viernes, 29 de junio de 2018

Instructivo para votantes.


Francisco Ortiz Pinchetti.

Nos dicen muy en serio las autoridades del INE que la llamada veda electoral, los tres días previos a la votación en los que se prohíbe la propaganda electoral y la difusión de encuestas, es un período que los ciudadanos debemos dedicar a la reflexión sobre el sentido de nuestro voto.

Ocurre sin embargo el aturdimiento causado por la estridencia de la campaña, en la que abundaron las descalificaciones, los insultos y las acusaciones mutuas entre partidos y candidatos hace difícil para el ciudadano normal tener la tranquilidad y la ecuanimidad necesarias para de veras ponerse a pensar en cuales, y de quién fueron las mejores propuestas, si las hubo.

Se agradece, eso sí, el cese de los spots, el fin de las declaraciones y el silencio, porque cuando menos podemos descansar unos días o dedicarnos a especular sobre las posibilidades de México ante Brasil el lunes próximo en el Mundial de Rusia 2018 o a pensar cómo le vamos a hacer ahora que los niños entren en vacaciones.

La verdad es que debemos aprovechar estos días no tanto para la reflexión acerca del futuro del país, lo cual lleva un poco más tiempo que esta tregua, pero para estudiar detenidamente el reto al que nos vamos a enfrentar este domingo 1 de julio en la casilla en que nos toca votar. Un galimatías electoral nos espera y muy probablemente acabe por hacernos bolas, si no la pensamos bien.

Una decisión del Legislativo, a mi parecer errónea, aprobó la instalación de casillas únicas para recibir a la vez la votación federal (presidente, senadores y diputados) y la elección local en aquellas entidades donde se va a elegir gobernador, ayuntamientos y congreso local, como el caso de la Ciudad de México, donde tendremos que escoger respectivamente jefe de Gobierno, alcaldes y congreso.

Los capitalinos ubicarán y llegarán a la casilla que corresponda a su sección, harán la cola si la hay, entregarán su credencial de elector, que será confrontada con la lista nominal con fotografía, y recibirán ¡seis boletas seis! de diferentes colores. Deberán entonces dirigirse a una mampara y en secreto cruzar las opciones de su preferencia en cada una de las papeletas. Luego tendrán que doblar cada una de ellas y depositarla con todo cuidado de no confundirse en cada una de las seis urnas respectivas, que tienen el color correspondiente y la indicación de la elección de que se trate (“presidente”, “alcalde”, “diputado local”, “senador”, etcétera). Finalmente regresarán a la mesa para que le sea regresada su credencial, ya marcada de “votó”, y le sea embadurnado su pulgar derecho con tinta indeleble.

Imaginemos lo que todo ese embrollo significa en el caso por ejemplo de los adultos mayores o personas poco informadas, sobre todo en zonas marginadas de la capital del país. Y no se vale que alguien las aconseje, claro.

En el caso de la boleta para presidente y alcalde hay una dificultad adicional. En tratándose de coaliciones electorales las que los postulan, cada candidato aparece tres veces, una por cada partido que lo apoya. Tal es el caso de los presidenciables Ricardo Anaya Cortés, José Antonio Meade Kuribreña y Andrés Manuel López Obrador, que en ese orden aparecerán. El elector deberá discernir no sólo por qué candidato va a votar, sino a través de cuál partido. El cruzar dos o tres círculos, sin embargo, no invalida el voto, lo cual prohijará sin duda mayor confusión a la hora del conteo.

Por supuesto que esta situación va a retardar el conteo de los resultados, como ya lo advirtió el consejero presidente del INE, Lorenzo Córdova Vianelo. Esto a su vez tornará largo y engorroso el llenado de las actas de escrutinio y hará que el flujo de resultados de esas entidades con elección múltiple, tanto para el conteo rápido como para el PREP sea más lento. El propio funcionario electoral calcula que los resultados “irreversibles” del conteo rápido podrán tenerse y divulgarse “a eso de las 11 de la noche”. Antes, por supuesto, empresas y televisoras habrán divulgado las llamadas “encuestas de salida” o exit poll, que no son oficiales, ojo.

Otro elemento que complicará la jornada es el elevado número de personas que participarán en el funcionamiento, la vigilancia y el conteo en cada casilla. Hay que considerar que cada una de las mesas directivas está compuesta por un presidente, dos secretarios (uno para la elección federal y otro para la local) y dos escrutadores para cada caso, además de tres suplentes generales. También podrán estar ahí presentes hasta tres supervisores electorales del INE, así como representantes de cada uno de los nueve partidos contendientes y de sus candidatos, y del candidato independiente. ¡Un tumulto!

Seguramente la lentitud del procedimiento, que será vigilado por casi un millar de observadores internacionales registrados, dará pie a especulaciones sinceras o dolosas sobre la posibilidad de maniobras fraudulentas, lo que es imposible dados los candados existentes en cada paso del proceso.

Es menester, eso sí, que tengamos confianza y mucha paciencia para esperar a que puedan divulgarse por parte del INE resultados preliminares, a través del conteo rápido basado en una muestra diseñada científicamente de actas de escrutinio, y sobre todo aguantar horas para que el flujo de resultados en el PREP pueda alcanzar un nivel suficiente de votación como para esbozarnos quién es el triunfador, aunque siempre en la conciencia de que los únicos resultados oficiales se conocerán hasta el miércoles siguiente, 4 de julio, cuando sesionen las juntas computadoras distritales para hacer el recuento de actas y, de ser necesario, abrir paquetes electorales de casillas determinadas y contar voto por voto.

La transparencia de la jornada y del recuento oficial es crucial para dar certidumbre a los ciudadanos; pero es importante que cada elector haga su parte.

Ojalá les sirva este modesto instructivo para salir con bien de tamaño berenjenal.

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