Por Verónica
Espinosa.
Desde mayo
de 2015 la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat)
conoció, a través de la delegación estatal, la intención del empresario panista
Sergio Fernando Ascencio Barba de construir un fraccionamiento turístico con
hotel en la Sierra de Santa Rosa, un área de preservación ecológica y con
vocación forestal en esta capital.
Casi cinco
años después, ya hecho el daño, la Procuraduría Federal de Protección al
Ambiente (Profepa) colocó un sello de clausura al desarrollo inmobiliario, por
carecer de la autorización de cambio de uso de suelo con vocación forestal y
manifestación de impacto ambiental.
Entre 2015 y
2019, Sergio Ascencio Barba se convirtió en diputado federal por el Partido
Acción Nacional (PAN). En ese tiempo obtuvo permisos municipales, incluido un
cambio de uso de suelo. Entonces se talaron árboles para habilitar planchas de
concreto para los accesos donde se levanta no un hotel, sino un fraccionamiento
residencial llamado Cucursola, que transformó el paisaje en la loma del predio
conocido como La Rosita.
El
proyecto abarca más de 67 mil metros cuadrados, en los que se trazaron 51 lotes
residenciales con casa club y otros servicios. Los adquirientes no sólo podrán
disfrutar de la vista serrana, sino que vivirán dentro de una de las
principales áreas naturales del estado.
Este
centro turístico compartiría el abasto de agua de la presa Peralillo con los
habitantes de varias comunidades de la zona. La petición inicial –aprobada por
el Comité de Agua de la comunidad de Santa Rosa de Lima (ubicada en la
carretera de Guanajuato a Dolores Hidalgo)– fue de 700 metros cúbicos
mensuales.
Sin embargo,
la demanda de agua para el fraccionamiento aumentó a mil 800 metros cúbicos,
lo que provocó el rechazo del comité y el enojo de los vecinos de Santa Rosa y
comunidades aledañas.
El conflicto
por el líquido evidenció que el negocio inmobiliario del diputado
(representante legal y administrador único de la empresa Loma de Irapuato, S.A.
de C.V., a cargo de la construcción y venta de Cucursola) no tiene una sola
autorización de las instancias federales, a las que, por las características y
vocación de la zona, correspondería conocer y resolver la viabilidad o no del
proyecto residencial, como lo documentó la reportera Carmen Pizano en notas
publicadas en el portal digital Poplab.mx.
EL DIPUTADO
QUE GUARDÓ SILENCIO.
En 2015, como
delegado de la Semarnat, Israel Cabrera Barrón, exregidor y exfuncionario
municipal, militante del Partido Verde Ecologista de México (PVEM), fue
enterado mediante una consulta realizada por el propio Sergio Barba Ascencio,
del interés de la empresa Loma de Irapuato –que administra– por construir un
complejo turístico.
A principios
de 2016, el mismo delegado autorizó (previa inspección por personal a su
cargo) un aprovechamiento de recursos “en terrenos diversos a los forestales
ubicados en el predio La Rosita, municipio de Guanajuato”, según se lee en el
oficio GTO.131.1.2/0022/16. El aprovechamiento abarcaba “dos árboles de
encino”.
Cabrera
Barrón terminó su gestión como delegado de la dependencia federal en marzo de
2018, y en septiembre de ese año se convirtió en diputado local del PVEM.
Este martes,
en conferencia de prensa –varias semanas después de que se hizo pública la
situación del fraccionamiento Cucursola–, Cabrera anunció que presentará “una
queja ante Derechos Humanos para proteger a los habitantes de la zona”, y
después, cuando reúna la información suficiente, acudirá ante instancias
federales como la Profepa.
El diputado
local, originario de la capital del estado, con maestría en Ciencias
Ambientales, reconoció el grave impacto que representa para esta área
natural el desarrollo inmobiliario que construye la empresa Loma de Irapuato.
“El tema
del agua es delicado, primordial, hoy la comunidad de Santa Rosa está
preocupada porque ese desarrollo puede desabastecer del agua suficiente. De por
sí la comunidad ha estado sufriendo, porque se le ha abastecido por tandeos;
esto ha generado ya una crisis en la comunidad. La gente está muy preocupada
por el hecho de que se autorice el desarrollo y tenga que ser abastecido de la
presa de Peralillo, con una alta probabilidad de que la gente se quede sin
agua”, puntualizó el
legislador, acompañado del dirigente estatal de su partido, Sergio Contreras.
Explicó
que las especies nativas de la zona, entre ellas venados, se topan actualmente
con las cercas perimetrales de acero y piedra de cantera que fueron levantadas
por la inmobiliaria, lo que les impide el libre tránsito y pone en riesgo su
supervivencia.
“Hay que
hablar también del impacto visual que ya se generó con la huella de concreto
que ya se colocó en la zona; está causando un gran escozor en la población de
la zona”, soltó.
Cabrera
Barrón tiene claro que los procedimientos y trámites que debieron cumplirse
para la autorización de este fraccionamiento “se saltaron”. Y tras reconocerse
como “un técnico” conocedor de la normatividad en materia ambiental y con la
experiencia como exfuncionario municipal y exdelegado de Semarnat, dijo que
acudirá a la Procuraduría de Derechos Humanos y después a las instancias
correspondientes, porque le falta información para señalar quién tiene la
responsabilidad jurídica.
“Debemos
darle (a la Profepa) todos los elementos junto con la comunidad, que ya tiene
mucha información al respecto, y dependiendo de la información que se tenga
(para) una denuncia penal”, argumentó.
No obstante,
en los oficios que el mismo Cabrera emitió cuando fue delegado de Semarnat
aparece claramente señalada la empresa Loma de Irapuato, S.A. de C.V., y como
administrador Sergio Fernando Ascencio Barba, actual diputado federal del PAN.
Con la
construcción avanzada y ahora clausurada, la autoridad federal deberá
determinar mediante el mapeo del sistema de seguimiento de información forestal
“en qué momento se empezó a impactar y en qué estado se encuentra, aunque ya
los impactos son negativos, es un hecho”, explicó el legislador del PVEM.
“Sobre
ese impacto se puede determinar las acciones que se deben realizar, las condiciones,
y dictaminar medidas precautorias, que de entrada sería la demolición de
caminos de concreto y el retiro de las cercas. En el caso de los árboles está
más complejo, pues hay que determinar qué especies se deben volver a colocar”.
–Cuando
fue delegado conoció la intención del empresario de construir en esa zona.
Usted es de Guanajuato, ¿no se enteró de lo que pasaba? –preguntó Apro a Cabrera.
–Voy
frecuentemente a la Sierra de Santa Rosa como académico de la Universidad de
Guanajuato… (pero) para tratar que no fuera un tema político, he estado
alimentando de información a esos catedráticos y maestros. No quería que se
generara un conflicto de interés, porque en aquel momento fui autoridad, pero
sí he informado y capacitado a la gente de la zona –respondió.
Por lo
pronto, con el apoyo de organizaciones locales de ambientalistas, los
habitantes de las comunidades aledañas a la presa de Peralillo preparan amparos
contra la posibilidad de que el proyecto inmobiliario continúe, y con ello el
riesgo de sufrir por el abasto de agua.
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