Arnoldo
Cuellar.
Mientras
Diego Sinhue Rodríguez leía el manifiesto “Acuerdo en defensa de la libertad”,
signado por él y otros ocho mandatarios del partido Acción Nacional en la
ciudad de Dolores Hidalgo, a dos horas y media de ahí, en Uriangato, se
desataron una serie de balaceras que todavía duraban la noche de este domingo,
con un saldo de varias víctimas mortales y de personas heridas que tuvieron la
mala suerte de estar en el lugar de los choques.
Dos días
antes, situaciones similares se vivieron en el aledaño Moroleón: balaceras,
vehículos en fuga disparando, ataques a viviendas, una mujer muerta y el
incendio de un departamento.
En esos
lugares, como en Irapuato, en Celaya señaladamente, además de muchas colonias
de León, Silao y Guanajuato, nadie en su sano juicio aplaudirá la afirmación
del manifiesto panista leído por un titubeante Sinhue que a la letra dice:
“Sabemos
lo que hay que hacer para que su hogar sea próspero y su familia viva sana y
sin miedo.”
El
documento que resume dos días de charlas entre los nueve gobernadores tiene un
innegable tufo de campaña política: “¡Si hay de otra!”, afirma en una de sus
frases que buscan el cielo de la mercadotecnia.
La consigna
refleja un freudiano acto fallido: ¿porque debe haber de otra? ¿Qué en la
democracia no hay siempre múltiples opciones? La frase y la postura toda del
GOAN deja ver la posición marginal en la que los dejó la contienda del 2018 y
que todavía no logran remontar: AMLO de una parte, todos los demás de la otra.
Ello pese
a que todos estos meses de Gobierno federal, el Presidente Andrés Manuel López
Obrador no ha hecho sino abrir frentes, enzarzarse en disputas, olvidarse de
los resultados y refugiarse en el discurso.
Pese al
hecho de que AMLO sea el mejor opositor de su proyecto, enfrente, sus
adversarios políticos siguen viéndose desamparados, auto compadecidos, apelando
a una oposición que, igual que el Gobierno morenista, se olvida de los
resultados para refugiarse solo en los malos discursos.
Por qué, ¿alguien
en su sano juicio le creará a Diego Sinhue, a Javier Corral, a Francisco Cabeza
de Vaca o a Martín Orozco eso de que “saben lo que hay que hacer para vivir sin
miedo”?
Los
gobernadores del PAN, a diferencia de otros opositores al Gobierno de la 4T, tienen una ventaja: pueden pasar
a los hechos, pueden hacer las cosas bien, pueden gobernar con eficacia, con
honestidad, sin amiguismos, sin corrupción, con sensibilidad, respetando la
crítica y escuchando a los ciudadanos.
Sin embargo,
eso no ha pasado, por lo menos no en Guanajuato.
¿Alguien
ha escuchado al Gobernador Sinhue condolerse de los padecimientos de los
ciudadanos de Celaya, enviar un mensaje a las familias de las víctimas,
pronunciarse sobre los días y noches de zozobra que se han vivido en este fin
de semana en Moroleón y Uriangato?
¿Alguien
ha visto al Gobernador Sinhue acudir a una rueda de prensa abierta para
contestar preguntas y respuestas en relación con la pandemia de COVID-19, con
su avance en León, con los contagios en oficinas de Gobierno, con la
preocupación por la reapertura?
Fuera de los
fríos y artificiales videos de propaganda a los que lo suelen someter sus
asesores, el Gobernador no ha lanzado un solo mensaje de empatía hacia una
población que vive tiempos difíciles. Ni siquiera fue capaz de contestar en sus
redes sociales a una trabajadora del C4 de León que fue su contemporánea en la
Universidad y que le pedía ayuda para poderse realizar la prueba de COVID-19.
¿Alguien
podrá creer que un Gobernador así puede leer con mediana convicción un
manifiesto que termina con una serie de consignas como estas: “propiciemos la unidad de todas y
todos, llevemos la salud a cada uno de los hogares, recuperemos la tranquilidad
en nuestras calles”?
Realmente
se antoja difícil.
Es el peor
de los tiempos: el Gobierno desatina y la oposición juega a las
conspiraciones en casonas señoriales que pueden estar plenas de historia pero
que, hoy por hoy, están carentes de ideas.
Seguro hay
de muchas otras, pero habrá que seguir buscando.
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