Gustavo De
la Rosa.
Mientras
quienes tienen voz en el país discuten acerca de los grandes temas, crean
polémica y descalifican o defienden las ideas de Andrés Manuel López Obrador,
un ejército de empleados federales se esfuerza por modificar las relaciones
entre el Estado y la población.
A ellos
digo, nunca deben olvidar que el objetivo de este gran movimiento es, y seguirá
siendo, hacer que el país avance y se convierta en una nación moderna y digna
del siglo XXI, en la que impere el Estado de derecho, el respeto y la
solidaridad por los desposeídos, y el apoyo a los jóvenes para que construyan
su futuro; deben tener muy claro que México está integrado por una gran
cantidad de comunidades y conjuntos sociales que deben desarrollarse junto con
la nación, y de nada sirven los avances económicos si no benefician a la
población, mejorando su calidad de vida.
El movimiento
político electoral que hoy es Morena, que se ha ido desarrollando desde el
cardenismo de 1988, sostiene una visión de equidad, de apoyar al que está en
desventaja para que se acerque al que le lleva la delantera, y de dar una
oportunidad igualitaria a todos, partiendo de la realidad concreta; es esta
realidad la que les toca enfrentar a estos empleados federales, pues son los
encargados de empujar, jalar y apoyar a esos grupos vulnerables, integrados por
millones de ciudadanos víctimas de un modelo económico injusto y mezquino.
No hay país
que pueda avanzar si tiene abandonados a sus ancianos, pues apoyar a los
mayores de 68 años es una obligación moral, económica y social, porque ellos
son los que trabajaron para construir el país que ahora existe; pero no basta
con entregarles un recurso para que mejoren su situación personal, sino que
deben ser empáticos con ellos y acercárseles de forma humilde y comprensiva, ya
que los grupos vulnerables necesitan sentir el apoyo moral.
Aquí está su
disyuntiva, ¿son verdaderamente diferentes a los empleados federales de antaño,
reúnen los requisitos y emociones necesarias, o son simples burócratas del
bienestar? Es indispensable que estén convencidos y que acepten, en lo más
profundo, que para transformar al país deben primero transformarse ellos, y no
ser parte de la enfermedad social en la que se han convertido tantas
instituciones.
Trabajar con
la Cuarta Transformación, y específicamente en el área de bienestar, es su gran
oportunidad para obrar por los desvalidos, para llevar equidad y un poco de
justicia social a los que carecen de lo más indispensable, pero esto se debe
hacer con una sonrisa, con un abrazo y con un gesto de comprensión, humildad y
sinceridad; si tenían el sueño de cambiar al país, deben hacerlo de forma
competente y con la capacidad de ejercer su trabajo, no se trata de una chamba
más, se trata de llevar la esperanza de un mejor futuro y de un mejor Gobierno.
Con ellos,
con los empleados federales, es con los que el Gobierno no puede fallar, porque
son el contacto cotidiano con el pueblo, y el pueblo quiere ser atendido por
buenas personas, no por burócratas prepotentes y autoritarios; en sus manos,
ellos llevan la transformación y el reconocimiento de derechos, no limosna.
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