Adela Navarro
Bello.
Inútil el que ha liderado un equipo
en una institución como la Procuraduría General de la República durante un año
y no logró que le emitieran órdenes de aprehensión contra los narcotraficantes
al frente del cártel de Sinaloa, de Jalisco Nueva Generación, o de los Arellano
Félix. Fracaso quien tampoco pudo reducir el nivel de impunidad en los
homicidios producto del crimen organizado, en su mayoría, o fortalecer el
combate al narcomenudeo; investigar la distribución de armas en el País, acabar
con el lavado de dinero, o resolver casos de violencia de alto impacto como los
ocurridos en Ayotzinapa, o detener a los asesinos de periodistas, donde el 96
por ciento de los casos permanece en la impunidad.
Ladrones los que robaron hasta vacas,
como lo ha documentado Mexicanos vs la Corrupción y La Impunidad, que fue lo
que sucedió con César Duarte en los estados de Chihuahua y Nayarit, cuando las reses fueron adquiridas
con recursos del estado para repoblar el ganado nacional, a razón de 700 mil
dólares. También aquellos que hacen mal
uso de los bienes de la Nación, como utilizar un helicóptero de la Fuerza Aérea
Mexicana, para transitar los 117 kilómetros que separan la Ciudad de México del
campo de Golf donde juega el presidente, para “reflexionar” los temas de la agenda
nacional. Emilio Gamboa Patrón, el Senador priísta, fue y –según él-
trabajó hora y media con el Primer Mandatario y después jugó golf, partido que
en promedio tiene una duración de 4:30 horas; suponiendo que haya
“reflexionado” otra hora y treinta minutos con el presidente después de la
práctica recreativa, el avión oficial se utilizó mayormente para pasarla bien
con el Residente de Los Pinos.
Corruptos los que ven el socavón en
el paso exprés de Morelos como un hecho normal que “sucede en todas partes del
mundo”, y olvidan que se trató de una obra nueva que costó a los mexicanos más
de 2 mil 200 millones de pesos y dos vidas humanas; de
igual manera aquellos que se aprovechan del cargo para comprar mansiones a
constructores del gobierno en condiciones de favoritismo que cualquier otro
mexicano no tendría, o los que van a dar de alta un Ferrari a un estado donde
no se paga tenencia y utilizan domicilios en zonas de interés social para
demostrar una apócrifa residencia y “gozar” del beneficio.
Enrique Peña Nieto, el presidente de
la República, se enojó una vez más. Evidentemente molesto por los señalamientos
de corrupción que se hacen sobre su gobierno, sus colaboradores e incluso sus
allegados, arremetió
en el foro “Impulsando a México” (por
cierto patrocinado por Grupo Interacciones, que preside un miembro de una de
las familias de más oscuro origen en los recursos como es la del profesor
Carlos Hank González, que de “humilde” maestro llegó a ser de los más poderosos
políticos y heredar un imperio económico a sus hijos): “…Socavones pasan en
todas partes del mundo… sismos, detrás de cada evento quieren encontrar un
responsable, un culpable, y siempre es decir: es la corrupción. Cuando no
necesariamente asiste; no es que hoy
tengamos más corrupción que antes. Esta es mi óptica: Yo creo que hoy en día,
por el alcance de la tecnología, por eso de las redes sociales, se ha hecho más
evidente aquellos casos que eventualmente pueden presumirse de ser corruptos”.
Lo cierto es que las transas en el
sexenio de Enrique Peña Nieto son tantas y tan graves y palpables que él mismo
ha debido resucitar a investigadores como Virgilio Andrade en la Secretaría de
la Función Pública (y posteriormente Arely Gómez) para que lo indaguen a él, a
su esposa y su secretario Luis Videgaray, claro que, siendo juez y parte, y
además ubicando al amigo como fiscal. Al final los resultados fueron como se
anticiparon: todos fueron exonerados.
Es tanta la
percepción y las denuncias de corrupción que fue en este sexenio que ciudadanos
comprometidos, de respeto y activismo social e intelectual crearon la
organización Mexicanos vs La Corrupción y La Impunidad, y a partir de la
denuncia ciudadana y de la promoción del trabajo de periodistas, investigadores
y analistas, han develado actos de
corrupción como La estafa Maestra, donde once Secretarías del gobierno de Peña
Nieto utilizaron ocho Universidades para a través de empresas fachada en
algunos casos, desviar más de 7 mil millones de pesos del erario; o el caso de
Raúl Cervantes, Procurador General de la República que fue y burló los
reglamentos y falseó información para dar de alta en Morelos y no en Ciudad de
México donde reside, un automóvil Ferrari, para ahorrarse, pues, la tenencia.
Ahí está también el caso de
Odebrecht, una
investigación periodística que reveló, con entrevistas a ejecutivos de la
compañía brasileña, la entrega de recursos ilícitos, sobornos, por más de diez
millones de dólares a quien fue parte importante en el equipo de campaña de
Peña Nieto y posteriormente Director General de Petróleos Mexicanos, Emilio
Lozoya Austin. Y qué decir de los ex
gobernadores del PRI investigados, en prisión dentro o fuera de la República
Mexicana, los cuales fueron identificados por el propio titular del Poder
Ejecutivo como sus amigos, sus aliados, y en un caso, el rostro del nuevo PRI:
Javier Duarte, César Duarte, Roberto Borge, Jesús Reyna, Tomás Yarrington,
Eugenio Hernández, Andrés Granier.
Y luego el borlote del ex procurador, Raúl
Cervantes, que siendo incapaz de combatir la impunidad, fuese en actos de
corrupción, de crimen organizado, de narcotráfico o violencia de alto impacto,
renuncia ahora quiere vender su salida como el paso para la transición de PGR a
Fiscalía General de la República, pero que realmente con ello abona a la
impunidad, pues el Presidente ya aventó –aunque no formalmente- la decisión de
elegir un Fiscal General hasta pasadas las elecciones de julio de 2018, lo cual
indica que con un Procurador encargado de despacho, los criminales de cuello
blanco, funcionarios o delincuentes organizados tienen nueve meses más para
maniobrar al margen de la ley, y en el caso de quienes trabajan en el gobierno,
no ser investigados por delitos de corrupción, más allá de las indagaciones
sobre burócratas y funcionarios de bajo nivel que realizan en la Secretaría de
la Función Pública.
Sí, realmente México es hoy por hoy
un país que se percibe como más corrupto dentro y fuera del territorio, y no se
debe ello a las redes sociales, sino a la evidencia que no es oficial en el
Ministerio Público, pero que es conocida por investigaciones periodísticas y de
grupos de la sociedad civil.
Ahí están los datos aportados por la
organización Transparencia Internacional en cuyo informe se inscribe que seis
de cada diez mexicanos consideran que la corrupción aumentó, los mismos que
creen que los más deshonestos son los policías y los políticos, además que el
Gobierno Mexicano no cumple con su responsabilidad de acabar con el flagelo,
además que el País tiene el deshonroso primer lugar respecto los ciudadanos que
por lo menos una vez en el año, pagaron un soborno.
En esas
condiciones, México está no tiene un
Procurador General de la República mientras sigue sin Fiscal General de la
República y sin Fiscal Anticorrupción. Con razón, en México, de acuerdo al
INEGI, el 80.3 por ciento de las mujeres se sienten inseguras, lo mismo que un
71.1 por ciento de hombres. No podría ser de otro modo en un País donde se
crean leyes que no se aplican, donde el Estado de Derecho se reduce a un
concepto inaplicable para el Gobierno Federal encabezado por un Presidente que
ahora resultó sensible ante las redes sociales y negado a aceptar que los que
están molestos, hartos vaya, son quienes han encontrado en el Internet un medio
colectivo para al menos ventilar a veces como mofa, el rechazo ante tanto abuso
de Enrique Peña Nieto y los bribones que le siguen.
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