Por Adela
Navarro Bello.
Cuando en
campaña, el ahora Presidente Andrés Manuel López Obrador presumía los programas
de asistencia económica social que iniciaría una vez que ganara el Gobierno de
la República la pregunta recurrente de quienes lo entrevistaban o tenían la
oportunidad de preguntarle después de haberle escuchado, era de dónde obtendría
los recursos para repartir tanto dinero. Su respuesta recurrente: de los
recortes que se harían en las secretarías. Obcecado aseguraba sin muchos cómo,
recaudar más de 300 mil millones de pesos para sus programas.
Ahora
sabemos cómo. El recorte proyectado en la Presidencia de la República de Andrés
Manuel López Obrador, y orquestado por la Secretaría de Hacienda y Crédito
Público, fue indiscriminado. Parejo. 30 por ciento menos en gasto operativo, 50
por ciento menos en estructura (las cifras varían de acuerdo a las
secretarías), ahora sí que dirían, haga falta o no haga falta.
Muchos
servidores de gobierno perdieron su trabajo; en todos los niveles, desde
aquellos de 12 mil o menos pesos al mes, hasta quienes se habían convertido en
una carga del nepotismo o el favoritismo en el Gobierno y su salario superaba
los seis números. Al tiempo programas fueron cerrados por la sospecha de
corrupción (en algunos casos fundada, aun cuando no investigada), y otros
sectores registraron recortes presupuestales parejos. Hubiese o no razón para
ello, fuese o no necesario, se hizo en razón de la nueva política gubernamental
de la “austeridad republicana”. De hecho fue una de las decisiones más
celebradas del Presidente López Obrador en un inicio. Suponía que la
disminución de recursos, de dinero, equivaldría a la conclusión de vicios del
ejercicio gubernamental que costaban mucho al erario, que permitían a los
funcionarios de primer nivel y sus protegidos, pertenecer a una clase
privilegiada que vivía y se desarrollaba en un ambiente de bonanza económica
situado entre el jetset y la realeza.
Por supuesto que la nueva política de
austeridad fue bien recibida. Desmantelar la opulencia de la residencia
oficial, retirar el uso de vehículos último modelo, blindados y con todas las
comodidades para los funcionarios, erradicar las partidas de viáticos y
disminuir los sueldos. El problema para muchos llegó cuando los recortes
tocaron tres sectores de enorme asistencia social, oportunidad para el
desarrollo, y de apoyo para aquellos que el injusto reparto de la riqueza sitúa
en la marginación y la carencia: desarrollo social, educación, salud.
La
disminución a partir de eliminar gastos, el despido de personal y la no
inversión en infraestructura, dejó ahorros por 680 millones de pesos en el
sector salud, pero también tuvo como resultado miles de pacientes en el
abandono, sin tratamientos, sin medicamentos y sin espacios para ser atendidos
de manera digna y con alta calidad. Muchos Hospitales Generales en los Estados
de la República están trabajando en condiciones limitadas, sin material
quirúrgico, sin material para atenciones comunes, sin espacios, y sin
medicinas.
El recorte
por un lado, y el freno a la adquisición de medicamentos a farmacéuticas que
sin ser investigadas han sido vetadas, o cuyos contratos no han sido
debidamente regulados para evitar en la medida de lo posible los actos de
corrupción, tienen el día de hoy a pacientes con enfermedades crónicas, a la
espera de un vital tratamiento. Por lo menos diez estados de la República
tienen un abasto en medicamentos inferior al 80 por ciento.
La
cancelación de las estancias infantiles en la Secretaría de Bienestar a cambio
de la entrega de recursos económicos para que los padres de familia contraten
el servicio por su cuenta, fue también, y lo es, un tema controversial.
Eliminar a los intermediarios e ir directamente con los necesitados, no
necesariamente soluciona el problema o les da una mejor calidad en el servicio
a los infantes que deben ser entregados para sus cuidados ante las limitantes
de los padres para hacerlo mientras trabajan.
En el sector
educativo, dos ejemplos. Un recorte de cuatro mil millones de pesos al sistema
Cobach, y uno de mil millones de pesos a Cecyte, hoy ponen en peligro la
educación de miles de estudiantes que concluirán sus estudios de secundaria y
que debido a la disminución de los recursos es probable que no encuentren un
espacio para cursar la preparatoria (en Baja California los encargados de ambos
sistemas educativos refieren que unos doce mil jóvenes podrían no contar con un
espacio para continuar sus estudios básicos).
Las escuelas
han debido armar frentes comunes para exigir el dinero, para buscar fondos,
para convencer a las autoridades federales y a las legislativas, sobre la necesidad
de ya no digamos incrementar el presupuesto, sino regresarlo a la cantidad que
estaba.
No ha sido fácil. Tampoco
catastrófico hasta el momento, pero sí han evidenciado estas disminuciones
presupuestarias, las áreas en las que es necesario reforzar con recursos para
incrementar la calidad en la prestación de servicios sociales, educativos y de
salud. Algo que el Presidente podría solucionar, como suele hacerlo, con un
decreto, o esperar a la elaboración del presupuesto de egresos del siguiente ejercicio
fiscal.
Todos estos recortes tienen como
objetivo, como lo adelantó el Presidente cuando estaba en campaña, recaudar
dinero para la activación de sus proyectos. 100 mil millones de pesos para el
bienestar de las personas adultas mayores, 44.3 mil millones de pesos para el
programa jóvenes construyendo el futuro, 15 mil millones de pesos para la
siembra de árboles frutales y maderables, 17.3 mil millones de pesos para las
becas a estudiantes de educación media superior, 9 mil millones de pesos para producción
para el bienestar, 6 mil millones de pesos para el tren maya, entre otros.
El recorte indiscriminado, sin
sistema, sin estrategia para evitar que atente contra la calidad de los
servicios prestados en favor de los mexicanos, es el origen, de acuerdo a sus
propias palabras, de la renuncia de Germán Martínez a la dirección del Instituto
Mexicano del Seguro Social. Esa dependencia fue afectada de tajo con una
reducción de 4 mil millones de pesos en su presupuesto anual. Y aun cuando en
diciembre de 2018 el propio Martínez defendió la reducción de los dineros,
cuando refirió que “no compromete ese ajuste compra de medicamentos ni material
de curación, ni contratación de nuevo personal… compromete insumos,
administrativos, compromete algunas plazas eventuales, compromete asesorías
internacionales, nacionales, compromete viajes, compromete coches, no
ambulancias, compromete gasto en publicidad”, cinco meses después reculó:
“El IMSS redistribuye en sus
servicios más de mil millones de pesos diarios. En un mes puede gastar más que
la UNAM en un año. Desde cuidados prenatales antes de nacer, hasta tratamientos
paliativos antes de morir. Por eso, controlar en exceso esos recursos, que son
de trabajadores y empresarios, sin racionalidad y sin apego a las normas del
IMSS, puede acabar con esa dinámica de solidaridad social propia del Instituto”.
Acusó en
carne propia lo que, por ejemplo, Javier Corral Jurado, el gobernador de
Chihuahua, denunció en el sexenio de Enrique Peña Nieto. La intromisión y la
confabulación en la Secretaria de Hacienda y Crédito Público, para no entregar
recursos. Germán Martínez también fue directo: “Quiero decirlo lo más claro que
puedo y debo: algunos funcionarios de la Secretaría Hacienda tienen una
injerencia perniciosa en el IMSS y ponen en riesgo la vocación igualitaria, de
justicia y, concretamente, de prestación de servicios de salud que tiene el
Seguro Social.
“El
Presidente del Gobierno de México proclamó el fin del neoliberalismo, pero en
el IMSS algunas injerencias de Hacienda son de esencia neoliberal: ahorro y más
ahorro, recortes de personal y más recortes de personal, y un rediseño
institucional donde importa más el “cargo” que el “encargo”.
Y al detalle
las afectaciones: “muchos trabajadores siguen sin certeza laboral, otros sin
contrato, algunas vacantes aumentan, el rezago en infraestructura es brutal,
-en 2019 prácticamente está en 0 por ciento el avance de obras y el pago a
proveedores-, los contratos y convenios de servicios se rezagan, y algunos
están por vencerse sin horizontes de legalidad y eficiencia, las compras de
equipamiento paradas, las reclamaciones y litigios aumentan; y si bien el
abasto de medicamentos está garantizado, es precario y en algunos lugares pende
de un hilo. De tales omisiones se ha dado aviso a las autoridades
correspondientes, porque este Consejo Técnico y el Director General, serán
responsables – dice el artículo 276 de la Ley del Seguro Social – de que el
Instituto cumpla con lo aprobado por el Congreso de la Unión”. Acusó
contundente:
“Por otro lado, si acaso Hacienda
cree que los ahorros en el IMSS los puede desviar a otros fines, es necesario
recordarle que “el Instituto no estará obligado a concentrar en la Tesorería de
la Federación sus ingresos”, según dispone el artículo 277 C de la ley del
Seguro Social… La ineficacia igual que la corrupción, juega en el lado de los
mismos que construyeron la sociedad de los privilegios mexicana que el
Presidente busca y quiere desaparecer”.
Germán
Martínez se convierte en la primera baja política de los recortes del
Presidente. Pero las repercusiones sociales apenas se empiezan a conocer, el
riesgo de jóvenes sin espacios educativos, enfermos sin tratamientos, víctimas
de recortes generalizados cuya única estrategia parece ser la de recaudar
fondos para los programas sociales del nuevo Gobierno, más que abonarle a la
austeridad en la prestación de servicios de calidad. Acabar con los excesos,
reunir dinero para sus proyectos, sin afectar los servicios, sería lo ideal.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario.