Adrián López
Ortiz.
Peña Nieto
llegó al poder bajo el halo del “nuevo PRI”. Ya no eran los dinosaurios de
antes sino una generación política diferente. El mismo Peña los presumió en
cadena nacional: Javier Duarte, Roberto Borge, entre otros, como protagonistas
de la renovación tricolor.
Pero hoy el momento es distinto. De
cara a 2018, el presidente llega con apenas dos dígitos de credibilidad
acompañado de su partido en tercer lugar de las encuestas.
Yo no me compro el cuento de que
Andrés Manuel ya ganó. Es el rival a vencer, pero no subestimemos la capacidad del
presidente y su partido para ganar el año siguiente.
Es cierto
que llegarán en una posición débil pero cuidado,
hay elementos para considerar que no habrá ningún miramiento ético-político
para sacar el resultado. Algo así como lo que hicieron en el Estado de México,
pero a escala nacional. Más difícil tal vez, pero no imposible.
¿Por qué si
puede ganar el PRI?
Primero la
vuelta a la “liturgia” del Tapado. Como me decía mi amigo periodista Javier
Garza: los mexicanos estamos encantados otra vez con el rito autoritario de
quién será El Elegido. La comentocracia concentrada en quién fue más aplaudido en
el evento, a quién sentó el presidente a su derecha, con quien se cierra el
ojo, a quién vio medio feo… Olvidamos que estamos ante una de las peores
tradiciones autoritarias del sistema político mexicano. Un reality político que
nos fascina y funciona.
Segundo, el
“dedazo” institucionalizado como “el método de convención de delegados para la
elección de los candidatos” aprobado por el Consejo Político nacional del PRI
en tiempo record. Hacen una Convención para legitimar las instrucciones que
llevan desde Los Pinos y convencernos de que es un método democrático.
Tercero, el cinismo de su líder, Enrique Ochoa,
para lucrar con la necesidad que dejó el sismo del 19-S y defender aberraciones
contra-políticas como la eliminación de los plurinominales y el financiamiento
público a partidos. ¿Acaso cree usted que Ochoa Reza, con todo y doctorado en
Columbia no entiende lo que propone y defiende? Por supuesto, pero no importa.
Porque hay que ganar a como dé lugar y para esas batallas se sabe con el apoyo
de su cuate el presidente. Golpea, que al final algún daño haces.
Cuarto, la destitución de Santiago Nieto de la
FEPADE en lo que apesta a un manotazo presidencial por su actuar crítico en el
caso de corrupción Lozoya-Odebrecht. Tiene razón el encargado del despacho de
la PGR: Santiago Nieto si violó el Código de Conducta, pero no el formal sino
el informal. Atentó contra los intereses del partidazo y el grupo en el poder.
El mensaje está dado: eso no se permite.
No son factores estadísticos. Esos
merecen otro tipo de análisis, sino factores de poder. Hechos que nos permiten
intuir que el PRI y el presidente van por todo en 2018. Cueste lo que cueste.
La puesta en marcha de una estrategia
que nos regresa a lo peor del priismo en pleno 2017: autoritarismo, dedazo,
intolerancia, represión, dinero. La Guerra Sucia en tiempos digitales.
Y hago una
predicción: se van a poner peor. Usarán
todos los recursos y todo el poder del Estado para dividir, golpear, debilitar,
cooptar y corromper. Justo ahora el objetivo son el Frente y Anaya. Si los
bajan, enfilarán entonces contra López Obrador.
¿Por qué no habrían de hacerlo si
funciona?
Son tan
buenos que nos venderán a Meade (o aquel
que más convenga) como el tipo honesto, sencillo y capaz. El antídoto moderado
frente al virus populista. Nos dirán, incluso, que Meade “no es priista”,
cuando en realidad ha sido parte del mismo sistema corrupto.
Y detrás de esa figura aparentemente
limpia veremos la operación partidista en todo su esplendor: el aparato de
calle, el “movimiento territorial”, el manejo de los Institutos Electorales, el
control de los medios, la división de la oposición, la cooptación de
instituciones, las alianzas pragmáticas. Lo que se ocupe, pues.
El proceso
electoral ya empezó, veremos al PRI moderno en el eslogan y al Candidato Limpio
en la campaña, pero al PRI de siempre en acción.
Pero no
olvidemos que en política camino es destino, no importa quién llega sino cómo llega. Recuérdelo a la hora de votar.
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