Cada vez más
empresas en México y en el mundo necesitan cumplir o por lo menos aparentar que
cumplen con estándares de buenas prácticas ambientales y sociales para poder
dar brillo a su marca o para evitar pérdidas financieras millonarias cuando
cometen errores o negligencias que dejan severas consecuencias.
El mundo corporativo y financiero ha
fomentado la creación de mecanismos que permiten a las grandes corporaciones
“comprar” una máscara que les permite publicitarse como empresas “socialmente
responsables” o “sustentables”, pese a que en sus operaciones del día a día no
tienen un comportamiento ejemplar.
Tal es el caso de Femsa o Grupo
México, que han estado en el ojo del huracán mediático por casos graves de
afectaciones al medio ambiente y sin embargo cuentan con el reconocimiento de
los mercados financieros por sus “buenas prácticas”.
LA
“SUSTENTABILIDAD” EN LA BMV
Al interior de la Bolsa Mexicana de
Valores existe un Índice de Precios y Cotizaciones (IPC) Sustentable, en donde
las emisoras son reconocidas o no, por sus prácticas de responsabilidad social
y a favor del medio ambiente, aunque en la práctica no lo reflejen.
El número de
emisoras que integran el IPC Sustentable ha crecido un 247 por ciento desde su
creación en 2012. Al inicio contaba con 23 emisoras participantes y hoy, seis
años después, son ya 80 las compañías que lo integran.
En
entrevista para EconomíaHoy.mx, Eugenia López, directora de Vinculación del
Proyecto sobre Organización, Desarrollo, Educación e Investigación (PODER, por
sus siglas en inglés), detalló que las
empresas en México que participan de este índice asumen ciertos compromisos
iniciales para cumplir con los requisitos de entrada, pero estos no se
sostienen en el largo plazo.
“Son estándares que las propias
empresas se autocalifican, son ellas mismas diciendo qué es lo que tienen y lo
que no, queda a beneplácito de ellos mismos. Los indicadores se deben de construir de manera
conjunta con una parte de la sociedad civil, con las partes que han sido
afectadas y debe haber partes independientes que puedan realizar la
calificación”, advirtió.
El índice sustentable de la BMV mide
dentro del mercado bursátil de México la “sustentabilidad” de las empresas que
cotizan en él. El IPC Sustentable mide aspectos como la sustentabilidad
ambiental, responsabilidad social, medidas anticorrupción o diversidad de
género en los gobiernos corporativos.
“De lo que se está hablando es de
cómo se compra la sustentabilidad, cómo hay indicadores o bonos verdes que
puedes comprar y te permiten pagar por contaminar. Se implementan mecanismos que
aparentemente son buenos pero que en la realidad no transforman las prácticas
productivas de contaminación y de explotación de los recursos naturales”.
FEMSA Y
GRUPO MÉXICO: ¿MÁS PALABRAS QUE HECHOS?
Dentro de
las firmas que más destacan por su sustentabilidad están Cementos Mexicanos
(Cemex) o Fomento Económico Mexicano (Femsa) y Grupo México, que forman parte
del IPCS.
Por otro
lado, está el índice bursátil del Mercado Integrado Latinoamericano (MILA),
conformado por México, Colombia, Chile y Perú, que es el equivalente al Dow
Jones Sustainability (DJSI) MILA Pacific Alliance, el cual está conformado por
42 empresas, de las cuales 12 son mexicanas: Axtel, Cemex, Coca-Cola Femsa,
Femsa, Grupo Aeroportuario del Centro Norte (OMA), Banorte, Grupo México,
Rotoplas, Televisa, Qualitas, Fibra Prologis y Fibra Uno.
De esta
larga lista de empresas, que ostentan la “marca verde”, la especialista indicó que por lo menos empresas como Grupo México y
Femsa mantienen esos indicadores que tienen que ver con palabras y no con
hechos, ya que tienen antecedentes como el caso del Río Sonora y la planta de
Coca Cola en Chiapas, por mencionar algunos, en los que evidencian la falta de
responsabilidad con los derechos humanos y con el medio ambiente.
GRUPO MÉXICO
CON UNA DEUDA PENDIENTE
En el caso específico de Grupo
México, la especialista detalló que ni siquiera tiene una política de compromiso
con los derechos humanos que es el primer paso que establecen los principios
rectores sobre empresas y sustentabilidad de la ONU para que cualquier empresa
muestre su compromiso con ello. “El indicador de sustentabilidad tendría que
reflejar qué tanto ha hecho Grupo México para remediar ese desastre
medioambiental”,
detalló.
En 2014 Grupo México fue el responsable del derrame
de 40 mil metros cúbicos de sulfato de cobre mezclados con ácido sulfúrico y
otros metales pesados, en el Río Sonora, lo cual a afectó a por lo menos 23 mil
personas de siete municipios, y provocó el cierre de 36 pozos, por lo que
prometieron 36 potabilizadoras y sólo hay una.
A más de tres años de que sucedió el
incidente, los habitantes afirman que no hay ninguna certeza de que el agua
esté limpia. La empresa propiedad de Germán Larrea, recibió una multa de 24
millones de pesos y le fue solicitado crear un fideicomiso por 2 mil millones
de pesos, para la indemnización de los afectados, no obstante, del Fideicomiso
sólo hay reportes de pago por mil 28 millones de pesos.
Mientras que
el informe del grupo de trabajo de la ONU indicó que el pago de indemnizaciones
que realizó la empresa mediante el Fideicomiso fue arbitrario, “se estableció un número máximo de cabezas
de ganado pagadas, sin tomar en cuenta el número real de animales afectados”.
FEMSA, LA
GUERRA POR EL AGUA.
En el caso
de Femsa, su planta de Coca-Cola ubicada
en San Cristóbal, Chiapas, extrae cerca de 1 millón 600 mil litros de agua
diarios en el municipio. Especialistas han denunciado que no hay transparencia
acerca del monto y destino de los recursos obtenidos para la sobreexplotación
de los pozos de los que la empresa hace uso. Grupo Femsa ha enfrentado
movilizaciones y protestas en comunidades de y Veracruz Tlaxcala, contra sus
embotelladoras ubicadas en esas entidades.
Además, Coca-Cola Femsa realiza un pago anual de 2
mil 600 pesos por cada una de las 46 concesiones de explotación de aguas
subterráneas al año, de acuerdo con datos del informe sobre violaciones a
los derechos humanos agua y saneamiento 2017, elaborado por 101 organizaciones
civiles, nacionales y extranjeras.
“Hay un
entendimiento muy superficial de desarrollo sustentable, como si solo fuera una
marca, la propia Cepal ha hecho énfasis en que es un riesgo que el discurso se
ha cooptado para convertirse en promoción y difusión de las empresas en vez de
que se transformen las prácticas”, detalló Eugenia López.
REGULACIÓN
LAXA.
De acuerdo
con el estudio “Desarrollo Sostenible en México 2018”, elaborado por la firma
KPMG, a pesar de que ha habido un incremento en el tema de sustentabilidad de
las empresas que operan en México, también ha habido un incremento en el costo
que pagan por conflictos socioambientales.
Jesús
González, socio líder de asesoría en Desarrollo Sostenible de KPMG México, explicó que no hay una empresa que no
impacte, “todo lo que tocas lo vas a impactar, más que hablar de buenos y malos
hay que aceptar que todo tiene su impacto, hay unos que hacen simulación. Lo
verdaderamente importante es resolver cómo le hacemos para mitigar, regenerar
para poder tener las mismas condiciones de vida mañana, cómo le hago para que
mi proceso tenga el menor impacto”.
Detalló que México tiene de 120
empresas mineras, de las cuales por lo menos 90 son canadienses, y casi ninguna
de ellas opera en Canadá, “esto se debe a que tenemos una regulación más laxa”, dijo González.
“Estamos muy acostumbrados a pensar
que las empresas nos hacen un favor, que es filantropía y caridad lo que ellas
hacen y con que nos den tres pesos para un grupo de adolescentes embarazadas ya
están comprometidas con la población y no estamos acostumbrados a pensar que
una empresa tiene un impacto fuerte en la comunidad y en el medio ambiente en
donde se instala y qué parte de su modelo de gestión tiene que ser responsable
con eso”, destacó
Eugenia López.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario.