan y se espera que
este viernes pueda al fin cerrarse este tenso tramo definitorio de la manera en
que se gastarán los recursos públicos el año entrante.
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