Martí Batres.
Enrique
Alfaro, gobernador de Jalisco, rechaza tener responsabilidad en la muerte de
Giovanni López, en la represión de las manifestaciones que exigieron justicia
para Giovanni y en las desapariciones de jóvenes que participaron en estas.
Pero su
responsabilidad es clara. Alfaro construyó el clima de autoritarismo, que dio
lugar a dichos acontecimientos, con un conjunto de decisiones formales, aunque
no legales, de su gobierno.
El 19 de
abril, mediante un videomensaje publicado en sus redes sociales, anunció
sanciones a la población de Jalisco que no cumpliera el confinamiento para
prevenir el contagio del Covid-19:
“El
gabinete de salud y el de seguridad, en conjunto con las autoridades
municipales, hemos tomado la decisión de que a partir de este lunes las medidas
de aislamiento social tendrán el carácter de obligatorio y quien no las cumpla
será sancionado, la fuerza pública tendrá la encomienda de hacerlas cumplir. No
es justo que quien sí está acatando estas medidas pague porque unos no lo
hacen. Lo que está en juego es la vida de todos. El mensaje es claro, por el
bien de todos: tolerancia cero”.
En ese
mensaje el gobernador anuncia: “El uso de cubrebocas será obligatorio en
todo momento cuando se esté fuera de casa. Repito: obligatorio”.
E instruye: “Serán
las autoridades municipales las encargadas, las responsables, de verificar el
cumplimiento de estas medidas de seguridad sanitaria”.
Asimismo, señala
que medidas y sanciones serán publicadas ese mismo día en el Periódico Oficial
del Estado de Jalisco. En dicho acuerdo se establece en el numeral I que: “Toda
persona que se encuentre en el territorio del Estado de Jalisco, ya sea
residente o esté de tránsito, debe cumplir obligatoriamente con el resguardo
domiciliario corresponsable”.
También
remite a la Ley de Salud del Estado de Jalisco para conocer las sanciones
anunciadas:
“Artículo
345.
1. Las
sanciones administrativas podrán ser:
I.
Amonestación con apercibimiento;
II.
Multa;
III.
Clausura temporal o definitiva, que podrá ser parcial o total; y
IV.
Arresto hasta por treinta y seis horas.”
Con ello, Alfaro
crea las condiciones para el destino trágico de Giovanni López, albañil de 30
años de edad del municipio de Ixtlahuaca de los Membrillos, Jalisco. Los
presuntos responsables del asesinato son policías municipales, pero cumplieron
una instrucción pública del gobernador para vigilar y sancionar el uso
obligatorio del cubrebocas.
El mensaje
del gobernador es parte de una búsqueda ansiosa por contrastar con el gobierno
de la República, al que acusó días antes de impedir la entrada de las llamadas
“pruebas rápidas“ para evitar que se supiera la verdad sobre el Covid-19. Luego
anunció que en realidad el proveedor le había quedado mal y no las entregó.
En sus
redes sociales, Alfaro ha criticado las acciones del gobierno federal
asegurando que se actuó tarde, pero que Jalisco se adelantó y actuó de manera
correcta. Sin
embargo, al corte del sábado 6 de junio, Jalisco es la tercera entidad con
más casos confirmados activos. Ni su supuesta actuación oportuna, ni las
pruebas rápidas que no llegaron, ni sus reiterados ataques al gobierno federal,
ni las medidas de excepción, han logrado parar la pandemia y proteger a la
sociedad jalisciense de una manera distinta que el resto del país.
El artículo
29 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, señala que
la única persona autorizada para decretar medidas de excepción y suspensión de
garantías individuales es el Presidente de la República con aprobación del
Congreso de la Unión.
LA
RESPONSABILIDAD DE ALFARO ES CLARA: engendró un ambiente autoritario con sus
instrucciones a los gobiernos municipales y a la fuerza pública; instrucciones,
por cierto, sin soporte jurídico constitucional.
Lo dije
antes y lamento reiterarlo: el autoritarismo no es solución a los problemas.
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