Francisco Ortiz Pinchetti.
Ricardo
Anaya Cortés enfrenta, a la vez que conflictos diversos en su partido, una
disyuntiva fundamental. El presidente nacional del PAN, dedicado de lleno a la
consolidación de un Frente Amplio Opositor y a ser él quien ostente la
candidatura presidencial del mismo frente a los comicios de 2018, sabe que el caso de su nefasto
correligionario Jorge Romero Herrera, que superó ya todo límite, puede dar al
traste con sus pretensiones: convertido en cacique del panismo capitalino, el
actual coordinador de la fracción del PAN en la ALDF le ha hecho un enorme daño
a su partido y es hoy un lastre para sus posibilidades electorales.
Y es que los sismos del fatídico mes
pasado pusieron al descubierto con mayor contundencia que nunca la corrupción
que imperó en la delegación Benito Juárez de la capital del país, durante la
administración de Romero Herrera en esa demarcación (2012-2015).
En los tres
o cuatro días posteriores a los derrumbes causados por el terremoto diversas
denuncias contra el ex delegado panista ocuparon espacios destacados en
diversos medios, entre ellos SinEmbargo, Libre en el Sur, Reforma, El
Financiero y Excélsior. Ante eso, ni siquiera ha dado la cara. Se escondió.
El dato es tan elocuente como
aterrador: de un total de 38 edificios colapsados en la ciudad, 13 ocurrieron
en Benito Juárez, que en esa forma encabeza la trágica lista de las
delegaciones afectadas. Según un informe oficial, ahí murieron 46 personas. Los
inmuebles derrumbados se ubicaban principalmente en las colonias Del Valle,
Narvarte, Portales, Miravalle, Santa Cruz Atoyac, Zacahuitzco y Niños Héroes de
Chapultepec. Además, hay otros 32 en alto riesgo de colapso. Y 700 personas
desalojadas.
Caso especialmente delicado, por la
indolencia que muestra, fue el del edificio colapsado el 19 de septiembre en
Enrique Rébsamen 241 de la colonia Narvarte, en que murió una vecina y 16
familias quedaron sin hogar. Romero Herrera no atendió en 2014, tres años atrás,
las reiteradas peticiones de la inquilina Rosario Acosta Olivares para que se
realizara un peritaje en el inmueble, que se presumía dañado por el sismo
ocurrido ese año. Ella lo acusó y se hicieron públicos los cuatro twits en que
reiteradamente le solicitó al delegado la inspección, pero ni siquiera tuvo
respuesta. A la postre derivó en una negligencia criminal que de nuevo pone al
PAN en entredicho.
Romero
Herrera fue reiteradamente acusado
durante su gestión de mantener relaciones peligrosas, para decir lo menos, con
diversos desarrolladores que han hecho de la BJ un botín inmobiliario. Al
asumir el cargo, el delegado de marras anunció la “clausura definitiva” de toda
construcción irregular en la demarcación. Simuló mediáticamente una batida
espectacular contra los infractores y ordenó la suspensión de decenas de obras,
“tres cada día” … que al cabo de unos días de serles colocados los sellos
reanudaron sus labores tan campantes. Absolutamente todas. A la postre, ni una
sola fue clausurada en ese trienio, pese a las evidencias documentadas de su
ilegalidad.
Hubo inclusive el caso harto probado
de que la constructora Grupo Rouz, otorgó a Romero Herrera un descuentazo de
1.6 millones de pesos en la compra de un penthouse de lujo en el edificio de
Gabriel Mancera 1542, en la colonia Del Valle. El apartamento tenía un valor de
venta anunciado de cuatro millones 350 mil pesos, pero el panista pagó sólo dos
millones 750 mil pesos, un 35 por ciento menos El caso fue debidamente
documentado en medios y nunca fue desmentido.
Rouz fue la inmobiliaria consentida durante la
gestión del panista, que no tocó ninguno de sus desarrollos. Pese a denuncias
de irregularidades, gozó de plena impunidad.
Ese fue sólo
un caso, ejemplar sin duda. Porque durante los tres años de su administración
menudearon las denuncias vecinales sobre la nada desinteresada tolerancia de su
gobierno a los desarrolladores inmobiliarios, con el pretexto de que ya no
corresponde a las delegaciones el otorgamiento de permisos de construcción, lo que es cierto; pero sí, la supervisión y
en su caso sanción –incluida la
clausura definitiva– del incumplimiento de las normas y de la respectiva
manifestación de construcción presentada por la inmobiliaria, precisamente,
ante la autoridad delegacional.
Durante la
gestión de Romero Herrera, la BJ fue líder en denuncias sobre construcciones
irregulares entre las demarcaciones del entonces DF. Según los registros
oficiales de la PAOT, en los tres años
de la gestión de Romero Herrera se recibieron un total de mil 153 denuncias
ciudadanas correspondientes a la delegación juarense, la mayoría de ellas
referidas a construcciones irregulares y otros abusos de los desarrolladores en
materia de uso del suelo y medio ambiente.
Abundan en
ese y otros temas las fechorías del ahora seguramente aspirante a una nueva
canonjía legislativa por parte de su partido. Una de ellas fue su documentada complicidad con líderes de ambulantes
en la delegación, a los que a cambio de aceptar su incorporación masiva al
padrón panista y de cumplir con su respectivo “moche” no sólo les otorgó
protección absoluta, sino que se asoció con ellos en la construcción y venta
hasta en 160 mil pesos de puestos metálicos fijos “autorizados”, conocidos como
“los grises”, que proliferaron en las principales esquinas de la demarcación.
Antes aún de
asumir la jefatura delegacional, el hoy
líder de la fracción del PAN en la Asamblea Legislativa se ostentó como
“abogado” sin serlo y firmó como funcionario público que ya era –coordinador de
Gabinete y Proyectos Especiales de la DBJ– documentos oficiales, con lo que
incurrió en el delito de usurpación de profesiones, tipificado tanto por el
código federal local como por el Federal en su artículo 250. Un grupo de
vecinos juarenses presentaron demanda formal ante la Procuraduría General de
Justicia del Distrito Federal, a la que se le dio sospechoso carpetazo.
Sin embargo
se refirió a otra fechoría del panista. Publicó que luego de pedir licencia en 2015 para convertirse en candidato a una
diputación plurinominal, se acusó a Romero Herrera de entregar por lo menos 36
contratos a empresas de panistas conocidos suyos, por medio del sistema de
“invitación restringida a por lo menos tres proveedores”. Durante su gestión,
la DBJ dio contratos por más de 50 millones de pesos a empresas de
colaboradores y familiares de Camilo Campos, candidato del PAN a jefe
delegacional de Cuajimalpa; dichas empresas fueron contratadas por esa
administración para la compra de artículos de papelería, coladeras y linternas
y una cena de fin de año para los empleados.
Ya en la
coordinación panista de la ALDF, Romero
Herrera maniobró dolosamente en mayo de 2016 para impedir que el presidente de
la Comunidad Judía en México, Salomón Achar Achar, al que se refirió como “ese
pinche judío”, formara parte del consejo honorario de la Comisión de Derechos
Humanos de la Asamblea, a pesar de que su nombramiento ya había sido
consensuado entre PRI, PRD y PAN. Hecho público el asunto, un claro acto de
discriminación, provocó un conflicto muy serio entre la comunidad judía y la
dirigencia de Anaya Cortés, aun no solventado del todo.
Todo eso y más, mucho más, tiene un
origen bien oscuro.
Romero Herrera se hizo poderoso en
las filas del panismo capitalino a base de trampas y triquiñuelas. Cuando fue diputado local por
primera vez (2006-2009), ocupó a los integrantes de su clan, autodenominados
Los Ocean –a quienes dio puestos en la ALDF– en la falsificación mediante la
afiliación masiva y corporativa de militantes del padrón interno del PAN
capitalino, con la anuencia de la entonces presidenta del partido en el DF,
Mariana Gómez del Campo, a la sazón su compañera sentimental. Esto le permitió manipular a su antojo
cargos partidistas y candidaturas. Y ser el principal proveedor de cambas para
los panistas.
Anaya Cortés conoce bien el tema del
padrón falso, que fue denunciado con lujo de detalles y pruebas por militantes
del propio partido, tanto ante el CEN del PAN como ante el Tribunal Electoral.
Gustavo Madero Muñoz, su antecesor, no atendió las denuncias y solapó a Romero
Herrera, a cambio de su apoyo en la capital para lograr la presidencia nacional
el partido, que ejerció entre 2010 y 2015.
El actual dirigente nacional,
aspirante a la candidatura presidencial, también ha optado hasta ahora por la
tolerancia y el solapamiento. No obstante, los escándalos del farsante Romero
Herrera –que han hundido electoralmente al PAN en la capital– llegan a tal
grado que esa actitud se convierte ya en complicidad.
Ricardo
Anaya Cortés tendrá que decidir, pronto, qué hacer con él: ahora está en juego
su propia viabilidad política. Me dicen que lo piensa muy seriamente. Lo único
que ya no puede es seguirse haciendo guaje.
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