Julio Astillero.
La alianza
política y electoral de Morena con el Partido Verde Ecologista de México (PVEM)
viene de antes de que Andrés Manuel López Obrador (AMLO) llegara por tercera
ocasión a las urnas como aspirante presidencial. En 2018, esa alianza no fue
expresa sino fáctica, con el mismo factor determinante y operativo que fue y es
Manuel Velasco Coello, gobernador del estado de Chiapas, émulo del estilo de
Enrique Peña Nieto y confidencial enlace de alto nivel para entendimientos
primorosos.
La
camaraderil relación de Velasco Coello con López Obrador es una cultivada
herencia de Fernando Coello, abuelo materno del joven que a nombre de una
coalición PRI-PVEM-Nueva Alianza ganó entre múltiples objeciones la gubernatura
de Chiapas. El abuelo Coello fue un temprano impulsor de un joven político
tabasqueño al que años después, en 2018, acompañó en un acto público masivo en
el que reporteros le preguntaron si su nieto respaldaría a AMLO: Totalmente. Mi
nieto lo molestan mucho los de arriba para que no se meta, pero conoce muy bien
a Andrés y le tiene gran cariño y simpatía. ¿Va a operar el gobernador Velasco
a favor de AMLO?, le preguntaron al abuelo, quien respondió: No sé si va a
operar. Pero sí afirmo que simpatiza con Andrés y lo quiere bien
(https://bit.ly/2N7fJfE).
Peor que el
resto del sexenio, caracterizado por la frivolidad, el despilfarro y el abuso
contra los chiapanecos, fue el final de la administración del “ güero” Velasco:
se insertó a última hora en la lista de candidatos del Verde al Senado, a pesar
de que la Constitución prohíbe a gobernadores en funciones postularse a un
cargo de elección popular durante su propio mandato (se alegó que esa
prohibición sólo se refería a candidatos por primera y segunda fórmula, pero no
en lista plurinominal) y obviamente ganó desde su propio trono de poder
estatal.
Además, hizo
un desbarajuste monumental para debilitar al PRI en la sucesión estatal y abrir
paso al aspirante deseado por AMLO, Rutilio Escandón (que era presidente del
tribunal estatal de justicia y al mismo tiempo se promovía para gobernador),
pidió licencia a la silla de gobierno, se instaló en el Senado y luego pidió
licencia al mismo Senado para regresar al gobierno de Chiapas como sustituto de
sí mismo (en el Senado, hubo doble votación sobre el mismo asunto, pues en la
primera se le negó la estrambótica licencia, pero en la misma sesión Ricardo
Monreal logró que siempre sí le dieran tal permiso).
Ese partido
de las cuatro mentiras, donde Velasco Coello es coordinador de su bancada
senatorial y virtual jefe político, es el nuevo proyecto de aliado explícito de
Morena para las próximas elecciones. Ayer, los dirigentes de Morena y del
Partido del Trabajo anunciaron que junto con el Verde harán sesiones virtuales
de trabajo en todos los comités seccionales electorales del país, para apoyar
al presidente López Obrador y para ir afinando una futura coalición.
El Verde ha
apoyado a gobiernos federales panistas, priístas y ahora al morenista. Su
historia es la de un partido entendido como negocio familiar y grupal, cargado
de historias de corrupción e influyentismo (el “ niño Verde”, Emilio González,
fue símbolo de todo ello), siempre dispuesto a cargar (previas negociaciones de
pagos políticos) su débil fuerza numérica a los partidos en el poder para que
éstos tengan ventajas aritméticas.
Por otra
parte, el mismo partido Morena abrió ayer un expediente político-judicial de
desenlace enigmático. La actual dirigencia nacional, a cargo de Alfonso Ramírez
Cuéllar a título provisional, nombrado particularmente para que convoque a la
elección interna de nuevo dirigente, habría presentado una denuncia ante la
Fiscalía General de la República contra Yeidckol Polevnsky, quien fue
presidenta sustituta y actualmente ejerce el cargo original para el que fue
electa, secretaria general. Daño al patrimonio del partido y lo que
coloquialmente se denomina lavado de dinero serían los presuntos delitos
cometidos por Polevnsky.
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