Julio Astillero.
Adiferencia
de lo sucedido el 17 de octubre del año pasado en Culiacán, Sinaloa, cuando,
bajo presión extrema, grupos de élite del Ejército mexicano dejaron libre a
Ovidio Guzmán López, miembro de una familia cupular en el crimen organizado, el
cártel de Santa Rosa de Lima (CSRL) no pudo impedir en Guanajuato que policías
y personal castrense detuvieran a la madre, la hermana y una prima o novia del
jefe máximo de esa banda regional, José Antonio Yépez Ortiz, alias El Marro.
La
Secretaría de la Defensa Nacional informó ayer que, junto con elementos de la
Guardia Nacional y la Fiscalía General del Estado de Guanajuato, había cumplido
un día antes, el sábado, una orden de cateo en un domicilio del poblado de San
Isidro Elguera, municipio de Celaya, donde había encontrado un kilogramo de
metanfetaminas y más de dos millones de pesos. Entre los detenidos estuvieron
las tres mujeres a las que en un boletín de prensa la Sedena señaló como
presuntas operadoras financieras de la organización delincuencial
(https://bit.ly/3embCbN).
La operación
militar generó inmediatas reacciones violentas en la región. El periodista
Arnoldo Cuéllar, fundador del Laboratorio de Periodismo y Opinión Pública,
@poplabmx, así describió lo sucedido este sábado: A las 7 de la noche, las
reacciones del grupo criminal se extendían al menos a 10 municipios, con
bloqueos o atentados incendiarios en más de 30 puntos, como una estrategia de
distracción. Los hechos vandálicos se extendían desde San Luis de la Paz hasta
Acámbaro y de Salamanca a Apaseo el Grande, generando una amplia región de
desestabilización y pánico (https://bit.ly/3dlmB3P).
Hubo,
además, una singular aparición del jefe del CSRL, apodado El Marro, en dos
grabaciones de video. Más allá de su cortedad expresiva, afianzada en obsesiva
palabrería vulgar, el acorralado Yépez Ortiz se mostró a punto del llanto por
la detención de las mujeres de su familia y el maltrato al que dijo estaban
siendo sujetas.
En un
segundo video, ya restablecido en lo sentimental pero igual de furioso e
insultativo, dejó entrever que las acciones en su contra fueron ejecutadas para
beneficiar al cártel Jalisco Nueva Generación y a su jefe, Nemesio Oseguera el
Mencho. Dijo que estaría dispuesto incluso a trabajarle a algunos de los
señores de la frontera o algunos señores de los de Sinaloa, putos; pero aquí,
hijos de su puta madre, primero les he de servir a cualquiera de los señores;
pero a esos hijos de su puta madre no los voy a dejar entrar, culeros.
La aparición
en escena de madres de jefes del crimen organizado marca otra diferencia
respecto a lo sucedido en Sinaloa, donde la progenitora de El Chapo recibió un
saludo directo del Presidente de la República durante una gira a Badiraguato,
municipio donde nació Joaquín Guzmán Loera, en una fecha que coincidía con el
cumpleaños del antes liberado Ovidio.
Aun cuando
es obvio que el enfoque del mencionado Marro puede ser reduccionista, lo cierto
es que el gobierno federal y sus fuerzas armadas deben cuidar especialmente que
no se instale la percepción de que, como en administraciones anteriores, los
operativos relevantes favorezcan a determinados cárteles y perjudiquen
intencionalmente a otros. También sería equilibrante que la orden de
aprehensión girada ocho meses atrás contra un presunto delincuente, a causa de
una petición estadunidense de extradición (y que no se cumplió por decisión del
Presidente de la República, según él mismo ha precisado la semana anterior), se
cumpla como la orden de cateo girada en Celaya.
Además de
los sucesos en el candente Guanajuato (con una historia de controversias
partidistas que podrían ser abordadas en otra entrega), en Caborca, Sonora, se
vivió también un fin de semana bajo fuego, con 12 muertos, 10 de ellos tirados
al lado de una carretera, y en Guerrero una emboscada dejó seis policías
estatales muertos y cinco heridos.
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