Por
Redacción / Sin Embargo.
Las llamas envuelven al sur de
Jalisco desde hace 10 días. Bastó una semana y media para que en los municipios
que rodean el volcán de Colima –Zapotlán el Grande, Sayula, San Gabriel y
Tuxpan– el fuego calcinara 12 mil 177 codiciadas hectáreas de bosque, ideales
para el boyante cultivo de moda en la región: el aguacate.
La afectación del ecosistema alcanza
las 13 mil 311 hectáreas que, según la Secretaría de Medio Ambiente y
Desarrollo Territorial (Semadet), fueron afectadas por incendios durante los
primeros cuatro meses del año.
Como si
fuera la peste que avanza por el cuerpo, poco a poco el cielo se puso amarillo
y el aire rasposo comenzó a dificultar la vida en la región.
Basada en su
conocimiento empírico, la comunidad
nahua tuxpanense, aliada al zapatismo, atribuye los incendios a la intención de
allanar el bosque para abrir paso al monocultivo del aguacate, que se exporta a
Japón, Canadá y Europa y alimenta el eslogan gubernamental “Jalisco, el gigante
agroalimentario de México”.
Desde hace un año, ejidatarios
consultados de Zapotlán, Zapotiltic y Zapotitlán de Vadillo afirmaron que se
habían enterado de incendios forestales causados intencionalmente porque
propietarios de terreno boscoso querían transformarlo e instalar ahí sus
plantíos de aguacate. Explicaron que, cuando el área está quemada, los dueños
pueden conseguir el cambio de uso de suelo de forestal a agrícola sin problemas
ante la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat).
Del año 2000
a 2019, la Semarnat ha autorizado el
cambio de uso de suelo, de forestal a huertos de aguacate, en 176 hectáreas en
San Gabriel y 38 en Zapotlán, de acuerdo con la respuesta a la solicitud de
información 0001600464718.
Además, la Procuraduría Federal de Protección al
Ambiente (Profepa) ha identificado por lo menos 278 hectáreas ilegales de “oro
verde” en lo que antes eran bosques de Zapotlán, San Gabriel y Tuxpan.
En paralelo,
de acuerdo con la respuesta a la solicitud de información 0001700336218, la Fiscalía General de la República, antes
PGR, ha iniciado nueve carpetas de investigación por cambio de uso de suelo en
Zapotlán el Grande, por las que fue sentenciada una persona en mayo de 2013.
Datos de la
Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader) federal evidencian que estos cuatro municipios enclavados en
la cordillera del Nevado de Colima –la montaña más alta en el occidente del
país- concentran el 40 por ciento de las plantaciones de aguacate en Jalisco,
que en diciembre de 2018 sumaron 22 mil 532, sólo detrás de Michoacán, que
tiene 166 mil 512.
Para Oswaldo Romero Chávez, nahua
tuxpanense integrante del Congreso Nacional Indígena (CNI) y del Concejo
Indígena de Gobierno (CIG), este aire lleva impregnado el tufo del exterminio.
“Me comentaban en la mañana que también la
flora y la fauna fueron afectadas. De por sí ya no hay abejas, también se
perdieron con la quemazón. El Nevado va a tardar varios años para recuperarse.
Estamos fallando como humanidad”, apunta.
Romero
Chávez afirma que los campesinos de la
zona que siembran granos básicos como maíz, frijol y hortalizas para el
autoconsumo y el comercio local han sido presionados para que renten sus
tierras a productores de ese de aguacate.
Catalogados por el Gobierno como
“pequeños productores”, para ellos migrar al cultivo de aguacate por sí solos
resulta prácticamente inaccesible, ya que plantar el nuevo “oro verde” cuesta
hasta 300 mil pesos por hectárea, con ganancias generalmente a partir del
quinto año, lo que lo convierte en un lujo que pocos pueden pagar.
En su libro,
La agroindustria del aguacate en el sur
de Jalisco, el investigador Alejandro Macías Macías documenta cómo un solo
productor, de los mil 152 registrados en la región en 2012, acaparaba el 11 por
ciento de la superficie plantada.
“Hay personas que se les llama
corredores. Estas personas van a tu casa y te ofrecen cantidades en dólares. Te
hablan de una cantidad. Nosotros lo vemos como una forma de ser hostigados
porque hay personas que tenemos otro pensamiento, que no queremos rentar para
el aguacate sino sembrar nuestro propio maíz, como lo han hecho nuestros
antepasados, como es tradicional porque nuestro maíz se aprovecha para las
fiestas, se aprovecha para el sostén de mi casa”, dice Romero.
Aunque en el municipio de Romero
Chávez pasó de CERO a MIL 30 hectáreas de plantíos de aguacate en una década,
el cultivo estrella del modelo agroexportador adoptado por Jalisco no ha
penetrado la gastronomía tradicional nahua del “pueblo de la fiesta eterna”, en donde sigue reinando la coachala,
un platillo a base de masa de maíz, salsa de tomate, chile pasilla y pollo
cocido.
Para el
concejal nahua, la forma de resistir al
capitalismo en su comunidad es sencilla: cuidar la armonía entre lo que se le
da a la tierra y lo que se recibe de la tierra, lo cual también se refleja en
las relaciones interpersonales en el pueblo.
“Con el aguacate, hay más economía y
más comodidad. Antes las familias acudían a sembrar su propio maíz, pero ahora
con la facilidad que hay, surgen varias cosas”, describe Romero Chávez.
El concejal explica que en la región no existían los
supermercados foráneos que hay en la actualidad, lo que él califica como
“tiendas de raya”.
“Socialmente, antes la gente dependía
de su propio terreno y las familias trabajaban en común; ahora trabajan para un
patrón y el patrón es el que dice. Hay comodidades, sí: de que te traen a tu
casa, ya no haces las tortillas. Ahora vas y las compras en las tiendas de
raya. Eso es lo que cambió en lo social, es un cambio drástico”, lamenta.
De las más de 12 mil hectáreas
afectadas por incendios en el sur de Jalisco, 886 dañaron al Nevado de Colima,
en los límites entre Zapotlán y Tuxpan. Según la Semadet, allí se quemaron 89
hectáreas de bosque mesófilo, un ecosistema en peligro de extinción que
sobrevive únicamente en el 1 por ciento del territorio nacional. En él
coexisten desde murciélagos hasta pumas entre oyameles, encinos y el abeto
endémico de la montaña: el abies colimensis –también en peligro de extinción.
Con
preocupación, el concejal de la
comunidad nahua de Tuxpan, a la que pertenece María de Jesús Patricio,
Marichuy, la vocera del CNI, explicó la pérdida cultural que el cambio en el
uso de la tierra representa.
“A veces vamos al Nevado, a lo que
nosotros le llamamos un huerto, en un lugar que se llama la Loma del zopilote,
para traer laurel y cogollo para arreglar nuestros altares de Semana Santa o
alguna fiesta que tenemos de la comunidad.
“Pedimos permiso a la madre Tierra
por lo que vamos a llevarnos. No tumbamos árboles chicos, pura rama. Hasta eso
nos va a hacer falta. ¿Dónde vamos a agarrar eso? Ya se quemó. Eso nos afecta
muchísimo”.
Aunque el
Gobernador Enrique Alfaro y el
secretario de Agricultura y Desarrollo Rural, Alberto Esquer, han citado el
artículo 97 de la Ley General de Desarrollo Forestal Sustentable que propone
una veda de 20 años sobre un terreno forestal quemado para intentar apagar el
descontento en las redes sociales contra los productores de aguacate, el
concejal de Tuxpan sabe que los intereses económicos pesan más que las leyes.
Romero
Chávez adelantó que, al terminar la
primera mitad del año, el CNI Tuxpan, la Unión Campesina Zapatista del Sur
(UCASZ) asentada en Amacueca y equipos de trabajo en Colima invitarán a la
sociedad civil organizarse para planear estrategias de resistencia frente a los
proyectos capitalistas en la región.
“La catástrofe se vino grande. Yo
nunca en mi vida había visto esto y créemelo que sí estoy impactado con todo lo
que está pasando. Hay que despertar la conciencia en cada uno de los habitantes
del sur de Jalisco y cuidar más nuestros bosques, ser más responsables de
cuidar todo lo que la madre Tierra nos está dando y conservar lo que tenemos.
De alguna forma debemos organizarnos.
“Si esas
personas han estado provocando los incendios, decirles que no lo hagan. Porque
aquí, en este barco que se llama Tierra, vamos todos”.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario.