Enrique
Galván Ochoa.
Las
estrategias de Japón y Suecia para enfrentar la pandemia han llamado la
atención mundial. ¿Cómo se comparan con la seguida por México? Veamos. Cuando
el primer ministro de Japón, Shinzo Abe, puso fin al estado de emergencia la
semana pasada, con sólo 16,724 infecciones y 905 decesos, no pudo resistirse a
alardear sobre el modelo de Japón. De una manera característicamente japonesa,
casi hemos controlado esta epidemia en el último mes y medio, declaró. ¿En qué
consiste? Comprender las razones del éxito de Japón tiene una importancia
global. El país no impuso bloqueo obligatorio y realizó pocas pruebas de virus,
dos elementos que otras naciones consideran cruciales. Gran parte del debate
público se centra en factores culturales, como altos estándares de higiene, la
disciplina del pueblo que adoptó el uso del cubrebocas atendiendo la petición
del gobierno, e incluso la falta de consonantes aspiradas en el idioma japonés
reduce la propagación de las gotas con virus. Pero los expertos locales señalan
tres factores más prosaicos: estrategia especial de seguimiento de contactos,
conciencia temprana que provocó una reacción positiva del público y la
declaración oportuna del estado de emergencia. Como telón de fondo, la
disciplina y una natural sana distancia en el saludo.
El caso
sueco.
En Suecia
no se suspendieron las clases, continuaron las reuniones de amigos, abrieron
restaurantes y bares, siguieron visitando los parques. Con 44 muertes por cada
100 mil habitantes, la tasa de mortalidad de Suecia se encuentra entre las más
altas a escala mundial y supera con creces la de sus vecinas Dinamarca y
Noruega, que ya le cerraron la frontera. Los políticos suecos apoyaron la
estrategia porque trataban de suavizar los efectos económicos negativos de la
cuarentena. El estratega epidemiólogo Anders Tegnell ha admitido que su plan de
la inmunidad de rebaño resultó en demasiadas muertes. Si tuviéramos que
enfrentar la misma enfermedad con el mismo conocimiento que tenemos hoy, creo
que nuestra respuesta aterrizaría en algún punto intermedio entre lo que hizo
Suecia y lo que ha hecho el resto del mundo, dijo Tegnell en una entrevista con
la Radio sueca. El prestigio del epidemiólogo, que alguna vez fue muy alto,
ahora esta en entredicho.
El caso
México.
La
estrategia de sana distancia arrancó el 23 de marzo, promovió, sin medidas
coercitivas, permanecer en casa, usar cubrebocas, lavarse las manos y sólo
permitió actividades económicas esenciales. En el balance diario, el estratega
Hugo López-Gatell informó ayer que se han registrado 11,729 decesos. Ha
enfrentado varios obstáculos: las carencias heredadas del sector salud, sólo
siete de cada 10 personas usan cubrebocas; la gente ha tenido que salir a la
calle a trabajar, vive al día, y en diversas regiones del país no tienen agua
potable para lavarse las manos con frecuencia, compran pipas, muy caras, o
traen cubetas del río. Además, el subsecretario ha tenido que hacer frente a un
furioso embate de la oposición que celebraría como una derrota del gobierno de
AMLO que hubiera más muertos.
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