Alejandro
Calvillo.
Si algo se
puede hacer frente a la epidemia de obesidad y diabetes que se vive en México
es con los niños y es urgente hacerlo. Si actualmente más del 70% de la
población adulta mexicana presenta sobrepeso y obesidad, se estima que uno de
cada dos niños mexicanos menores de 10 años va a desarrollar diabetes a lo
largo de su vida. De hecho, ya somos el país de gran población con mayor
incidencia de muertes por diabetes en el mundo.
Bimbo se ha
sumado a la estrategia desarrollada por Coca Cola-FEMSA para bloquear la única
posibilidad que tienen los padres de familia, los adolescentes, los propios
niños, la población en general, para saber de forma sencilla y rápida, si un
producto tiene altas concentraciones de azúcar, grasas, sodio. Bimbo y Coca Cola
FEMSA se oponen a un etiquetado que advierta a los consumidores si el producto
presenta un alto contenido de estos ingredientes y pretenden que se establezca
un nuevo etiquetado frontal en alimentos y bebidas que oculta el contenido alto
de azucares, grasas y sal.
En 2011, a
través de ConMéxico, y con la complicidad de COFEPRIS y Secretaría de Salud,
establecieron un etiquetado frontal en alimentos y bebidas que no es entendible
e induce al consumo de cantidades de azúcar que representa un riesgo a la salud.
Frente a la propuesta de un etiquetado de advertencia, como el establecido en
Chile, Perú y próximamente en Uruguay, que indique si el producto es alto en
azúcares, grasas y sal, apoyado por las representaciones de las organizaciones
de Naciones Unidas en México, por un amplio grupo de expertos nacionales, por
el Instituto Nacional de Salud Pública y numerosos organizaciones civiles,
Bimbo y Coca encabezan una batalla en contra que busca mantener a los
consumidores mexicanos ciegos frente a los que se llevan a la boca.
La
estrategia de cabildeo ha llevado a Coca Cola FEMSA al grado de establecer un
centro de cabildeo en la misma contra esquina del Senado de la República. A
parte de que Bimbo y Coca Cola agasajan a Senadores de la Comisión de Salud en
el Club de Industriales, Coca Cola FEMSA lleva a los legisladores a recorrer la
“exposición” que se encuentra a puertas cerradas a unos pasos del Senado. En
ella, a través de pasillo y diversos salones, se explica que todo lo que se
dice de esta empresa es falso, que esta empresa hace todo lo contrario a lo que
se dice de ella. Los invitados recorren las diferentes facetas críticas de la
refresquera: no es una de las mayores contaminadoras de plásticos del planeta y
el país, recicla; no es cierto que extraiga el agua de los acuíferos en
regiones donde las comunidades carecen del recuso, siembra árboles para
capturar la lluvia; no es cierto que tenga responsabilidad en la epidemia de
obesidad y diabetes, tiene productos sin azúcar y promueve la actividad física;
en fin, genera empleos. El recorrido termina con la entrega de una lleva de
Coca Cola al visitante para que sepa que siempre puede visitar a la empresa.
Coca Cola
tiene una larga lista de casos de escándalo muy bien documentados: creando
instituciones y financiando a científicos para que argumenten que su producto
no daña la salud, para que afirmen que las políticas regulatorias como
impuestos, prohibición de la publicidad, etiquetados de advertencia, son
contraproducentes; financiamiento a asociaciones de profesionales en salud para
neutralizarlos o para que argumente a su favor, asociaciones de diabetes, de
nutrición, etc; introducir aliados en los gobiernos, especialmente, en las
áreas regulatorias; atacar a quienes promueven las políticas regulatorias que
afectan sus intereses, etcétera, etcétera, etcétera.
En algún
momento, la empresa Bimbo mostró cierta ética al establecer criterios más o
menos razonables, para que aquellos productos que no cumplieran con ellos no
los publicitaría a niños, lo que comprendía, además de la publicidad, no
incluir regalitos o promociones en los mismos. Los pastelillos de Marinela y
los productos de Barcel dejaron de publicitarse para niños. La experiencia duro
poco, unos meses, el suficiente para ver que, por ejemplo, sus ventas de Barcel
sin promociones para niños, caían frente a las Sabritas con tasos. Les
comentamos que solamente una regulación para todos podría poner el piso parejo,
no respondieron nada, no podían sugerir una regulación al seguir siendo parte
de ConMéxico, lidereada por el radicalismo de Coca Cola FEMSA, opuesta a
cualquier regulación. Bimbo ha decidido ponerse ya totalmente del lado de Coca
Cola FEMSA, parte importante de su producto se vende a través de las cerca de
20 mil tiendas Oxxo, encargadas de la venta de los tres productos claves en la
epidemia de enfermedades no transmisibles: cigarros, alcohol y comida chatarra.
¿La pregunta
es si el interés de una industria que debe mostrar cada tres meses a sus
accionistas que sus ganancias han aumentado, para los cual debe vender más,
debe participar en el diseño de una política de salud pública que debe estar
dirigida a que venda menos de parte de sus productos?
Durante la
administración anterior, la más corrupta que hemos vivido, la política de salud
pública de combate a la obesidad estuvo al servicio de la industria de ultra-procesados
y bebidas azucaradas, sometida a sus designios, estableciendo etiquetados,
regulaciones a la publicidad ya a los alimentos en escuelas, que fueron una
profunda simulación. Fue el más claro ejemplo de interferencia del poder
económico sobre el poder político.
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