Salvador
Camarena.
Isidro
Baldós, chofer del embajador de México ante la Organización de Naciones Unidas,
Juan Ramón de la Fuente, falleció la madrugada del viernes 8 de mayo en un
hospital de la ciudad de Nueva York, luego de más de tres semanas de permanecer
hospitalizado, lo que incluyó intubación, a consecuencia del Covid-19.
Baldós,
mejor conocido como “Rod”, murió una semana antes de su cumpleaños. El 15 de
mayo habría cumplido 62 años. O 70. Y era lo más parecido a un histórico en la
representación mexicana ante la ONU. “El Buen Rod”, dijo al enterarse del
fallecimiento un extitular de esa oficina. Para otros, su apodo era “Drod”.
El conductor
del exsecretario y exrector de la Universidad Nacional Autónoma de México
(UNAM) cayó enfermo una semana después de que transportó a De la Fuente al
aeropuerto John F. Kennedy de Nueva York, pues a principios de abril pasado el
embajador viajó a la capital mexicana, y el 13 de abril reconoció, en su
columna en El Universal, que había contraído el coronavirus.
“Todos hemos
vivido con intensidad estas semanas. A mí me ha tocado vivirlas en Nueva York y
en México”, escribió en su columna De la Fuente, también Secretario de Salud
durante el gobierno de Ernesto Zedillo, “me tranquiliza saber que mi familia y
mis colaboradores están todos bien”.
Pero,
¿estaban todos bien? “Todo indicaría que supo que estaba infectado y al
conocerlo prefirió viajar a México para recibir atención allá”, se comentó
dentro de la Misión Permanente de México.
“El personal
de la Misión sabíamos de su situación porque nos lo comunicó el embajador
(Juan) Sandoval, quien se quedó a cargo”, también se dijo, de acuerdo con gente
familiarizada con ese espacio.
Rod Baldós,
un hombre nacido en Filipinas de acuerdo con personal de la representación
mexicana, fue el chofer titular de al menos seis embajadores de México ante la
ONU, incluidos Adolfo Aguilar Zinser, Enrique Berruga, Luis Alfonso de Alba,
Jorge Montaño, Juan José Gómez Camacho y De la Fuente.
“Rod”
llevaba regularmente a De la Fuente de su oficina en el piso 28 del edifico
ubicado en la calle 44 East de Manhattan, hasta su residencia en la calle 72,
también en su parte Este.
Gente de la
Misión se cuestiona si como jefe de la misma De la Fuente tomó las suficientes
previsiones frente a la pandemia: ya avanzado el mes de marzo, cuentan,
expresaba a quien le quisiera oír su idea de que “no trabajen desde sus casas,
están más seguros aquí, en la oficina”. Para este momento la ciudad de Nueva
York y la sede de las Naciones Unidas respetaban la cuarentena. Pero también
hubo cuestionamientos sobre si el embajador tuvo el mejor comportamiento cuando
su chofer enfermó.
Porque la
familia de Baldós llegó a quejarse de que nunca recibió una llamada de De La
Fuente, o de su número dos, el embajador Sandoval, para preguntar por el estado
de salud del chofer mientras éste estuvo internado. Quien llamaba a la familia,
según testimonios a los que tuve acceso, fue Oscar –el administrador– a quien
identifican como amigo de “Rod”. De la misma forma, comentan, algunos miembros
de la oficina sí se interesaron por saber cómo estaba el chofer. Pero de las
autoridades a cargo de la representación, nada supieron en la agonía del
colaborador de la Misión.
Ahora, la
familia de Isidro Baldós espera que las autoridades de la Misión se comporten a
la altura al compensar los servicios de quien durante décadas colaboró con el
gobierno mexicano. Es lo mínimo que merece “el buen Rod”, y lo mínimo que
podría demandarse a un gobierno “que no es igual”.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario.