Salvador Camarena.
Un vecino de la colonia Condesa me llamó para corregir el
número de personas fallecidas en el edificio que se ubicaba en Amsterdam y
Laredo. “Fueron siete los muertos, no seis, como publicaste en 'Una reconstrucción
muy rara' (https://goo.gl/nRupim)”, me dijo.
Uno, ofrezco disculpa por el error. Lo hago porque conozco a
ese vecino de tiempo atrás, goza de mi credibilidad, pero sobre todo porque él
estuvo tres días en ese sitio, desde minutos después del sismo del 19 de
septiembre.
Mi error
resulta útil, espero, para ilustrar otra de las deficiencias de la actuación
del gobierno (es un decir) de la Ciudad de México, que tres semanas después del
terremoto no ha podido establecer con claridad, siquiera, el lugar donde
murieron la totalidad de las 228 personas que fallecieron en ese evento.
Desde hace una semana, el portal Animal Político inició una
serie de reportajes sobre la falta de información de los lugares exactos y
puntuales en los que había habido muertos el 19 de septiembre.
Inició con
un reportaje sobre cómo El Palacio de Hierro nunca informó que en una rampa de
la sucursal Durango, en la colonia Roma, fallecieron dos personas, dos víctimas
del sismo que a pesar de la avalancha mediática que hubo tras el temblor nunca
se supo (y la empresa de Alberto Baillères nunca dijo) que habían perdido la
vida en ese establecimiento.
Dentro de
esa cobertura, Animal Político hizo un mapa de los fallecidos y consignó seis
en Amsterdam y Laredo. Seis porque son seis las víctimas que reporta la
Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México. Es decir, las víctimas
oficiales son seis, pero los vecinos de la Condesa tienen, nombres incluidos,
la cuenta de siete. Entre los vecinos y la PGJ está claro a quién creerle,
¿verdad?
Según pude saber, no
es el único caso de disparidad de cifras. En el Walmart de Tlalpan, la propia
empresa reconoció por escrito que en ese lugar murieron cuatro personas: tres
empleados y una promotora. Sin embargo, la PGJ ha informado que en ese sitio sólo
murieron tres.
Una más. A
Soriana Híper Tlalpan le han llovido críticas porque no reportó la muerte de
una persona en sus instalaciones. La realidad es que, en un primer reporte, la
PGJ informó que en ese sitio hubo una víctima de los sismos. Pero al día
siguiente, la dependencia reconoció que por un “error de captura” pusieron un
muerto en Soriana cuando en realidad esa persona falleció a cosa de un
kilómetro de ahí.
Finalmente,
mientras la delegación Xochimilco ha reportado diez muertos por el sismo, la
Procuraduría capitalina dice que en esa demarcación hubo ocho, no diez. ¿En
serio?
El desorden
en el recuento de las víctimas no es excusable. No son detalles menores en
medio de una tragedia con cientos de edificios dañados severamente. Al
contrario.
Es legítima
la demanda de que se informe sobre cada una de las muertes del terremoto, para
dilucidar si más allá de la naturaleza hubo algo en las condiciones de los
inmuebles o en la operación de los mismos que pudiera haber incidido en que
ocurrieran esos fallecimientos. Y para que el o los responsables paguen al
respecto.
Conocer es el primer paso en cualquier proceso de rendición
de cuentas. Y lo mismo se puede decir sobre los aprendizajes que debieran
sacarse de la tragedia: si hay tal
desorden tan sólo en la cifra de muertos, qué podemos esperar con respecto a
los peritajes de tantos y tantos edificios que hoy amenazan con caerse en
demasiadas colonias.
Por desgracia, la
actuación del gobierno capitalino es en sí misma otra calamidad.
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