Sanjuana Martínez.
Miguel Ángel Osorio Chong preparó el escenario. Rodeado de escoltas
llegó al Palacio Legislativo de San Lázaro para dar línea, para urgir a darle
más poderes al Ejército, para convertir a las Fuerzas Armadas en un ente por
encima de la ley capaz de llevar gradualmente a México, si nos descuidamos, a
una semi democracia.
En parte ya funciona así. México tiene una democracia simulada. Y
la facultad de espionaje que la nueva Ley de Seguridad Interior le otorgaría al Ejército, la Marina y la Fuerza
Aérea y a cualquier fuerza de seguridad pública federal, para realizar labores
de vigilancia por “cualquier método de recolección de información”, en realidad ya existe.
La Secretaría de Gobernación a cargo del señor Osorio Chong hace todo
tipo de espionajes. El Gobierno de Enrique Peña Nieto se gasta cantidades
ingentes en vigilarnos. Pincha nuestros teléfonos, interviene nuestras cuentas
de correo, vigila nuestra actividad en Internet y las redes sociales; tiene
personal asignado a vigilar nuestras actividades, nuestras amistades, nuestros
movimientos diarios…
Lo anterior no es legal, pero a quién le importa. El Estado mexicano
realiza múltiples acciones que no son legales. Se pasa el marco de la ley por
el arco del triunfo. Desaparece, tortura, ejecuta y aquí no pasa nada.
Siempre ha sido así. Desde tiempos de Gustavo Díaz Ordaz, la Secretaría
de Gobernación, ha funcionado como la Gestapo, como una policía secreta del
Estado formada por funcionarios esbirros que justifican su trabajo y los
ingresos que reciben por ello. ¿Cuántos
espías trabajan en la nómina del gobierno? ¿Cuántos funcionarios, policías, ex
policías, militares, ex militares y expertos en inteligencia estamos
manteniendo con nuestro dinero y sin nuestra autorización? ¿Hasta dónde llegan los alcances del CISEN
(Centro de Investigación y Seguridad Nacional) bajo el mando de Osorio Chong,
el espía mayor?.
Un funcionario de Gobernación me confío hace poco algo revelador:
“Tenemos fotos más recientes de ti que las que pueda tener tu mamá”. Y me lo
dijo claramente: “del Gobernador para abajo, tenemos todos los teléfonos
intervenidos, incluido el tuyo”.
—- ¿Eso es legal?, le dije
ingenuamente.
—- “Claro que no, pero como si lo fuera”, me dijo con una sonora
carcajada.
El sistema es una cloaca. Y ellos son los amos y señores. Se sienten
dueños de nuestras vidas. Colocan micrófonos en nuestras casas, oficinas,
coches. Allanan nuestros hogares, hurgan, copian y se llevan lo que quieren y
se van y vuelven cuando lo desean.
El espionaje es tan común, tan
generalizado, tan permitido gubernamental y socialmente, que ya nos
acostumbramos. Sabemos que nos escuchan, que nos graban y nos han obligado a la
comunicación personal, esa es la parte positiva. Ahora vemos más a nuestros
amigos, a nuestra familia, a nuestras fuentes. Por lo menos, es un pretexto
para tomarnos algo y mirarnos a los ojos, para contarnos nuestras cuitas y para
obtener información periodística delicada.
El espionaje gubernamental es tan cotidiano que ya hay agencias,
negocios, gente que se dedica a cambio de una buena cantidad de dinero, a hacer
“limpias” en tu casa para rastrear los micrófonos, gente especializada en asear
tu celular, aparato que incluso apagado sigue intervenido y grabando lo que
dices.
Alguien nos vigila. Y no solo es el Cisen. También nos acechan miembros
de inteligencia militar de la Sedena o policías vestidos de civil o
funcionarios de Gobernación. El sistema de espionaje gubernamental es amplio,
es ilegal y es impune. Su red se extiende día con día. Y ahora lo quieren
hacer legal con la peligrosa Ley de Seguridad Interior, más propia de una dictadura militar incipiente. Y aquí tienen su
artículo más polémico:
Artículo 28.- Las Fuerzas Federales y las Fuerzas Armadas desarrollarán actividades
de inteligencia en materia de Seguridad Interior en los ámbitos de sus
respectivas competencias, considerando los aspectos estratégico y operacional,
la cual tendrá como propósito brindar apoyo en la toma de decisiones en materia
de Seguridad Interior.
La interpretación de este artículo es que las Fuerzas Armadas o
cualquier fuerza de seguridad pública federal tiene el derecho de intervenir
nuestras comunicación para “recolectar” información de cualquier persona con
cualquier “método sin distinción” y sin ningún control judicial o cualquier
otro mecanismo que les obligue a rendir cuentas del espionaje.
Y Osorio Chong es el cancerbero de las Fuerzas Armadas. Obvio. Él, su secretaría, la Sedena, la Marina,
la Policía Federal y otros cuerpos de seguridad, ya poseen los poderes que
ahora pretenden sean legales. Y para
ello tiene su principal alfil: el Partido Acción Nacional (PAN) representado
por el senador Roberto Gil Zuarth, quien presentó la iniciativa que acota
nuestras garantías individuales.
No hay ninguna sorpresa. Tanto el PRI como el PAN han tenido tics
autoritarios durante toda su historia como partidos. Aunque de distinta
índole. La raíz nazi del PAN ha sido
sumamente estudiada. De hecho, Gil Zuarth fue vinculado directamente con el
panista nazi Juan Iván Peña Neder, quien
según testimonio de su esposa en ese momento, presuntamente le entregaba
millones de dólares producto del otorgamiento de permisos falsos para casinos a
través de la Secretaría de Gobernación. Peña Neder y Gil Zuarth pertenecían al
círculo más cercano de Felipe Calderón. De hecho, lo designo Subsecretario de
Gobernación.
Tanto Gil Zuarth como Osorio Chong conocen las ventajas del espionaje
ilegal a través de los megapoderes de la Gestapo, digo, de la Secretaría de
Gobernación. Por eso no es de extrañar que ahora estén juntos en esta nueva
embestida contra nuestras libertades. El PRIAN junto al PRD quiere acotar
nuestra privacidad, la integridad de nuestras comunicaciones.
Más allá: la iniciativa de ley
pretende obligar a las empresas de telecomunicaciones y proveedores de
aplicaciones y contenidos de Internet a entregar información y colaborar con
las intervención de nuestras comunicaciones.
La nueva Ley de Seguridad Interior es un peligro, una amenaza para los
mexicanos. Un gobierno como el de Enrique Peña Nieto denunciado
internacionalmente por la violación masiva de derechos humanos, tampoco le
interesa respetar los estándares de derechos humanos en las comunicaciones,
mucho menos nuestra libertad.
El gobierno peñista quiere militarizar México. No le basta con el poder
absoluto que ahora tienen los militares y marinos, seriamente cuestionados por
sus crímenes impunes. La nueva ley es un cheque en blanco para los militares,
una licencia para que sigan cometiendo delitos que van desde la tortura, la
desaparición forzada y las ejecuciones.
La nueva Ley de Seguridad Interior
es inconstitucional y antidemocrática
porque faculta a las fuerzas de seguridad a intervenir con fuerza letal para
“contener” una protesta social pacífica. Las facultades que otorga son tan
amplias, tan ambiguas, que la convierten en una ley despótica y opresiva, digna
de una dictadura militar.
Por lo pronto, cada vez que usted
hable por teléfono mándele saluditos a Gobernación, al señor Osorio Chong, al Cisen,
al general Cienfuegos, al almirante Soberón, a Presidencia de la República, al
gobernador de su estado y por si acaso, a todos los cuervos en el alambre….
Y sonría, el espionaje ilegal
pronto será legal.
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