Martín
Moreno.
Tres
declaraciones durante la emergencia mundial por el coronavirus. Tres momentos.
Tres irresponsabilidades:
“Nadie tiene
porqué estar acosando al señor licenciado Andrés Manuel López Obrador como
persona. Esa es su privacidad… Los mecanismos no son el andar haciendo
recomendaciones generales para que aterricen en el Presidente…Voy a decir una
cosa muy pragmática: casi sería mejor que (AMLO) padeciera coronavirus, porque
lo más probable es que él, en lo individual, se va a recuperar espontáneamente
y va a quedar inmune. La fuerza del Presidente es moral. No es una fuerza de
contagio…”: Hugo López-Gatell, Subsecretario de Salud federal. (16/Marzo/2020).
“No debe
haber alarma. Se piensa que el coronavirus no es tan dañino…Los conservadores
quisieran que todos nos contagiáramos de coronavirus (¿?)…Lo del coronavirus,
eso de que no se puede uno abrazar, hay que abrazarse, ¿eh? No pasa nada… No
nos van a hacer nada los infortunios, las pandemias”: Andrés Manuel López
Obrador, Presidente de México, en diversas intervenciones.
“Continúa en
pie (Vive Latino), porque las autoridades de salud federales y locales no
consideran necesaria su cancelación. No se aplicarán medidas adicionales”:
Claudia Sheinbaum, jefa de Gobierno de la ciudad de México. (13/ Marzo/ 2020).
Asistencia el pasado fin de semana al evento: más de 60 mil personas.
Ante las
medidas de emergencia asumidas en otros países por los 170 mil casos de
coronavirus a nivel mundial y más de 6 mil 600 muertos (reporte de la OMS hasta
el 16 de marzo): cuarentenas, cierre de fronteras, suspensión de vuelos de
Europa hacia Estados Unidos, cancelación de eventos masivos y medidas
sanitarias extremas, tanto el Presidente como el Gobierno de México decidieron,
sencillamente, ignorar las recomendaciones, y en un lance que le puede costar
muy caro al país, desafiaron – empezando por López Obrador- cualquier medida de
prevención y prudencia, poniendo en riesgo la salud de millones de mexicanos.
¿Por qué? Debido a que este virus es contagioso a gran escala, según diagnostican
los especialistas.
Aún más:
Organismos
como la Comisión Nacional del Deporte (Conade) y la Secretaría de Cultura,
emitieron gráficos bajo el siguiente título: “Coronavirus COVID-19 NO ES UNA
SITUACIÓN DE EMERGENCIA”. ¡Vaya insensatez!
Así, las palabras
zalameras e irresponsables de López–Gatell perfilando que AMLO es inmune al
coronavirus y que “su fuerza es moral” (¿?) ante un problema de estricta salud
pública.
Los dichos
ignorantes y hechos imprudentes de AMLO.
La
indolencia de Sheinbaum.
Todo ello
mezclado con la insensatez del Gobierno de la mal llamada Cuarta
Transformación, han puesto al país al filo de una crisis sanitaria por el
coronavirus. Sin prevención. Sin cuidados. Sin recato.
Una
irresponsabilidad máxima y preocupante.
Por supuesto
que no se trata de abordar este delicado tema desde el punto de vista
científico. El columnista no es especialista médico ni mucho menos. Se trata de
que, a la luz de los hechos, analicemos la actuación del Gobierno mexicano ante
su evidente irresponsabilidad en la prevención del coronavirus.
Allí quedará
aquella postal grotesca en la cual López Obrador, durante una gira por
Ometepec, recibió a una niña, la cargó, la besó en el cachete de forma lasciva,
mordisqueándola, no sólo incumpliendo las medidas de precaución sanitaria, sino
también, mostrando una imagen morbosa y de mal gusto sobre cómo comportarse con
una menor de edad.
Esa
irresponsabilidad del Presidente – a quien pareciera desquiciar que el
coronavirus le quite protagonismo-, pronto contagió a sus colaboradores.
A Sheinbaum,
negándose a cancelar eventos públicos masivos. A López-Gatell, cuya frase será
recordada como una de las más ridículas y penosas de la historia.
Y ante un
Gobierno pasmado y semiparalizado– hasta el pasado viernes 13 tan sólo se
limitaba a emitir recomendaciones sanitarias a medias, marcada la línea de la
irresponsabilidad desde Palacio Nacional -, la 4T pronto se vio rebasada tanto
por universidades privadas, gobernadores, presidentes municipales, empresas y
alcaldes capitalinos. El vacío de autoridad era manifiesto.
Así, desde
el jueves de la semana pasada, el Tecnológico de Monterrey decidió, por su
propia cuenta, suspender clases a partir de esta semana. Lo siguieron la UVM y
el UNITEC. Después, la Universidad Iberoamericana. Y varias más. Ante el pasmo
de la SEP, optaron por tomar decisiones drásticas ante el aumento de casos de
coronavirus.
A las
universidades privadas le siguieron, primero, la Alcaldía Benito Juárez en la
CdMx, suspendiendo todos los eventos públicos; lo mismo hizo el Alcalde de
Huixquilucan, Enrique Vargas, mientras en otros municipios se tomaría la misma
decisión al inicio de esta semana. Ante la pasividad gubernamental, los centros
de poder alternos comenzaron a irse por la libre.
Ante la
presión de lo decidido por las universidades privadas, fue hasta el sábado 14
cuando, poco después del mediodía y sin margen de maniobra, el Secretario de
Educación, Esteban Moctezuma, tuvo que anunciar la suspensión de clases a
partir del próximo viernes 20 de marzo. Sin embargo, la decisión no solo fue
tardía, sino errática en los plazos. La pregunta elemental corría de boca en
boca: ¿Por qué hasta el viernes, si el virus ya está por todos lados?
Por eso, los
gobernadores de Guanajuato, Tamaulipas, Yucatán, Nuevo León y Jalisco,
volvieron a llenar los vacíos de gobierno: anunciaron que la suspensión de
clases se aplicaría en sus estados desde ayer martes 17 de marzo. ¿Para qué
esperarse hasta el viernes? Y lo hicieron pasando por encima de la
irresponsabilidad de AMLO, de la pasividad de la autoridad educativa, de la
evidente ausencia de autoridad que se ha generado desde hace un par de semanas
con este tema de salud pública.
Así,
gobernadores, universidades privadas, presidentes municipales y alcaldes
capitalinos, rebasaron al Gobierno federal en la toma de decisiones.
Los vacíos
se llenan.
Hasta la
hora de entrega de esta columna, los casos en México ascendían a 82. “No son
muchos”, dicen en Palacio Nacional. La cifra seguramente aumentará.
Nuevamente
se equivocan en el diagnóstico. No es cuestión exclusivamente de números en
presente, sino de prevención a futuro, según afirman especialistas. Nadie
garantiza que por la calles de cualquier ciudad del país, en este momento, una
persona no pueda ser contagiada.
Nadie culpa
a AMLO y a su Gobierno de la aparición del coronavirus, pero sí de su
irresponsabilidad en la prevención sanitaria, negligencia en la aplicación de
protocolos e insuficiencia en el reforzamiento de medidas de salud. Eso sí ha
estado en sus manos, y se ha mostrado insensatez. Empezando por el Presidente.
Coronavirus
más irresponsabilidad gubernamental: un alto riesgo para la salud pública de
millones de mexicanos.
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