Julio Astillero.
Obstinado en
construirse una opción política de defensa hacia futuro (el partido personal y
familiar México Libre), a Felipe Calderón Hinojosa (FCH) lo persiguen los
fantasmas del pasado. De manera principal se le recuerdan tanto el fraude
electoral de 2006, cometido contra Andrés Manuel López Obrador, como el inicio
de la sangrienta etapa que denominó guerra contra el narcotráfico.
Y, a raíz de
la detención y procesamiento judicial en Estados Unidos de Genaro García Luna
(GGL), su acompañante a lo largo del sexenio funerario a título de secretario
de Seguridad Pública, la farsa macabra de la citada guerra ha quedado más de
manifiesto, alcanzando a plenitud, con fundadas razones, al ex panista, quien
ha pretendido zafarse del asunto mediante la ínfima treta declarativa de darse
por ignorante de lo que aquel virtual vicepresidente policiaco, GGL, hacía
durante el periodo trágico 2006-2012.
Ayer, en el
portal Pie de Página, donde publica sus trabajos la comunidad denominada Red de
Periodistas de a Pie, presidida por Alberto Nájar, la reportera Norma Trujillo
Báez dio a conocer que el médico legista Juan Pablo Mendizábal , uno de los
peritos que participaron en el tratamiento científico del caso de la indígena
Ernestina Ascensio Rosario, muerta según primera versión por el ataque sexual
de militares mexicanos, ha asegurado que Calderón Hinojosa, entonces habitante
de Los Pinos, y Fidel Herrera Beltrán, el priísta que 13 años atrás gobernaba
Veracruz, acordaron y ordenaron modificar el dictamen oficial, para salvar a
los soldados y dejar todo como un problema personal de salud de la mujer de 73
años de edad.
Mendizábal
afirma que todas las evidencias del caso confirman que fue un ataque sexual,
cometido por tres personas el 25 de febrero de 2007. Los primeros señalamientos
apuntaron a miembros del 63 batallón de infantería del Ejército mexicano, que
habían instalado un campamento en las inmediaciones de la comunidad donde había
nacido y vivía Ernestina Ascencio. Pero hubo un acuerdo entre los gobiernos
federal y estatal, señala el médico Mendizábal, y Fidel Herrera les dijo que al
gobierno del estado no le convenía tener en contra al presidente de la
República (Calderón Hinojosa) y que por eso se tenía que cambiar el dictamen.
Así se acordó hablar de anemia como causa del fallecimiento, y el propio Calderón
se refirió a una gastritis crónica.
La
periodista Trujillo Báez consignó en su reportaje lo mencionado por los
primeros testigos, todo consignado en el expediente judicial de inicio:
...cuando llegaron adonde estaba la anciana, ésta estaba tirada de su lado
derecho, tenía sus manos juntas metidas en sus piernas, su ropa la tenía
levantada (...) les empezó a decir que la habían asustado los soldados, que les
dijo que se le pusieron encima y la amarraron, que llevaban en el pecho unos
clavos, que cree que eran cartuchos, que no dijo cuántos eran porque la señora
ya estaba grande y que le quebraron su cintura. El médico Mendizábal recuerda:
En el cuerpo de doña Ernestina había características que indican violación. Son
los desgarros a nivel rectal; la presencia de líquido seminal, la fractura de
los arcos costales, derechos e izquierdos. Tenía hematomas en la cabeza, golpes
en los brazos, las piernas. La mujer fue sometida en las piernas.
Pero
Calderón Hinojosa y Herrera Beltrán acordaron cambiar el dictamen. La Comisión
Nacional de los Derechos Humanos, a cargo de José Luis Soberanes, aceptó la
nueva versión. Al médico legista Mendizábal, por no aceptar el cambio de los
dictámenes y las evidencias, según publica Trujillo Báez, “dos años antes de
salir jubilado lo cesaron de su trabajo diciendo que ‘reprobó los exámenes de
confiabilidad’. Ante la violación a sus derechos, acudió al Tribunal
Contencioso Administrativo y ganó el laudo, pero el gobierno de Miguel Ángel
Yunes Linares se amparó para no reinstalarlo en su fuente laboral. Hoy sigue
con ese problema” (https://bit.ly/2HTa8ac)
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