Julio
Hernández López.
Como si la
entrada en vigor de mayores formas de aislamiento social a causa del
coronavirus fuera en realidad un banderazo político de salida, la derecha
partidista y empresarial se ha lanzado en busca no sólo de erosionar sino
incluso abiertamente de destituir al presidente Andrés Manuel López Obrador.
Ya en curso
el tramo final de la llamada fase uno, en transición acelerada hacia la
siguiente etapa, que será más delicada y controvertida, la Confederación
Patronal de la República Mexicana (Coparmex), dirigida por Gustavo de Hoyos
(presunto aspirante a ser candidato presidencial en 2024), se ha adentrado en
pantanos políticos mayores al promover la versión de que el actual presidente
de la República y la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, podrían
ser destituidos e incluso encarcelados a causa de no haber dado cumplimiento a
la instrucción de un juez de distrito de Baja California que ordenó garantizar
protección contra el coronavirus a los partícipes en una consulta pública sobre
la construcción o no de una controvertida cervecera en Mexicali.
La Coparmex
y su dirigente De Hoyos han aprovechado la ocasión para, además de sembrar en
el terreno mediático la sensación de que puede ser botado de su cargo el
presidente López Obrador, abonar el terreno de la desconfianza empresarial,
pues el fondo del alegato patronal es que con la consulta sobre Constellation
Brands, cervecera larga y fuertemente impugnada por defensores del agua y de
derecho colectivo, se incrementa el nerviosismo de inversionistas y se aleja la
posibilidad de más proyectos importantes en el país.
Desde otro
flanco, pero en la misma embestida, Felipe Calderón Hinojosa creyó encontrar
dardos indirectos a lanzar contra López Obrador en unas palabras de Joe Biden,
precandidato demócrata a la presidencia de Estados Unidos: En tiempos de
crisis, un presidente debe calmar y confortar, mostrar el camino con mano
firme, y proveer un faro de esperanza al pueblo estadunidense. Donald Trump es
incapaz de hacer eso. El embajador de Estados Unidos en México, Christopher
Landau, cada vez más metido en la política mexicana, le reviró al citado
Calderón: En tiempos de crisis, un ex presidente no tiene por qué meterse en la
política de otro país. Ahora más que nunca nos toca trabajar juntos. No
politicemos todo, por gracias a Dios.
El exabrupto
(uno más) de Calderón Hinojosa se produce mientras en Estados Unidos continúa
el proceso contra Genaro García Luna, quien fue virtual vicepresidente
policiaco del país mientras el entonces panista habitaba Los Pinos. Calderón
asegura que él nada supo de las andanzas supuestamente criminales de quien le
acompañó durante todo el sexenio.
En ese
agitado contexto, destaca el reconocimiento que ha hecho López Obrador de que
una crisis económica se avecina a causa de los procesos masivos de contagio por
coronavirus. En un tono sin la carga integral de optimismo que ha mantenido en
otros momentos, el político tabasqueño aceptó que algunos proyectos podrían no
llevarse a cabo, aunque aseguró que los esenciales de su programa sexenal
continuarán adelante.
Astillas: La
jefa del gobierno capitalino, Claudia Sheinbaum, ha anunciado más medidas
graduales de aislamiento, aunque en los hechos la Ciudad de México se vio
marcadamente desolada este fin de semana… Destaca el papel del ejército en la
atención de casos especiales de coronavirus, según lo anunciado ayer por el
Presidente de la República. Ciertos hospitales serán operados por personal
militar, tal vez en los casos más críticos que se vayan presentando… Mientras,
Ricardo Anaya, ex candidato presidencial panista, también considera que es
momento de aparecer políticamente frente a Andrés Manuel López Obrador, al
demandarle seriedad ante la pandemia, ¡hasta mañana, luego que en un balneario
de Hidalgo una riña, según primeros reportes, dejó tres muertos y ocho heridos!
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