Jorge Javier
Romero Vadillo.
En mi
comentario de la semana pasada afirmé que el INE ya había dado a conocer el
reporte final de asambleas y afiliaciones de las organizaciones que aspiran a
convertirse en partidos políticos. Con pertinencia, David Alejandro Arroyo me
aclaró que las cifras que comenté correspondían a un corte parcial, de los que
semanalmente ha publicado el INE desde el principio del proceso y me precisó
que el plazo para realizar las asambleas, las afiliaciones y celebrar las
respectivas asambleas nacionales constitutivas concluye el 25 de febrero.
De hecho, el
lunes 17 uno de los grupos que, según la información del INE, ha logrado
superar el mínimo de asambleas necesarias para obtener el registro –en este
caso, estatales con más de tres mil asistentes empadronados en la entidad
correspondiente– celebró su Asamblea Nacional. Se trata de la llamada Fuerza
Social por México, a la que en mi artículo anterior le atribuí vínculos con el
SNTE, pero que en realidad ha sido promovida por un personaje de nombre que
parece una descripción de su actitud política –se llama Pedro Haces Barba–,
líder la Confederación Autónoma de Trabajadores y Empleados de México, central
sindical muy apreciada por el presidente López Obrador, pues el mismo lunes por
la mañana asistió a su décima convención. Por lo visto, Haces Barba aprovechó
el acarreo matutino de sus afiliados sindicales para realizar por la tarde la
asamblea de sus afiliados partidistas. Dos pájaros de un tiro, aunque está por
verse si la simulación pasa inadvertida para el INE, pues es evidente que, a
pesar de la prohibición legal, la base del nuevo partido es la misma de la
central sindical.
El nuevo
partido, si consigue el registro, nacerá como un satélite del oficialismo, al
viejo estilo del PPS o del PARM. De hecho, Haces Barba es senador con licencia
por MORENA y, por supuesto, antes fue militante del PRI. Sobrino del inefable
Leonardo Rodríguez Alcaine, –”La Güera”, cacique histórico del Sindicato Único
de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana, impuesto por el gobierno
de Echeverría, pasando por encima de la Tendencia Democrática de los
electricistas, encabezada por Rafael Galván, heredero de Fidel Velázquez al
frente de la CTM– Haces (la) Barba se muestra como un entusiasta del
lópezobradorismo, dispuesto a poner a su hueste, tanto la sindical como la
política, al servicio del gran líder.
No es el
único caso, pues también las Redes Sociales Progresistas de Elba Esther
Gordillo hacen profesión de la nueva fe política y han declarado que se pondrán
a las órdenes del Salvador de la Patria en cuanto cuenten con legisladores. Si
además se suma el partido de los evangélicos, ahora denominado Encuentro
Solidario, López Obrador habrá superado al PRI en eso de partidos subsidiarios,
simuladores de un falso pluralismo.
Mientras
tanto, los partidos viejos menguan. Según datos del propio INE, el PRI y el PRD
han perdido más del setenta por ciento de sus afiliados, mientras que
Movimiento Ciudadano ha visto una merma de más del 50 por ciento. La
disminución ha sido producto, sobre todo, de una depuración llevada a cabo ante
los reclamos de ciudadanos que encontraban sus nombres entre los afiliados de
partidos a los que nunca habían aceptado pertenecer. Es decir, buena parte de
la militancia de las decadentes organizaciones partidistas mexicanas es también
simulada. Simulacros de partidos de masas que falsean sus registros para
mantener las cifras de afiliación exigidas por la ley.
Mientras la
oposición se desfonda, la mayoría de las organizaciones que podrían obtener su
registro son redes de clientelas que se sumarán en 2021 a la campaña del
oficialismo, como en los buenos viejos tiempos del régimen del PRI. El otro
probable partido, el de Margarita Zavala y su marido, no servirá para otra cosa
más que para restarle votos al PAN, el único partido que hoy parece en
condiciones de presentar alguna resistencia electoral frente a MORENA y la
coalición presidencial. Un escenario lamentable, donde la derecha rancia y
autoritaria le quitará apoyos a la derecha rancia y beata, mientras el PRI y el
PRD acaban por desmoronarse y López Obrador podría sumar legisladores de cinco
satélites a los que obtenga pos sí solo MORENA.
Queda por
ahí Movimiento Ciudadano, aunque aún con falta de definiciones clara para
convertirse en una opción opositora seria con un proyecto laico y reformista.
Sus posiciones tentaleantes frente a asuntos cruciales en los que se ha
impuesto la demoledora tetramorfosis de López Obrador no permite ser muy
entusiasta sobre su capacidad de captar el voto del descontento que no se
alinea con la derecha panista ni con el calderonismo. El panorama del
pluralismo mexicano se ve desolador, casi como en los tiempos en los que las
opciones para votar eran el PAN, el PRI, el PPS y el PARM.
El sistema
electoral proteccionista, que favorece a las redes clientelistas y excluye a
los proyectos ciudadanos sin capacidad de acarreo, está mostrando sus límites y
su cerrazón. De seguir así, pronto estaremos en una situación parecida a la
anterior a la reforma política de 1977, con una pluralidad meramente simulada.
Cierro esta
nota con rabia y con mi solidaridad con las mujeres de México que se enfrentan
cotidianamente a la violencia machista en todas sus expresiones, desde la
vulgaridad callejera hasta la brutalidad homicida. Si se trata, como dice el
presidente de la República, de una herencia del neoliberalismo, quisiéramos
entonces ver que se le enfrente con todo el vigor con el que supuestamente está
destruyéndolo en otros ámbitos, en lugar de espetar decálogos de tópicos
huecos.
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