viernes, 26 de julio de 2019

Marko y Yeidckol: revelaciones - Presuntos canjes estatales - Relección, tema duradero - Ni con la firma de AMLO se diluye.


Julio Astillero.

El caso Baja California sigue produciendo material político de baja estofa, en consonancia con las hechuras que buscan prolongar el mandato como gobernador del morenista Jaime Bonilla Valdez. Ahora ha sido el dirigente del Partido Acción Nacional, Marko Cortés, quien ha aportado una versión a destiempo y sin mayores pruebas de que la presidenta de Morena, Yeidckol Polevnsky, y la casi renunciante secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, habrían intentado canjear una gubernatura interina en Puebla por la extensión del periodo de mando en Baja California, considerando que dicha prolongación favorecería a quien fuera candidato de Morena al mando en la entidad norteña.

Hasta ahora, se trata de dichos. El panista Cortés se atiene a sus propias palabras y la morenista Polevnsky refuta en los mismos términos. La ex dirigente empresarial agregó que el blanquiazul le habría propuesto que Morena no presentara candidato a la gubernatura interina luego de la muerte de Martha Érika Alonso en Puebla para ceder cortésmente el paso a Acción Nacional, que oficialmente había ganado la gubernatura de seis años: Yeidckol habría contestado que no, que eso sólo podría suceder sobre su cadáver.

Por lo pronto, queda de manifiesto una ruptura en los términos convencionales de diálogo entre políticos profesionales que suelen explorar con la mayor soltura las más extremas, y a veces aberrantes, posibilidades de negociación en casos complicados, con la confianza de que esos diálogos crudos quedarán en la confidencia del oficio. Cortés aparece así como alguien que es capaz de revelar pláticas confidenciales para afectar a sus contrincantes aunque en ello se juegue la futura confianza de sus interlocutores.

En ese contexto, los entretelones que se sugieren, ciertos o falsos, exagerados o acotados, añaden elementos de polémica y duda en procesos tan accidentados (incluso en términos prácticos, aeronáuticos) como han sido los de Puebla y Baja California. En la entidad citada en primer término se aplastó política y electoralmente a Acción Nacional mediante una extraña alianza con segmentos priístas que permitieron colocar como gobernador interino a Guillermo Pacheco Pulido, miembro relevante del partido tricolor, quien facilitó el camino para el triunfo de Miguel Barbosa. En Baja California hubo una alianza entre el panismo del gobernador saliente, Kiko Vega, y el morenismo del amigo Jaime Bonilla Valdez, para garantizar tranquilidad al primero y continuidad de calendario al segundo.

La gran ironía es que con tanto esfuerzo por abatir las especulaciones sobre pretensiones releccionistas del morenismo y, en particular, del propio presidente Andrés Manuel López Obrador, el tema de la continuidad en el poder está más presente que nunca en una mesa de discusiones públicas precozmente montada y probablemente de duración prolongada.

Ni siquiera la firma ante notario público del compromiso de AMLO de no aferrarse a la Presidencia satisfizo plenamente a sus encarnizados adversarios. A unos les pareció tramposo el fraseo utilizado, otros consideraron que ese compromiso notariado podría ser tirado al bote de la basura circunstancial si el pueblo le pidiera al tabasqueño que buscara más tiempo al timón nacional para completar sus proyectos y algunos más protestaron incluso por la discusión tan amplia de este tema cuando debería bastar la lectura de la Constitución para asumir que no habría cabida para intentos de mantenerse en el poder fuera de los plazos sexenales.

Por lo pronto, cancelado mediante la mencionada firma del compromiso andresino, el tema de la relección sigue en cartelera y probablemente seguirá a lo largo de la temporada sexenal, con funciones redobladas cuando se acerque el tramo final de la estancia de AMLO en la silla presidencial.

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