Enrique
Quintana.
Las cifras
del Inegi son muy claras: se ha reducido el pesimismo entre los consumidores
mexicanos durante los últimos meses.
Los datos de
la encuesta telefónica sobre la confianza del consumidor que se dio a conocer
ayer, indican que el peor momento en el ánimo de la gente durante esta crisis
se presentó en mayo.
A partir de
entonces la percepción de los consumidores empezó a mejorar. Eso se manifestó
en junio y la tendencia se reafirmó en julio.
Cuidado. No
digo que haya optimismo. Lo que ha ocurrido es que el pesimismo se ha reducido.
Al
preguntarse a los encuestados por la perspectiva para el país en los siguientes
12 meses, el índice creció en casi 6 puntos de junio a julio, lo que implica
una mejoría sensible en la perspectiva.
Pero, la
pregunta que refleja una mejor percepción de nuestro entorno inmediato es
cuando se habla de la situación económica que se espera para los miembros del
hogar en los próximos 12 meses, la cual también creció y alcanzó un nivel
equiparable al que existía en marzo de 2018.
Pero las
limitaciones del ingreso de las familias se aprecian cuando se pregunta por la
posibilidad de adquirir bienes de consumo duraderos, cuyo índice sigue en
niveles sumamente bajos, lo que se ha reflejado precisamente en la caída de las
ventas de este tipo de bienes.
Esta
reducción del pesimismo tiene que ver con un cierto regreso a la normalidad.
En diversas
ocasiones le he referido en este espacio que es visible un incremento de la
movilidad en el país.
Los datos
más recientes señalan que poco después de la primera mitad de agosto, el
tráfico vehicular a nivel nacional ya está en un 92 por ciento de los niveles
previos a la pandemia.
Específicamente
en el caso de la Ciudad de México, el tráfico vehicular está en un nivel de 68
por ciento de los niveles previos al confinamiento.
En la medida
que la vida diaria va ‘normalizándose’, la perspectiva del consumidor promedio
va mejorando. Insisto, sin que eso signifique que sea nuevamente optimista.
El valor del
índice se encuentra ligeramente por debajo de los niveles que existían en los
primeros meses de 2018, cuando comenzaban las campañas electorales y se
apuntaban las probabilidades de triunfo de López Obrador.
¿Qué es lo
que va a ocurrir con la confianza de los consumidores en los próximos meses?
Lo más
probable es que tengamos aún un alza cuando conozcamos los datos del mes de
agosto y septiembre, debido a que la normalización de la actividad económica
avanzará gradualmente.
Sin embargo,
no está claro lo que va a suceder después.
No me cabe
duda de que la economía mexicana va a crecer respecto a los niveles de la
primera mitad de este año, sobre todo por el arrastre de las exportaciones.
Pero, en el
mercado doméstico, creo que las cosas están menos claras.
Todavía nos
falta ver quizás una oleada de problemas derivados de las empresas que
regresaron a sus operaciones con la reapertura… sólo para darse cuenta de que
son inviables.
No sería
sorpresivo que viéramos una pérdida de dinamismo del mercado doméstico, en la
última parte de este 2020 y en los primeros meses de 2021, justo cuando muchas
empresas vean que su operación en este entorno no les da para sobrevivir.
Cierto que
hay menos pesimismo de los consumidores, pero no hay certidumbre de que pronto
vaya a haber de nuevo optimismo. Ese no se ve para cuándo.
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