Martín Moreno.
Por supuesto
es de respetarse que el actual secretario de Hacienda y viable candidato del PRI
a la Presidencia confiese que, en 2012,
votó por Peña Nieto. Es su libertad política, y las libertades individuales son
intocables. Así lo quiso y así lo hizo. Punto.
Pero a lo que no tiene derecho José
Antonio Meade, es a burlarse de los mexicanos. A engañar. A ser cínico. Eso sí
que, al menos desde esta columna, no se lo pasaremos por alto.
Porque decir que “México le debe
mucho al PRI”, como lo enfatizó Meade el pasado 14 de octubre en Mazatlán –
frase tan lamentable como tramposa-, configura tres escenarios de botepronto:
Primero, que
Meade ya está hablando como virtual
candidato del PRI a la Presidencia, abonando, con su retórica, su propio camino
hacia Los Pinos.
Segundo, que
ya dejó de ser secretario de Hacienda para amarrarse al discurso sucesorio.
Luego entonces, ha mutado ya de secretario a potencial candidato, con el riesgo
mayor que ello conlleva: politizar, para sus intereses personales, a la
economía. Ya conocemos, históricamente, las consecuencias funestas para el país
bajo esta combinación.
Tercero, que
el regularmente imparcial Pepe Toño
Meade – economista sin partido, que figuró en el gabinete del PAN y ahora en el
PRI y que recurre a la versatilidad como medio de sobrevivencia política-, ya
se asume como priista consumado. Habla como priista y actúa como priista. De
hecho, desde el aniversario del PRI en marzo pasado, ya se había convertido en
un vulgar matraquero priista, enfundado en su chamarra roja y aplaudiendo a
todo lo que decía el jefe nato del partido: el presidente de la República.
Así se transformó Meade en un priista
consumado.
“Es mucho lo que el país le debe al
PRI en términos de su capacidad para generar consensos…no ha habido un solo
paquete económico en la historia moderna del país que no haya contado con el
voto del PRI”, dijo
José Antonio Meade en Mazatlán.
Simplista, y hasta simplón, ese
razonamiento de Meade. (Extraña en un funcionario tan preparado).
Simplista, porque el corazón de la
política es, precisamente, llegar a consensos, así que ningún favor le ha hecho
el PRI a México. Que no presuma Meade lo que es la tarea natural de los
partidos. Es como si se auto felicitara por respirar.
Simplona,
porque el PRI ha sido Gobierno y ha necesitado y se ha servido absolutamente de
todos los “paquetes económicos”, aun cuando fue oposición desleal del 2000 al
2012. Festinar que los presupuestos han
contado con el apoyo el PRI, equivale a decir que un padre de familia exige a
sus hijos pequeños aplaudirle por mantenerlos. Es absurdo el planteamiento.
“México le debe mucho al PRI”, dice
Meade.
¿De veras, ciudadano secretario de
Hacienda?
Pues es hora de que deje usted a un
lado las clases de cinismo y abra mejor las páginas de la historia:
El PRI de la matanza estudiantil de
1968 en Tlatelolco.
El PRI de la matanza estudiantil de
1971 con los “halcones” en San Cosme.
El PRI de López Portillo llevando a
la bancarrota al país.
El PRI de los fraudes electorales,
como el “fraude patriótico” en Chihuahua, o en 1988 arrebatándole el triunfo a
Cárdenas para entronizar a Salinas manipulando el sistema electoral, y tantos
más.
El PRI de Salinas de Gortari y la
crisis económico-financiera más dolorosa de la historia: un millón de mexicanos
perdieron casas, negocios, bienes, empresas, autos, cuentas bancarias.
El PRI del Fobaproa.
El PRI de las recurrentes crisis
económicas.
El PRI de la corrupción.
El PRI de Hank González, Montiel, Del
Mazo, Peña Nieto, y toda esa casta que simboliza a la clase política más
corrupta, dañina y antidemocrática del país: la mexiquense. (A esa misma casta
a la que Meade le deberá, precisamente, la candidatura presidencial. Nada de
que estar orgulloso).
El PRI de los gobernadores que han
saqueado y quebrado económicamente a los estados: los Morerira, Javier Duarte,
César Duarte, Borge, y demás.
El PRI de los gobernadores ligados al
crimen organizado: Villanueva, Yarrington, Vallejo, Eugenio Hernández, y demás.
El PRI de Emilio Gamboa gastándose el
dinero de los contribuyentes para viajar en helicóptero a jugar golf con Peña
Nieto.
El PRI que apadrinó a “La Corcholata”
Salinas para hacerla diputada (¡!).
El PRI de siempre.
De ese PRI
será candidato presidencial José Antonio Meade quien, hoy por hoy, pretende vendernos un presente de agradecimiento al PRI,
en lugar de hacer una reflexión profunda, seria y rigurosa sobre el pasado
podrido del priato y, sobre todo, lo que ha dañado al país.
Meade, sin
duda, es un buen economista. En este espacio lo hemos dicho: fue un error
mayúsculo de Peña Nieto haberlo quitado de Hacienda para sustituirlo por Luis
Videgaray, quien politizó, a la manera del PRI, a las finanzas públicas,
provocando, hasta hoy, el estancamiento financiero del país.
Sin embargo, Meade también refleja
hoy esa enfermedad crónica del político priista: el cinismo.
Meade ya
habla como priista.
Meade ya
actúa como priista.
Meade ya
huele a priista.
Ya veremos
qué dicen las urnas.
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