Enrique Peña Nieto
huyó, tal vez no en cuerpo, pero sin duda en interés por gobernar este país. El
desdén por gobernar es evidente. Su desinterés lo imprime en casi cada acción
de gobierno de trascendencia. Sin duda su eficacia para la adaptación de
reformas estructurales se le reconocerá. En ese momento debería haber
renunciado llevándose sus laureles
históricos. Lo que le siguió de ese
primer año de gobierno ha sido un asalto por parte de él y su camarilla a las
arcas del estado. Revivieron el
dicho priista: “un político pobre es un pobre político”.
Anunciar la liberación de los precios de la gasolina sin una
estrategia detrás, sin haber previsto la ira social producto del anuncio es un
claro ejemplo de la ausencia de un líder. El Presidente se ha ido y sus subalternos
o comparten el desdén o simplemente no tienen la sagacidad para calcular que el
aumento del 20% a la gasolina provocaría protestas sociales. El cálculo era
elemental.
Esos mismos días el
gobierno federal descansaba sin importarles lo que sucedería. En soledad el Secretario de Hacienda
intentaba darle explicación y coherencia a la medida. Nadie más. Sin embargo,
los dichos del Secretario pronto se hicieron agua. Mientras afirmaba que no
subirían productos básicos y transporte público, días después ya se anunciaba
el alza de las tortillas y en 8 estados el alza del transporte público.
Ante la crisis, decía un exministro noruego después de la
matanza en la isla de Utoya, lo único
que puede contrarrestar el miedo y la zozobra es la información clara, oportuna
y precisa. Durante nuestra
permanente crisis nadie sale a informar y explicar. Buscan con mayor ahínco la
manipulación y propaganda. La foto fácil y el slogan antes que el contenido.
La firma del “Acuerdo para el Fortalecimiento Económico y la
Protección de la Economía Familiar” es una acción inmadura, tardía, carente de
visión de urgencia, ausente de contenido real y, sobre todo, es un documento que persigue colocar un
curita mientras la hemorragia está a borbotones.
El encuadre en
televisión perfecto, pelo engominado para atrás, flanqueado por el lábaro
patrio, serio en mirada –días después- Peña (golfista) salió a explicar que lo
sentía mucho, pero que nos jodíamos: era una medida necesaria. La necesidad de
dinero rápido para enfrentar la crisis hacía que la medida, en efecto, fuera no
necesaria sino urgente.
La lejanía de nuestra clase gobernante con los problemas
reales de la gente de a pie. De aquellos que no les da lo mismo si el
transporte sube un peso cincuenta. Esa población que deberán ajustar el
bolsillo y el estómago para no pasar demasiada hambre. Esa lejanía impidió que la medida fuera acompañada de una “solidaridad
real del sufrimiento por el impacto”. Es decir, piden sacrificio sin tocar sus privilegios. Sin recortar el gasto de partidos políticos que nos cuestan mucho más
de lo que aportan a la democracia. Mientras piden sacrificios con la mano
derecha con la izquierda se dan mega bonos y prestaciones de lujo. La asimetría del sufrimiento es real. Que
se jodan los más jodidos. Total.
Hay momentos que
pienso que Enrique Peña Nieto toma decisiones únicamente por el afán de ver qué
pasa. Hacer lo inverosímil real. Ejemplo de ello es revivir al Virrey
Videgaray en la Secretaría de Relaciones Exteriores. La medida carece de todo
sentido y orientación política. De hecho, de los pocos sectores donde hay un
número vasto de personas preparadas y capaces es en ámbito diplomático
mexicano. Pero ni eso respeta el Presidente.
Estamos claros que el
gestor en Los Pinos no cambiará. Su inmunidad para reconocer sus errores es
absoluta. Vive aislado y ahí quiere vivir. Mientras tanto, el gasolinazo ha
sacado a cientos de miles a las calles a protestar no solo la medida, sino el
cinismo y corrupción de nuestra clase política. Alienta un poco ver al soberano
por las calles ejerciendo su derecho fundamental a la libre protesta. Sin
embargo, tenemos que reconocer que no sabemos cómo pasar de la ira a la
transformación real. Creímos en un
sistema de partidos que se prostituyó rápidamente y se alejó de la ciudadanía.
Al final, somos más los que queremos un país más justo y con
un verdadero estado de derechos. Sí, Peña se fue, nosotros seguimos aquí.
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