Por Alejandro Páez Varela.
Ayer salieron a marchar los opositores del Presidente Andrés
Manuel López Obrador. No eran las
“ternuritas” que se expresaron hace unos meses; es decir, no era un puñado.
Hicieron cuerpo. Vicente Fox y Felipe Calderón movilizaron desde su trinchera y
también salió Enrique de la Madrid Cordero, hijo de Miguel de la Madrid Hurtado
y ex funcionario de Enrique Peña Nieto; un miembro activo del PRI. Enumero a
esos tres por lo que representan: son, para no darle largas ni andarse con
rodeos, el resumen de gobiernos chatarra que dejaron pobreza, violencia,
corrupción y despilfarro; que provocaron desigualad, destrucción y muerte. Esos
dos (De la Madrid qué) son la síntesis de eso a lo que, en resumen, los
mexicanos dijeron de forma abrumadora NO el 1 de julio de 2018.
Cualquiera que diga que esos son el pasado, se equivoca. Son
el presente. Están vivos. Fox no sabe
escribir un tuit sin faltas de ortografía pero la espuma que le sale de la boca
cuando habla de López Obrador es perfectamente articulada. En De la Madrid no me entretengo: es un
exiliado en su propio país; hijo de ex Presidente y heredero de la tradición
robolucionaria (sí, no es error; por eso lo pongo en cursivas) creyó que podría
ser Presidente hace muy poco. Y
Calderón, uf. No es pieza menor. Nadie lo menosprecie porque en su desfachatez
está su éxito: con las manos llenas de sangre grita el horror de la violencia;
defiende las guarderías pero ni una letra sobre la muerte de 49 niños en la
Guardería ABC. Es del tipo de individuos que es capaz de vaciar la bacinica en
el piso para gritar que alguien se cagó, y que esa mierda no es de él.
Insisto, sin embargo,
en que no son el pasado. Son el presente. Menospreciarlos es un error.
A su vez lamento que la
única fuerza opositora de nuestros tiempos sea la que movilizan ésos, los
peores.
Lamento que no exista
una fuerza digna que realmente sirva de contrapeso. Porque esto es una
democracia y necesita contrapesos. Pero esos, pfff, esos no. No esos
contrapesos que remueven los botes de basura; que tuvieron un país para
gobernar y lo hicieron con las patas (allí están las cifras); que provocaron un
desencanto tan fuerte que llevó a los mexicanos a descreer incluso en la
democracia (y también de eso hay cifras). Esos no, me cae.
(Por otro lado, no me
dan pena los que marcharon, honestamente; merecían ser derrotados en las urnas
si gente como Fox y Calderón, Javier Lozano o ese otro principito menor, De la
Madrid, son su denominador común. Merecen no ganar elecciones si son eso que
vimos.
Protestan “por las guarderías infantiles”: ¿cuántos de esos de verdad tienen hijos en
guarderías públicas o al menos pagan IMSS a la servidumbre para que mande a sus
hijos a una guardería del IMSS?
Protestan por la violencia: ¿cuántos de esos votaron por Calderón y le aplaudieron y cuántos de
esos mismos entregaron el país a la banda de rateros-probados del PRI?
Protestan por… ¡la
libertad de expresión! No jodan:
¿cuántos de esos marcharon cuando Carmen Aristegui fue echada a patadas y
cuántos de ellos dijeron una sola palabra cuando Peña Nieto repartía miles de
millones de pesos a un puñado de medios paleros?
Marcharon por los despidos en el Gobierno federal porque se
les acaban las causas: habrían marchado
si no se hubiera adelgazado el Estado, también; para qué nos hacemos. No, no me
dan pena, de verdad que no, si argumentan lo mismo que Lozano o Fox o Calderón.
Se merecen a sí mismos: no hallo diferencia entre muchos de esos que marcharon
y un Calderón, un Fox).
Regreso al punto, que me distraigo con facilidad: me parece que cualquiera que crea que esas
fuerzas son menores, se equivoca. Son, están, existen y se crecen. He criticado
que AMLO siempre habla de “nunca más” esto y aquello, porque pareciera que ya
no regresarán los que deshicieron México. Y sí, sí pueden regresar. Las peores
fuerzas, las más ruines, las menos solidarias, las más dañinas pueden regresar.
Los que ganaron ayer no deberían descuidar lo que tienen hoy
en las manos, ni desperdiciar la oportunidad, porque allí están esos otros, trabajando a fondo el odio, listos para
cosechar. No son fuerzas menores y tienen cajas de resonancia. Muchas cajas de
resonancia.
Y a su vez –repito–, lamento
que esa sea la única fuerza opositora en un país que –insisto–tuvo un Maquío,
una Rosario Ibarra de Piedra, un Heberto Castillo, un Salvador Nava, un Carlos
Castillo Peraza, un Cuauhtémoc Cárdenas. Lamento que un Javier Lozano, un
Enrique de la Madrid, un Calderón o un Fox los movilice. Qué lástima.
Pero, insisto, no me
dan pena: están allí porque se merecen los unos a los otros.
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