Gustavo De
la Rosa.
Desde 1972
me he hecho cargo de conflictos jurídicos y me ha tocado escuchar las versiones
y defensas más increíbles; esto es particularmente cierto para los casos de
violación, que suelen ser muy dramáticas pues los victimarios intentan
justificar el daño que han hecho.
Mientras los
responsables de delitos patrimoniales o delitos contra la vida y la integridad
de las personas, que reconocen que causaron un daño y que la mala suerte o
alguna traición llevo a su arresto, los delincuentes sexuales buscan justificar
su ejercicio del poder sobre mujeres que, en el fondo, apenas valoran como
objetos.
A
continuación, relato un caso que, en su momento, me llamó la atención; aclaro
que las declaraciones, en lo fundamental, son exactas y sólo se han hecho
algunas adaptaciones de redacción para hilar la historia y proteger a los involucrados,
como cambiar los nombres de las personas señaladas.
Esto sucedió
entre las décadas de los 70 y 80; Jonathan, de ocupación jefe de línea y de 30
años, fue señalado como abusador por Adela, de ocupación operadora, de 25 años.
En su
defensa, él declaró: “Fuimos al Discoteque Malibú un grupo de compañeros de la
maquila, íbamos hombres y mujeres y se hizo un buen grupo; después de las 2 de
la mañana el Torruco propuso que nos fuéramos a mi cantón para seguir la peda
más barata, ya que ahí tenía yo algunos pistos.
“Nos fuimos
juntos y siguió el ambiente; empezamos a bailar de manera cachonda y esta morra
anduvo bailando con el Güero en la cocina, que hace una sola pieza con la sala
donde estábamos todos; después se les unió el Chispas y me gustó la idea de
llegarle a la bola. Estábamos bailando, muy apretaditos, los tres con la
chavala.
“El Güero
empezó a besarla y yo me pasé al cuarto del fondo, donde estaban la Raquel y el
Brochas, que después se fueron al patio, así que me regresé a seguir bailando,
como se dice ahora, el dirty dance. Al fin la chava se decidió por mí y se me
pegó mucho mientras bailábamos.
“Después me
jaló el pantalón y trató de meterme la mano en mis zonas íntimas, pero yo no
dejaba que me bajara el pantalón y me lo subía; así seguimos bailando
pegaditos, pegaditos aproximadamente como una canción más. La chava aún trataba
de bajarme el pantalón y metió la mano por encima de mi calzón para agarrarme
el pene, pero después la metió por adentro del calzoncillo, agarrándome y
apretándome el chile, entonces yo ya no hice nada, ya no me opuse, y
simplemente lo consentí.”
Sin embargo,
Adela sólo declaró: “En la casa, cuando estuvimos solos por un momento,
Jonathan me tomó por la espalda y me tiró al suelo, aprovechando que estaba
tomada, y me violó.”
Jonathan fue
declarado culpable y condenado a 10 años de cárcel.
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