Salvador
Camarena.
Dado que en
abril se presentaron dos documentos ante la Cámara de Diputados, en términos
reales hoy no sabemos cuál es el Plan Nacional de Desarrollo que el gobierno
federal usará como guía durante el sexenio.
Por tanto,
para esta columna sobre contingencias ambientales usaremos los dos textos, el
que se hizo en Presidencia y el que realizó, a partir de foros, la Secretaría
de Hacienda.
En el
primero, de 63 páginas de extensión, se dedica media cuartilla al tema
ambiental. Media. O, dicho con otra métrica, 181 palabras bajo el título de
Desarrollo Sostenible.
Esta es la
esencia de lo que ahí se expone: “El gobierno de México está comprometido a
impulsar el desarrollo sostenible, que en la época presente se ha evidenciado
como un factor indispensable del bienestar. Se le define como la satisfacción
de necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las
generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades. (…) Por ello, el
Ejecutivo federal considerará en toda circunstancia los impactos que tendrán
sus políticas y programas en el tejido social, en la ecología y en los
horizontes políticos y económicos del país”.
En el otro
documento, de más de 200 páginas, hay un eje transversal dedicado al
“Territorio sostenible”; de ese, en términos de medio ambiente, destacaría que
ahí se promete que “en los casos que resulte aplicable, la determinación de las
opciones de política pública deberá favorecer el uso de tecnologías bajas en
carbono y fuentes de generación de energía renovable; la reducción de la
emisión de contaminantes a la atmósfera, el suelo y el agua, así como la
conservación y el aprovechamiento de los recursos naturales”.
Hay además
en el documento de Hacienda un objetivo, el 2.5, que se propone “garantizar el
derecho a un medio ambiente sano con enfoque de sostenibilidad de los
ecosistemas, la biodiversidad, el patrimonio y los paisajes bioculturales”.
En ese
apartado se reconoce a la contaminación del aire como “un factor de riesgo a la
salud en las ciudades; en 2015 la contaminación atmosférica produjo la muerte
de al menos 20 mil personas. De las 66 ciudades que cuentan con información de
sus redes de monitoreo en el país, todas registraron al menos un día con mala
calidad del aire. De acuerdo con cifras del INECC, en 2017 el área
metropolitana de la Ciudad de México rebasó 64% de los días las concentraciones
de ozono señaladas por la norma”.
Ojalá que
sea este, el segundo documento, el que se termine publicando en el Diario
Oficial de la Federación como verdadero PND.
Porque al
menos se propone algunas estrategias como “conservar y proteger los ecosistemas
terrestres y acuáticos, así como la biodiversidad para garantizar la provisión
y calidad de sus servicios ambientales” y “articular la acción gubernamental
para contribuir a una gestión pública ambiental con enfoque de territorialidad,
sostenibilidad, de derechos humanos y de género”.
Ya se ha
dicho que los planes nacionales de desarrollo son documentos que en nuestra
realidad nacen muertos. Puro trámite. Pero en medio de la primera contingencia
ambiental en tiempos de gobiernos surgidos de Morena, uno quisiera tener claro
si la administración federal tiene un planteamiento correctivo, no solo
paliativo, sobre la realidad medioambiental.
Si nos
atenemos a lo que dicen los planes tenemos que concluir que no hay plan, que
estamos a merced del cambio climático, una constante degradación de recursos
ambientales y un modelo de gestión de las urbes que no se ha planteado a
cabalidad un futuro sin contingencias atmosféricas o hídricas.
La bruma que
verdaderamente importa no es la que ha padecido la capital estos días. Si no la
evidente falta de claridad sobre cómo se pasará de esas generalidades en el PND
a una realidad donde la sustentabilidad, y no la ideología, sea el eje
principal del actuar gubernamental.
Los
anteriores gobiernos patearon el bote. El actual, que ha reducido el
presupuesto de la Semarnat de 36 mil millones a 31 mil millones de pesos,
números redondos, parece instalado en la misma lógica.
¿La llamada
de atención provocada por los incendios en la capital y otras zonas será
atendida para corregir prioridades?
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