Atzayaelh Torres.
“Mejor, imposible”, dijo en mayo de 2016 Luis Robles,
entonces presidente de la Asociación de Bancos de México sobre el Plan de
Negocios de Pemex 2016-2021 presentado un día antes por José Antonio González
Anaya, cuando dirigía la petrolera nacional, “demuestra claramente la
viabilidad de la Empresa Productiva del Estado”, añadió.
En la realidad ninguna
de las metas ahí expresadas se cumplió, ni en producción (2.03 millones de
barriles diarios de crudo contra 1.7 que ‘medio se sostiene’ este año); ni en
asociaciones, pues de los 60 farmouts que se tenían detectados, no se pudieron
concretar ni cinco.
Ya en refinación ni
hablamos, prometieron reconfigurar las refinerías (supuestamente ya
reconfiguradas) mediante suntuosas asociaciones, ¿el saldo? el procesamiento en
su menor nivel histórico.
En resumen, fue un
documento plagado de ambiciosas (que no buenas) intenciones que se quedaron
muy, pero muy lejos de ser realidad. Pero que en su momento fue muy aplaudido y
generó mucha confianza, de la que ya quisieran hoy aunque sea la mitad.
De tal manera que quien
espere un Plan de Negocios que deslumbre a los mercados internacionales y
consiga la aprobación de todos sus críticos, quedará muy decepcionado.
El Plan de Negocios
para el sexenio quedará corto para muchos, pero será, en esencia, el Plan
Nacional de Hidrocarburos que se presentó en diciembre de 2018, cruzado con
algunas buenas intenciones del Plan Nacional de Desarrollo, y con las metas
esperadas de los programas de apoyo fiscal que ha instrumentado la Secretaría
de Hacienda.
El documento tan
esperando debe ser presentado a más tardar el último día de este mes al Consejo
de Administración de la Petrolera Nacional, para ser enviado al Congreso
durante el siguiente mes, y finalmente presentado en alguna mañanera de julio.
Algunas posibles
sorpresas son metas más realistas en refinación, y algunos ajustes por unos
cuantos miles de barriles en producción de crudo.
El Plan de Negocios
será ‘Pemexcéntico’, no aceptará la competencia, y erigirá a Pemex como el
centro de la industria, la esencia de la política de energética de la #4T.
A pesar de que una
buena parte del gobierno, especialmente en Hacienda, saben de la importancia de
elaborar un documento seductor en endulce oídos financieros, la realidad es que
su elaboración depende totalmente de la petrolera, la única oportunidad que
tendrá la oficina de Urzúa de meterle mano será cuando llegue al Consejo de
Administración, en el que es integrante.
La nueva administración
de Pemex no caerá en la tentación del pasado gobierno de hacer un Plan de
Negocios lleno de falacias y metas inalcanzables para arrancar los aplausos de
los dueños del dinero en el mundo, pero tampoco tiene la mínima intención de ayudar
a fortalecer la imagen internacional de la petrolera, tan debilitada por las
polémicas decisiones operativas y financieras.
En la mesa.
Las mesas para negociar
el Contrato Colectivo de Trabajo de Pemex están siendo convocadas en cada una
de las 36 secciones del Sindicato-Deschamps, quien aún controla la mayoría,
frente a la oposición de Petromex que poco a poco escala en las preferencias de
los petroleros.
Rescate a CFE.
El 8 de mayo pasado los
directivos de la CFE presentaron al Presidente Andrés Manuel López Obrador el
plan para rescatar a la empresa productiva del Estado. Entre los temas que
aborda se encuentran tarifas, incremento en la generación, fortalecimiento de
redes de distribución, y los programas de Anticorrupción y Austeridad. Es cuestión
de días para que sea presentado en alguna de las mañaneras.
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