Enrique
Quintana.
El tema de
la corrupción nuevamente está marcando la agenda nacional.
Eso, sin
lugar a dudas, es un gran éxito de la narrativa del presidente López Obrador y
se trata de un avance de sus piezas para la elección de 2021.
Cuando
alguien pregunta por qué razón el presidente mantiene un nivel de popularidad
relativamente alto a pesar de que enfrentamos una crisis económica de grandes
proporciones, una crisis sanitaria inédita y un gran problema de inseguridad,
en parte es por su capacidad para incidir en la agenda pública.
Yuval Noah
Harari ha demostrado que contar historias que sean compartidas por una
comunidad es fundamental en la dinámica social y política. Y, hasta ahora, AMLO
es quien mejor ha contado la historia.
Aunque la
crisis económica es muy severa, para la mayoría de la población resulta claro
que tiene como causa principal a la pandemia.
El cierre de
los negocios y el confinamiento fueron obligados por las circunstancias y no se
considera que hayan sido responsabilidad del gobierno.
Es mucho más
complejo y distante entender que podía haber sido posible mitigar los efectos
de esta crisis con estrategias diferentes de política económica, lo que sí
daría responsabilidad a la autoridad. Pero, esa narrativa no prospera.
En cuanto a
la crisis sanitaria, aunque sus alcances son gigantescos y se ha afectado a
cientos de miles de personas, sus consecuencias directas llegan a una minoría
de la población. Son muchos en términos absolutos, pero proporcionalmente son
pocos.
Mucha gente
no ve a la pandemia como una tragedia personal sino en todo caso, colectiva, y
mundial.
El tema de
la inseguridad, aunque grave, se ha convertido en algo que tiende a
'normalizarse'.
En la medida
que ya no crece de manera significativa en la mayor parte del país, se asume
como parte de nuestra cotidianidad. Hay puntos en los que sí se trata de un
fenómeno muy grave pero no es generalizado.
Con ese
telón de fondo, el presidente de la República ha usado su extraordinaria habilidad
de comunicación para marcar la agenda.
Desde que se
negoció el regreso a México de Emilio Lozoya para ser juzgado se podía
anticipar que el tema de la corrupción de la clase política en administraciones
anteriores estaría presente de manera prominente en los siguientes meses.
Con la
difusión de los videos que conocimos esta semana se lanza a otro nivel el
posicionamiento de esta temática entre la opinión pública.
Las imágenes
incriminatorias, que por lo menos hasta este momento no han tenido una
explicación, van a ser una evidencia de que los dichos del presidente de la
República sobre la corrupción en gobiernos anteriores, tienen bases.
Parafraseando
el adagio, una imagen vale más que mil afirmaciones.
Si a esto se
suma el hecho de que el desconfinamiento está generando claramente una recuperación
de la economía respecto a los niveles de los meses pasados, estamos frente a un
entorno más favorable para el presidente López Obrador.
Difiero de
los que piensan que el caso Lozoya es simplemente circo.
Hubo hechos
de corrupción que se conocieron desde la administración anterior por
empresarios y servidores públicos, y que ahora está sirviendo como punto de
apoyo para poner nuevamente esta agenda en un lugar prominente, y con ello
fortalecer la imagen del presidente de la República.
Mientras la
narrativa de AMLO siga siendo virtualmente la única, es poco probable que
veamos una caída significativa en la popularidad presidencial.
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