Salvador
Camarena.
Los
aeropuertos internacionales son un gran escaparate al mundo. Para muchísimas
personas, esa entrada cincela la primera impresión que tendrán de un país.
Representan una carta de presentación de lo que es ese lugar, y un atisbo de lo
que ocurre en una sociedad en un momento dado.
El de la Ciudad de México huele a
porquería y ahí se experimenta –no importa cuando leas esto– caos, saturación,
suciedad, decadencia e improvisación. Así lo quisieron los peñaboys, que salvo
el afán que mostraron por incrementar los espacios comerciales, con lo cual
dificultaron la movilidad dentro de la terminal aérea, literalmente dejaron al
garete el Aeropuerto Internacional de Ciudad de México.
Llegó el
nuevo sexenio y, como ya es sabido, hoy Texcoco acumula polvo que no proviene
de la construcción de una terminal aérea. En contraste, suenan las trompetas de
júbilo oficial porque la base militar de Santa Lucía será convertida en
aeropuerto internacional.
Imaginen qué
gran oportunidad para México. En unos cuantos años podríamos inscribir al
aeropuerto de Santa Lucía en los World Airport Awards, premios del portal
especializado en transporte aéreo Skytrax a las mejores terminales aéreas.
A través de
ese portal, apenas en marzo, y por séptimo año consecutivo, el aeropuerto de
Changi, en Singapur, ganó el primer lugar como mejor del mundo. Este aeropuerto
fue diseñado por el arquitecto canadiense-israelí Moshe Safdie. Los premios se
otorgan según la opinión de más de 13 millones de viajeros de 160 países.
Cabe
mencionar que Moshe Safdie Arquitectos también fue responsable de la
construcción del Aeropuerto Ben Gurion de Tel Aviv, Israel, y la terminal 1 del
Aeropuerto Internacional Pearson de Toronto, Canadá.
Menciono a
Safdie porque los grandes aeropuertos llevan consigo la firma de su arquitecto.
El italiano Renzo Piano, por ejemplo, construyó el aeropuerto internacional de
Kansai (Japón), hoy considerado una hazaña de la ingeniería.
Hablando de
arquitectos clásicos en términos de aeropuertos, tenemos a Paul Andreu.
Fallecido el 11 de octubre de 2018, el francés hizo los aeropuertos
Charles-de-Gaulle de París-Roissy, Abu Dabi y El Cairo, entre otros.
Y, por
supuesto, está Norman Foster, quien tiene un total de 7 aeropuertos
construidos, entre ellos el de Beijing (China), Stansted (Reino Unido), Queen
Alia (Amman, Jordania), Hong Kong y Kuwait.
Para cerrar
esta galería de arquitectos y aeropuertos, podemos mencionar a Hans Busso von
Base y asociados Heinz Blies, Roland Büch y Niels Kampmanss, que diseñaron el
Aeropuerto de Múnich, Alemania.
Y a Richard
Rogers y Lamela Arquitectos, del Aeropuerto Barajas de Madrid. El británico
Rogers fue premiado con el Premio Pritzker de Arquitectura 2007.
Volvamos a
Foster. Como se sabe, diseñó también el proyecto del malogrado NAIM. En tándem
con el mexicano Fernando Romero, el despacho del británico fue seleccionado en
2014 para llevar a cabo la obra magna del peñismo en el exlago de Texcoco.
Según
resumió la revista Obras, Foster explicaba en 2017, por aquellos años, que el
NAIM sería “revolucionario porque a diferencia de los aeropuertos tradicionales
con paredes y techos totalmente rectos, esta obra no los tendrá, con el
objetivo de hacer fluir de forma natural la luz y el aire; además será como un
enorme barco debido a la cantidad de agua que hay en el área y será capaz de
moverse ante cualquier movimiento del terreno”.
Y luego
llegó el cambio y adiós a Foster y su barco en forma de X.
Dicho lo
cual, sólo por hoy dejemos de cuestionar si Santa Lucía es o no una buena idea
(no lo es) y sólo formulemos una cuestión muy concreta: ¿quién es el arquitecto
de Santa Lucía? ¿Quién va a firmar esa obra? ¿Qué experiencia tiene, nacional o
internacional en aeropuertos? ¿Qué tal diseña?
No me van a
salir con que el arquitecto de Santa Lucía es el ingeniero Riobóo, ¿o sí?
Se entiende
que la nueva administración cree que más allá del Bravo y del Golfo de México
todo es Cuautitlán, y que no necesitamos a nadie de afuera para que nos diga
cómo hacer las cosas. Pero cuando ya rugen los trascabos, y se airean las
protestas de los pueblos vecinos a la base aérea que no han sido consultados,
de plano ¿no nos van a presentar al arquitecto de Santa Lucía? Qué misterio.
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