Por Adela Navarro Bello.
En 2016 Javier Valdez
Cárdenas, periodista, columnista, reportero, escritor y fundador de Ríodoce,
publicó la reedición de su libro Malayerba. La vida bajo el narco. Hoy día se
vende la reimpresión con un anexo, una frase acompañada de la fotografía del
autor, que dice, “El legado de un periodista valiente asesinado por el
narcotráfico”.
Malayerba fue editado
por primera ocasión en 2009, el prólogo lo escribió el maestro Carlos
Monsivais. Seis años después sucedió la reimpresión, y en marzo de 2017 en la
FILEY, Feria Internacional del Libro en Yucatán, Javier Valdez lo presentó por
última ocasión. El 15 de mayo de 2017 a escasas cuadras de las instalaciones de
Ríodoce, el periódico que fundó y que hoy día encabeza Ismael Bojórquez, Javier
Valdez fue asesinado. Una docena de impactos de bala acabaron con su vida en
medio de una calle que transitó muchas veces entre la alegría de la vida, la
pasión del periodismo y el amor por el prójimo.
Una de las
características de la narrativa de Javier Valdez fue precisamente la empatía.
Escuchar, entender, comprometerse y padecer la vida de las víctimas del
narcotráfico en México. Lo suyo fue un periodismo social, de denuncia, crítica,
análisis y opinión.
En Malayerba, Javier
nos relata con una cruda precisión las vivencias de las víctimas de la
violencia en México. De madres, hijos, hijas, parejas, amigos, que en medio de
una guerra del narcotráfico (intervenga o no el Gobierno), pierden todo.
Pierden la vida, la tranquilidad, la chispa, y se adaptan a la violencia como
quien aprende a caminar. La normalización de la violencia que en México sigue
siendo una realidad allende las políticas públicas de un Presidente u otro, sea
del PAN, del PRI o ahora de Morena.
Los mexicanos viven
entre las balas, la falta de oportunidades, los abusos, la represión y la
violencia. Pocas denuncias y muchas vivencias. De eso escribió Javier Valdez,
en ese contexto defendió a las víctimas, dándoles la voz que ministerialmente
les ha sido negada.
De escribir sobre la
vida bajo el narcotráfico, la suya le fue arrebatada por el narcotráfico.
Una insana lucha entre
los hijos del narcotraficante Joaquín “El Chapo” Guzmán, con Dámaso López Núñez
y sus herederos, acabó con la vida del periodista. Las dos células criminales
son culpables de este atentado a la libre expresión en México. La que ordenó
apretar el gatillo, y la que provocó la violencia en México y en Sinaloa.
Las historias que
relató Javier Valdez son historias de horror. De terror. De violencia extrema
narrada con una crudeza que duele, lacera. Son las historias de México, del
narcotráfico, la violencia, la inseguridad y la impunidad que persiste en los
días actuales. Tres han sido identificados como los asesinos del periodista.
Uno fue asesinado en su propio contexto y dos más buscan el amparo de la
justicia. De los autores intelectuales poco se sabe en términos ministeriales,
aunque los periodistas sabemos quiénes fueron y la sociedad también.
Pero la procuración de
justicia en este país que tiene récord en homicidios dolosos a pesar de que el
Presidente Andrés Manuel López Obrador tenga otros daos, ha estado opacada por
la impunidad. Una impunidad producto de la colusión de investigadores con
miembros del narcotráfico y el crimen organizado, y una impunidad originada en
la falta de capacidad, preparación y recurso en el Ministerio Público Federal.
A dos años que se cumplen hoy del asesinato de Javier Valdez,
no hay justicia. El mensaje en México
persiste: si matas a un periodista no serás investigado, no serás encarcelado.
La impunidad en el caso de los expedientes de atentados contra la prensa es
prácticamente del 100 por ciento.
Ya fuimos enterados de
las terribles condiciones en que el Fiscal General de la República, Alejandro
Gertz Manero,r lo que fue la Procuraduría General dela República, entre cuyas
unidades se encuentra la FEADLE (Fiscalía Especial para la Atención de Delitos
contra la Libertad de Expresión). Pero a más de cien días de asumida la
posición de Fiscal, éste ya no tiene pretexto. El balance ya se hizo, las
condiciones se conocen, y las necesidades están identificadas. Lo que sigue, es
empezar a dar resultados positivos en materia de justicia.
El crimen de Javier
Valdez tiene dos años en la impunidad, pero hay otros periodistas asesinados
cuyos casos no han sido resueltos en 31 años (Héctor Félix Miranda), en dos años
(Miroslava Breach), en quince años (Francisco Javier Ortiz Franco), en menos de
tres semanas (Telésforo Santiago Enríquez), y más de 140 periodistas asesinados
en México desde el año 2000.
Desde el lunes 13 de
mayo hasta el miércoles 15 de mayo de 2019, en Culiacán, Sinaloa, los
compañeros que fueron de Javier Valdez y periodistas de todo México, se reúnen
para honrar la memoria del escritor en lo que se ha denominado la Segunda
Jornada Malayerba, en claro honor al libro del periodista.
Las jornadas son para
recordar el compromiso de Javier, para exigir al Gobierno federal, ahora
encabezado por Andrés Manuel López Obrador, que haga su trabajo, que acabe con
el origen de la violencia, causa de los crímenes. Para denunciar al Fiscal la
urgencia de justicia en este y en tantos cientos de miles de asesinatos
cometidos en México cada sexenio, para recordarles a los periodistas que hacer
periodismo de investigación abona a la justicia, exhibe la corrupción, devela
la incapacidad gubernamental, y da voz a las víctimas, como lo hizo Javier
Valdez hasta que lo mataron.
Hace dos años, después
de relatar la vida bajo el narcotráfico que muchas familias experimentan en
México, Javier Valdez fue asesinado por el narcotráfico. Lo que en Sinaloa se
busca, lo que la República necesita, es que se ejerza el Estado de Derecho, que
no haya perdón ni olvido, que haya justicia para todos.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario.