Gustavo De
la Rosa.
Para quienes
aprendimos a pensar en escenarios posibles y comprender el siglo XXI mediante
la lógica aristotélica resulta imposible definir el amor, el derecho y, ahora,
el paro feminista del 9 de marzo.
Si se quiere
alcanzar una definición a través de la lógica aristotélica debemos primero
encontrar el género próximo y posteriormente su diferencia específica; para
encontrar el género próximo, debemos agrupar diversos fenómenos similares entre
sí y determinar su universo y sus límites, lo que nos permitiría analizarlo en
busca de sus causas u objetos ontológicos. Así que ¿cuál es el género próximo
del 9M?
¿Es una
protesta? ¿Una demanda? ¿Un acto de presión? ¿Una demostración de fuerza? ¿Una
confrontación? ¿Un acto revolucionario? ¿Un grito de rabia? La lógica aristotélica
no me permite ubicar el grupo donde se ubica este paro, es todos y ninguno a la
vez.
Siguiendo
con la lógica aristotélica, todo movimiento social que causa perjuicio
económico o político al país, a las empresas, gobernantes o instituciones tiene
un adversario al cual busca golpear o debilitar, así que el 9M, ¿contra quién
es? ¿Contra los hombres como género? ¿Contra el Gobierno? ¿Contra los dueños
del capital, los machistas, los feminicidas o los violentos hacia las mujeres?
Sin poder responder esta interrogante aún, debemos continuar.
Debemos
también identificar a un dirigente, pues todo movimiento social de esta
envergadura debe tener una dirección, que normalmente sería colectiva y con la
capacidad para decidir las estrategias y tácticas del movimiento, y que pueda
negociar los alcances del impacto social, económico y político del mismo, pero
¿quién lo dirige?
Si la
dirección es política, puede ser de tinte progresista, conservador o
restaurador (para no decir reaccionario) y debe también tener clara su demanda
política (la renuncia o reconocimiento de algún funcionario o espacio de poder,
con el objetivo de consolidar algún partido político), pero no tenemos alguno
de los dos.
También hace
falta un pliego petitorio; soy veterano del 68 y en aquella época estremecimos
al país con un pliego petitorio, tal vez ingenuo, que exigía democracia y
libertad política, fue por esto que Díaz Ordaz prefirió la represión homicida a
reconocer al Comité Nacional de Huelga y llegar a un acuerdo. En esta ocasión
no encuentro algo similar ni lo puedo puntualizar, ni veo con quien se pueda
abrir el diálogo que Díaz Ordaz nos negó.
Tomando esto
en cuenta, las mayores víctimas de la inequidad de género necesitan estar muy
bien organizadas para resistir los efectos adversos del paro, y sin dirección
ni organización, puede resultar peor para ellas; imaginen a las miles de amas
de casa casadas con un macho, diciéndole que están en paro y que no prepararán
el almuerzo, o a las obreras que deberán enfrentar al patrón que las amenazará
con descontarles el día de sueldo y el bono de asistencia, ¿qué tal las
empleadas de comercio minorista, cómo van a decirle al dueño de la tienda que
no van a abrir porque están de paro? O las mujeres que trabajan en la
informalidad, ¿cómo recuperarán el ingreso no obtenido ese día, si para ellas
es lo único que tienen?
Finalmente,
a riesgo de ser criticado ferozmente, ¿qué sucederá con el gran número de
mujeres que trabajan para el crimen organizado, o que dependen de los
narcotraficantes? ¿Qué les pasará si se unen al paro del 9M? Por todo esto, la
lógica aristotélica me impide entender el paro, así que tendré que arriesgarme
a una hipótesis propia.
El género
próximo lo ubicaría en un amplio grupo de mujeres conscientes y libres para decidir
parar su trabajo y negociar con su pareja la nueva división de la labor
doméstica; ese gran grupo de mujeres ya han conquistado su libertad y pretenden
que esas libertades y condiciones de vida se extiendan al resto de las mujeres,
además de mejorar las propias.
Casi todas
estas mujeres trabajan en el Gobierno, las universidades, la política o en los
medios, y de alguna u otra manera no están vinculadas directamente con la
producción privada de bienes y servicios.
Sin embargo,
en el género hay diferencias específicas y encontrarlas es lo que nos permitirá
comprender el concepto; en ese gran grupo de mujeres están las auténticas
feministas que pretenden demostrar la verdadera importancia de la mujer en
México, pero también están aquellas que antagonizan a Andrés Manuel López
Obrador y al Gobierno actual.
Ellas, en el
fondo, no se atreverían a convocar a un paro nacional de verdad, que detuviera
la economía del país, porque su interés es demostrar que el régimen debe
cambiar, sin esperar a que termine su periodo; ellas son profundamente
antidemocráticas e incapaces de hacer el trabajo político necesario para tomar
la Presidencia en 2024.
Encuentro
una tercera diferencia específica, un gran grupo de mujeres que sí trabaja en
el Gobierno o alguna universidad, y que aprovechará el puente inesperado para
salir de viaje, de compras o tan sólo a disfrutar el día.
Todas ellas
tienen libertad de hacer con su día libre lo que quieran y al Gobierno, que es
el único que representa a México, y a los empresarios sólo les quedará
controlar los daños, disminuyéndolos lo más posible, mientras los funcionarios
establecen el diálogo sincero y honesto con sus subalternas, y a los dueños de
los medios de producción, que al parecer se salvarán, les corresponderá poner
sus barbas a remojar.
Creo que al
final Aristóteles me ayudó a comprender el paro, pero su lógica suele fallar
frente a sistemas más complejos y modernos, porque, a fin de cuentas, su
pensamiento era patriarcal.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario.