La contienda electoral en el
Estado de México no será un laboratorio de 2018, pero sí será determinante de
lo que pueda ocurrir el año que entra.
Esa elección, parada previa a la
Presidencial del próximo año, ajustará el tablero, definirá a los jugadores y
delimitará a los punteros. El futuro de varios se juega ahí. Así que no solo
quienes aparezcan en la boleta, estarán apostando sus aspiraciones. En no pocos
casos, la viabilidad de las mismas, pasa por el éxito electoral.
De entrada, si el gobernador del
Estado Eruviel Ávila quiere estar en la boleta presidencial, tiene que ganar.
Cualquier resultado distinto al triunfo del candidato del PRI, Alfredo del
Mazo, lo saca de la pelea. No la tendrá fácil. El Edomex tiene pocas cifras que
presumir. Es número uno en feminicidios, secuestro, robo de autos… Del Mazo,
que dentro del tricolor era la opción más competitiva, deberá ir contra los
demás partidos pero también tendrá que ir a contracorriente de la mala imagen
que el PRI-gobierno en el estado representa. Si gana, le deberían no poco:
regresaría al ring a su partido; si pierde: para el PRI se acabó 2018 en 2017.
En el PAN, no tenían opción: era
Josefina Vázquez Mota o solo irían como testigos a la elección. La ex candidata
presidencial tiene alto nivel de conocimiento, buena imagen y parece haber
dejado atrás la polémica por los dineros que su organización Juntos Podemos
recibió del gobierno federal. Josefina es competitiva en la contienda que
arrancará a tercios –entre PRI, PAN y Morena-, pero enfrenta resistencias por
la endeble unidad al interior de su partido. En buena medida, la unidad es
frágil porque del éxito de Josefina dependen otras aspiraciones. Su triunfo,
por ejemplo, casi catapultaría a la candidatura presidencial a Ricardo Anaya,
quien hizo todo por convencerla. En ese mismo sentido, de ganar Vázquez Mota,
el poblano Rafael Moreno Valle casi se despediría de su aspiración, igual que
Margarita Zavala, con quien la candidata tiene diferencias –y con su esposo
Felipe Calderón, más-, aunque podría buscar colgarse del factor de género. Con
todo y todo, la unidad es débil. El legislador Ulises Ramírez sigue siendo
piedrita en el zapato y, así como ha buscado sabotear la aspiración de Vázquez
Mota, todo apunta podría poner al servicio del PRI-gobierno su estructura. Para
nadie es un secreto que está cerca de Eruviel Ávila.
Lo mismo ocurre en el PRD, donde
el Edomex podría representar el inicio del funeral que culmine con su entierro
el próximo año. El sol azteca, controlado en el estado por Héctor Bautista ha
resultado convenientemente dócil al gobierno mexiquense. Bautista, líder de la
tribu ADN empuja a Juan Zepeda, que ha colocado espectaculares por cientos en
el estado. Enfrente, los otros aspirantes –cuatro- ya han dejado entrever que
de confirmarse la postulación de Zepeda, ellos podrían iniciar una desbandada
hacia Morena.
En el partido de López Obrador es
donde las cosas se acomodaron más fácil. En buena medida, claro, porque vía
dedazo el tabasqueño nunca perdió el control. Si bien será Delfina Gómez quien
aparecerá en la boleta, el verdadero candidato será Andrés Manuel López
Obrador. Si el partido del tabasqueño gana, no solo estaría con un pie en la
Presidencia, sino que podría orillar a priistas y panistas –y hasta
perredistas- a decantarse por una opción que pueda hacerle frente al ex Jefe de
Gobierno.
Por eso AMLO, no solo en 2018,
sino desde ahora, es el candidato a vencer.
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