Martí Batres.
Históricamente
la relación entre Estados Unidos y México ha sido compleja. En estos días en
diversas esferas del Estado mexicano se toman decisiones que afectarán el
futuro en el marco de los vínculos con nuestros vecinos del norte.
El acentuado
desequilibrio existente entre los países de esta región nos obliga siempre a
recordar que México es un país soberano.
Por eso,
ante la amenaza unilateral de imponer aranceles, nuestra sociedad demandó a sus
gobernantes y representantes la defensa clara del supremo interés nacional.
Al lado de
una prudente diplomacia debe estar por ello, también, la solidez en la defensa
de nuestra sociedad, la consistencia en la defensa de nuestra economía y de
nuestro Estado nacional.
México se ha
negado a reducir el tema migratorio a la visión de la fuerza y la coerción. En
cambio, lo ha colocado en su justa dimensión que es, más bien, el del respeto a
los derechos humanos y, en su caso, de desarrollo económico y social.
Ya el exilio
español, que conmemoramos en estos días, ha demostrado cómo una migración puede
llegar a ser enriquecedora para una nación en el ámbito cultural pero también
en el económico y el social.
En este
contexto, el papel que le toca jugar al Congreso de la Unión es el de la
vigilancia crítica de la actuación del Poder Ejecutivo Federal. Por eso, se
realizó esta semana la comparecencia ante el pleno de la Comisión Permanente,
de los titulares de las secretarías de Economía y Relaciones Exteriores,
Graciela Márquez y Marcelo Ebrard, respectivamente.
No obstante,
el papel de contrapeso del Poder Legislativo no es un impedimento para ejercer
la responsabilidad de unir esfuerzos entre los poderes del Estado para defender
el interés nacional en una coyuntura compleja como esta.
Sin duda,
fue satisfactorio escuchar en voz de los secretarios de Estado la disposición
para ir juntos los poderes Ejecutivo y Legislativo a los siguientes tramos de
la negociación del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá.
El canciller
le tomó la palabra al Congreso de la Unión y los legisladores le tomaron la
palabra a su disposición. Este hecho debe derivar sin duda en el
fortalecimiento de una relación institucional que tome siempre en cuenta la voz
del Senado de la República.
Nos
congratuló escuchar por parte de los representantes del Ejecutivo que no
estamos en la ruta de definir a México como un tercer país seguro al tiempo que
se alcanzó, en días pasados, el objetivo estratégico inmediato de frenar la
aplicación de la amenaza arancelaria y así se ha reconocido por parte de los
legisladores.
Que se
mantenga dicho objetivo sin sacrificio de principios y derechos, es ahora la
expectativa.
La
comparecencia de Graciela Márquez Colín, secretaria de Economía y de Marcelo
Ebrard Casaubón, secretario de Relaciones Exteriores ante la Comisión
Permanente del Congreso de la Unión fue un ejercicio extraordinario de
transparencia diplomática, significó un valioso gesto de intercambio de
información, colaboración y trabajo conjunto que fortalecerán las bases de
confianza y unidad en este complejo episodio.
Hacemos
votos porque esta difícil coyuntura pase a la historia como un capítulo de
refrendo de la soberanía de México, de la solidaridad de los pueblos, del
respeto a los derechos humanos y del desarrollo económico.
La
colaboración, el respeto y el trato unitario ante la adversidad mostrado por
los Poderes de la nación debe convertirse en un ejemplo importante para la
sociedad entera. En estos momentos de definición la mejor respuesta es la
unidad entre los mexicanos.
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