Ana Cristina Ruelas.
El año pasado, fue el más letal para la prensa en México, once
periodistas fueron asesinados –el registro anual más alto en la
documentación de ARTICLE 19-. Cecilio
Pineda Brito fue el primer periodista asesinado en este año y su muerte trajo
consigo una clara necesidad de cambiar de rumbo, de repensar la protección
hacia algo de verdad integral.
La protección a periodistas no será eficaz si no se combate la
impunidad. México es el país en la región más peligroso para ejercer el
periodismo y hoy por hoy existe un 99.75 por ciento de impunidad en estos
crímenes ¿no creen que la mejor forma de proteger sería castigar y desalentar a
los agresores?
A pesar de la violencia que se
desató a principios del año con las agresiones ocurridas durante las protestas
del gasolinazo (12 periodistas agredidos en un solo día), desde diciembre (lo
digo como si fuera mucho pero son apenas dos meses), no se había sumado ningún
nombre a la lista de homicidios de periodistas, un ejercicio casi “cotidiano”
en los últimos años.
Él era un periodista de Tierra
Caliente, Guerrero. Trabajaba para diversos medios, era conocido por contar la
historia de los que viven en aquella tierra azotada por la violencia y el
crimen organizado; en su portal de Facebook, donde también informaba, contaba
con más de 50 mil seguidores. Incluso, antes
de su muerte el 2 de marzo, publicó un video por ese medio en donde señalaba la
falta de voluntad política y capacidad de las autoridades estatales para
presentar ante la justicia a integrantes del grupo criminal de Los Tequileros.
Su muerte NO fue incidental, desde septiembre de 2015, había reportado
una serie de amenazas y atentados en su contra, incluso llegó a formar parte
del Mecanismo de Protección Federal pero la falta de alternativas de seguridad
en un contexto tan violento como el de Ciudad Altamarino hizo que finalmente
sus agresores lograron su objetivo. Digo falta de alternativas porque la
única opción de protección que en su momento le otorgaba el Mecanismo era
sacarlo de allá, cambiar su vida por otra.
En un país donde no hay intención de sancionar a los culpables, donde
contrario a esto, se les premia por callar voces, parece que la única opción para salvarte es convertirte en otra
persona, borrar tu historia, renunciar a la vida como la conoces, aceptar que
tu país se olvidó de ti y que no es capaz de asegurarte nada. Sin embargo,
él decidió no renunciar, a pesar de saberlo, de conocer los riesgos a los que
se enfrentaba, en ese último video, en cada una de sus palabras, Cecilio
transmite su pasión por informar, por el periodismo… y como diría Pablo
Sandoval en el Secreto de sus ojos “él puede cambiar de todo. De cara, de casa,
de familia, de novia, de religión, de dios. Pero hay una cosa que no puede
cambiar. No puede cambiar de pasión”.
Cecilio es el segundo periodista asesinado en poco más de un año del
gobierno de Héctor Astudillo Flores y el número 28 en el gobierno de Enrique
Peña Nieto. Del 2000 a la fecha han matado a 101 periodistas.
Descansa en paz Cecilio Pineda
Brito.
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