Dolia Estévez.
Nada es
gratis en la vida. Menos el star power de un carismático ex presidente de
Estados Unidos. Flanqueado por Carlos Slim Helú y Carlos Bremer Gutiérrez, Bill
Clinton sonrió para las cámaras cuando Saúl “Canelo” Álvarez lanzó la primera
bola en la inauguración de la Serie del Caribe 2018 la semana pasada en
Guadalajara. “Estoy feliz de estar aquí. Me complace ser amigo de México. Amo
el beisbol. Gracias y bendiciones para todos”, dijo Clinton.
La celebrada
presencia en tierras tapatías del patriarca de uno de los clanes políticos
estadounidenses más prominentes–que atrajo amplia cobertura en México, pero
cero en Estados Unidos– fue posible gracias a la nada desinteresada amistad que
une a Clinton con los dos magnates. Slim, titán que ha amasado una de las
fortunas más grandes del mundo, y Bremer, CEO de Value Grupo Financiero, han hecho donaciones a la Fundación
Clinton en montos que en conjunto rebasan los 10 millones de dólares.
Según la
última lista de donantes publicada por la Fundación Clinton en septiembre de
2017, las contribuciones acumulativas de Bremer e Inversora/Inmobiliaria Carso,
propiedad de Slim, oscilan entre uno y 5 millones de dólares respectivamente.
El listado también consigna aportaciones de la Fundación Telmex, brazo
filantrópico de Slim, de entre uno y 5 millones de dólares. Además, Value Grupo
pagó a Clinton 675 mil dólares por cuatro discursos entre 2002 y 2009.
Clinton no
fue invitado a Guadalajara por Slim, sino por Bremer, me dijo Arturo Elías
Ayub, portavoz del séptimo hombre más rico del mundo (fortuna: 70 mil millones
de dólares, según Forbes). “[Bremer] es MUY amigo de él [Clinton]”, comentó Elías,
pero, aclaró, “de ninguna manera creo que le haya cobrado nada”. Ni falta hizo.
Fue una muestra de camaradería utilitaria. Una forma de agradecerles sus
aportaciones millonarias.
Desde que
dejó la presidencia en 2001, Clinton va
regularmente a México, lo que contrasta con las dos veces que visitó el país en
ocho años de presidente. Lo acompañé en su visita de Estado a la Ciudad de
México en 1997 y a Mérida en 1999. Hoy, su interés en es otro: seguir cultivados
lazos estrechos con la élite empresarial mexicana.
Las donaciones y pagos por honorarios
que recibe de México y otros países, son testimonio de cómo los Clinton
explotan hábilmente su star power para recaudar fondos no sólo para la
fundación sino también para su enriquecimiento personal.
En 2015, The Washington Post reportó
que la Fundación Telmex pagó a Hillary Clinton entre 250 y 500 mil dólares por
un solo discurso.
Desde su
creación en 1997 presuntamente para limpiar la sucia imagen del mandatario
después del escándalo de Monica Lewinsky, la Fundación Clinton no ha estada
exenta de controversia. El mes pasado, medios estadounidenses reportaron que el
Departamento de Justicia investiga si recibió donaciones a cambio de favores
políticos cuando Hillary Clinton era Secretaria de Estado, de 2009 a 2013. Un
alto porcentaje de los fondos de la Fundación proviene de fuentes externas, de
países como Arabia Saudita, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos, así como de
los gobiernos de Australia, Noruega y los Países Bajos (no hay registro de
fondos públicos de México). Los demócratas denunciaron que la pesquisa es parte
de la persecución de Donald Trump contra su adversaria en los comicios de 2016.
La Fundación Clinton llamó los alegatos “políticamente motivados”.
Sea como
fuere, los bonos de Clinton en México subieron cuando su esposa tomó las
riendas de la relación bilateral. En 2010, la Cumbre de Negocios lo invitó a
impartir la conferencia magistral en la convención de ese año en Toluca. Según
registros públicos, Clinton cobró 400 mil dólares, suma que recibió en dos
pagos: el primero por 275 mil dólares y el segundo por 125 mil dólares. Fue así
porque quizá uno de los pagos provino del Estado de México cuyo gobernador era
Enrique Peña Nieto. En 2003, Bill Clinton también fue invitado por la Cumbre de
Negocios, pero en ese año su tarifa era 150 mil dólares por presentación.
En 2012,
Hillary invitó a Slim al Departamento de Estado para que explicara a un grupo
de funcionarios su trabajo sobre banda ancha y comunicaciones digitales. Ese
mismo año, Bill condecoró a Slim con el Premio Clinton Global Citizen en
reconocimiento a su liderazgo en filantropía.
Durante la
campaña presidencial de 2016, Slim evitó pronunciarse públicamente sobre la
contienda estadounidense. Aun así, Trump lo acusó de estar detrás de la
cobertura presuntamente negativa en The New York Times (del que es accionista
minoritario) para ayudar a Clinton ganar la presidencia. “Ni siquiera lo
conozco”, dijo Slim sobre Trump, queriendo restarle importancia.
Será el dinero o las afinidades
políticas o una mezcla de ambas, pero la relación entre los Clinton y Slim, a quien
no llaman Ingeniero como medio mundo, sino simplemente Carlos, es antológica. De haber ganado Hillary Clinton la
presidencia el panorama sería muy diferente. En lugar de ir a Guadalajara a
dejarse ver con Slim en un juego de pelota, Bill hubiera acompañado a su esposa
a México con el nada despreciable título de Primer Caballero de Estados Unidos.
Lo que no sabemos es el impacto que eso hubiera tenido sobre el hombre más rico
de México.
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