Alejandro
Calvillo.
Primero fue
el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia, Unicef, y después las
representaciones conjuntas de este organismo, la Organización Panamericana de
la Salud/Organización Mundial de la Salud y la Organización de Naciones Unidas
para la Agricultura y la Alimentación, quienes dirigieron felicitaciones al
Presidente López Obrador por la aprobación del nuevo etiquetado frontal de
alimentos y bebidas en México, señalando que es uno de los más avanzados en el
mundo. Es este el primer reconocimiento que recibe el Gobierno por parte de
organismos internacionales actual por una política que ha decidido implementar.
Contrasta
este reconocimiento con la intensa campaña de los organismos empresariales
contra este etiquetado de advertencia. Contrasta, pero no extrañan estas
posiciones totalmente opuestas, mientras los organismos de Naciones Unidas
reconocen al etiquetado como uno de los mejores del mundo, las cámaras
empresariales señalan totalmente lo contrario. La contradicción viene por la
naturaleza de cada uno de los actores, los organismos de Naciones Unidas tienen
por misión proteger la salud, la alimentación, los derechos de la infancia; las
cámaras empresariales las ganancias crecientes de las industrias.
OPS/OMS, FAO
y Unicef recomiendan la alimentación saludable, reconocen el daño que han hecho
en el mundo la invasión de los alimentos y bebidas ultraprocesadas desplazando
las dietas tradicionales, han estudiado y evaluado esta situación, los
etiquetados de los alimentos y bebidas, su publicidad dirigida a la infancia,
su presencia en las escuelas. A la vez, estos organismos han evaluado las
mejores prácticas para enfrentar las mejores prácticas para enfrentar la
epidemia de obesidad que están dirigidas a reducir el consumo de estos
productos y a recuperar los alimentos regionales y las culturas culinarias.
Por su
parte, las grandes corporaciones buscan seguir expandiendo la venta de sus
productos, que la gente consuma más de sus productos y que los que aún no los
consumen, comiencen a consumirlos. Para ello es necesario mantener los
consumidores en la ignorancia sobre las características de sus productos, para
ello es necesario mantener su publicidad con elementos altamente persuasivos a
los niños, para ello es necesario defender la presencia de sus productos en las
escuelas y mantener y extender su penetración en todos los territorios.
El
etiquetado frontal de advertencia aprobado en México es parecido al
desarrollado en Chile, en Perú y Uruguay, sin embargo, es mejor. Puede decirse
que es el mejor. Primero, advierte la alta presencia de azúcares, grasas saturadas,
sal/sodio y calorías en los productos, de una forma que se ha probado es
comprensible por parte de los grupos más vulnerables, sin importar el nivel
educativo. Algo fundamental, este tipo de etiquetado en forma de octágonos
negros con letras blancas es muy comprensible para los niños, como se ha
probado en todos los países donde se ha implementado (Chile, Perú y Uruguay) o
está por implementarse, como en México. Los niños son los que están en mayor
riesgo de salud por las proyecciones de obesidad y diabetes que hay para ellos
si no se cambian las condiciones ambientales que llevan al alto consumo de
chatarra y bebidas endulzadas. Se estima que uno de cada dos niños mexicanos va
a desarrollar diabetes a lo largo de su vida, una perspectiva profundamente
catastrófica. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico ya
nos advirtió que estaremos perdiendo 4 años de nuestra esperanza de vida por la
obesidad y 5 por ciento del Producto Interno Bruto.
Nuestro
etiquetado sería mejor que el de Chile, Perú y Uruguay porque incluye una
perspectiva de protección especial a los niños. Chile empezó su política sin
referencias previas, sin experiencias similares en otros países, con un
etiquetado de advertencia nuevo, con un perfil de nutrientes que tuvo que
elaborar. En México partimos de la experiencia de Chile, de Perú y del inicio
de esta regulación en Uruguay. Algo que ha ocurrido en estos países es que la
industria, para no tener o reducir la cantidad de sellos de advertencia en sus
productos, en vez de reducir el azúcar, ha reformulado de una forma no
saludable, sustituyendo la azúcar por edulcorantes no calóricos.
Empresas
como Coca Cola, de hecho, se convirtieron en las que menos se opusieron al
modelo de etiquetado chileno, porque en ese país reformulo sustituyendo el
azúcar en sus productos por edulcorantes no calóricos. De esta manera, mantuvo
la estrategia de habituar a los niños a hidratarse con bebidas altamente dulces
y a alimentos también excesivamente dulces. Este hábito que mantiene el gusto
por lo dulce es uno de las causas principales del deterioro de los hábitos
alimentarios que por un lado lleva a la obesidad y a la diabetes y, por otro,
altera el gusto de los niños, los condiciona desde pequeños, desplazando el
consumo de frutas, verduras, cereales integrales, es decir, afectando el
consumo de los bien llamados “alimentos de verdad”.
Además de
deformar los gustos hacia alimentos excesivamente dulces, aumenta el consenso
sobre los efectos metabólicos de estos edulcorantes al registrarse, por
ejemplo, una alteración en la llamada hormona de la saciedad, la Leptina. Un
estudio realizado con niños en el Hospital Infantil de México encontró que tras
consumir bebidas con algunos de estos edulcorantes se presentaba una alteración
en los niveles de Leptina y de otra hormona, la Grelina, también relacionada
con la regulación del apetito, lo que induciría a un mayor consumo de
alimentos. Estos efectos, y otros señalados sobre la microbiota intestinal,
pueden explicar porque no se ha registrado que los edulcoranetes no calóricos
estén disminuyendo el peso en estudios epidemioógicos en poblaciones que han
aumentado su ingesta y disminuido la de azúcares.
Por todo lo
anterior, es que la reformulación de productos hacia edulcorantes no calóricos
no es una alternativa saludable y representa riesgos sobre los cuales debemos
proteger, en especial, a la población infantil. La incorporación de una leyenda
de advertencia en los productos que contienen edulcorantes no calóricos
señalando que no son recomendables para niños, es un avance muy importante del
nuevo etiquetado frontal de México y que es reconocido por los organismos
internacionales.
Otro
elemento muy importante en el nuevo etiquetado es la leyenda de advertencia
cuando los productos tengan añadida cafeína, señalando que no se recomienda en
niños. Esto se aplicará, principalmente, en las bebidas de cola que tienen uno
de los mayores consumos del mundo entre los mexicanos y, por lo tanto,
representan un muy alto consumo entre los niños. Para los niños pequeños el
consumo de cafeína no es recomendado porque provoca inquietud, aceleración del
ritmo cardiaco, incrementa la tensión arterial y genera dificultad para
conciliar el sueño. De hecho, hay un efecto sinérgico en el consumo de cafeína
y azúcar, es decir, sus efectos en salud se potencian. El tema, por su
importancia requiere de un abordaje especial que haremos posteriormente.
El otro
punto a destacar del nuevo etiquetado es que establece que cuando un producto
tenga un sello o una leyenda de advertencia no podrá portar personajes,
promociones, concursos y otras estrategias en sus etiquetados que estén
dirigidos a la infancia. Algunos de los peores productos ultraprocesados son,
justamente, los que se dirigen a niños. Los cereales que tienen en sus
etiquetas personajes como el Tigre Toño, Melvin el elefante, el guepardo de
Cheetos, los múltiples personajes de los productos de Nestlé, el gansito de
Marinela, y cientos de otros personajes están dirigidos a los niños, junto con
promociones, para que demanden la compra del producto. Al mismo tiempo, los
padres suelen considerar que un producto que está dirigido a los niños debe ser
saludable, inofensivo. Desgraciadamente, no es así, suelen ser los más dulces,
los que más azúcar o edulcorantes tienen, los que menos fibra contienen, los
que más colorantes, saborizantes y aromatizantes artificiales contienen.
Estas son
las principales razones, aunque no todas, por las cuales el nuevo etiquetado es
calificado por organismos internacionales cono uno de los mejores. También son
las razones por las cuales las grandes corporaciones globales de alimentos, y
las cámaras empresariales a su servicio, se oponen al nuevo etiquetado, desean
seguir por la vía libre, actuando como lo han hecho hasta hoy: manteniendo en
la ignorancia a los consumidores, invadiendo con su publicidad y sus productos
los entornos infantiles, reclamando espacios para rediseñar sus productos a
través de compuestos no saludables.
Las grandes
corporaciones tienen todos los recursos y la infraestructura para llevar
alimentos y bebidas mínimamente procesados a los consumidores, alimentos más
saludables. Y en nuestro país tenemos una gran diversidad de alimentos y un
potencial enorme para recuperar nuestros mercados locales.
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