Salvador
Camarena.
1. México
tiene diplomáticos para lidiar con las complejas problemáticas que llegan al
Consejo de Seguridad de la ONU.
2. Esos
diplomáticos podrían contribuir a atemperar/destrabar/resolver, las graves
tensiones que se viven en el órgano más importante de las Naciones Unidas.
3. Es mejor
estar en el Consejo de Seguridad de la ONU que no estar. Es una mesa que da
dolores de cabeza a sus participantes, pero al mismo tiempo brinda a cada uno
de los 10 miembros no permanentes la oportunidad de reafirmarse como naciones
que toman en serio su papel en el orbe.
4. Es una
buena noticia que México haya resultado electo para integrarse al CS de la ONU
en el ciclo 2021-2022. Salvo que…
Salvo que
una cosa es que México tenga diplomáticos de la talla necesaria para estar en
el Consejo de Seguridad de la ONU y otra que ese no sea el caso de Juan Ramón
de la Fuente, nuestro representante (es un decir) ante Naciones Unidas. Aunque
el exrector de la UNAM lleva meses en el puesto, no es el diplomático en
activo, en esta misma Cancillería, ideal para esa tarea.
Salvo que
aún no tenemos claro para qué quiere estar en esa mesa un gobierno que, por
ejemplo, nunca ha condenado los abusos e insultos de Donald Trump contra los
mexicanos. Y es que llegar al Consejo de Seguridad implica, sin duda, meterse
entre las patas de las potencias. Así que cuando Estados Unidos genere una
crisis de seguridad (cosa que se le da muy bien), y ésta sea llevada a tal instancia,
Andrés Manuel López Obrador estaría obligado a tomar partido entre lo que diga
la ley internacional y lo que quiera el autoritario que ocupa la Casa Blanca.
Es una buena
noticia que México esté en el foro más importante de las negociaciones internacionales
para la seguridad, salvo que otros de los intereses que podría afectar son los
de China, enfrentado como está a Estados Unidos, y país al que esta
administración ha dispensado trato preferencial –puente aéreo para la pandemia,
contratista en uno de los tramos del Tren Maya. Así que en una de esas nuestro
país estará en la bonita situación de quedar mal con Dios y con el Diablo. Se
vale ir a ese foro y asumir posiciones que lo enfrentarán con aliados o socios,
mas hay que tener en cuenta que eso no sale gratis.
Ayer Jacobo
Dayán contestaba al tuiter del secretario Marcelo Ebrard, que con “honor”
anunciaba la elección de México al Consejo de Seguridad, con el siguiente
mensaje: “El Consejo de Seguridad tiene como objetivo mantener la paz y la seguridad
en el mundo. Con qué cara México formará parte de ese órgano si no puede
mantener la paz y la seguridad en su territorio”.
Siguiendo a
Dayán, no sólo es un problema de congruencia (que ya sería bastante). ¿Es
descabellado pensar que el problema de la violencia en México sea utilizado por
Estados Unidos, que ya amagó con declarar a los cárteles como organizaciones
terroristas, como una amenaza internacional? Si AMLO realmente cree que Trump
es su amigou, uy, tremendo chasco le espera.
México al
Consejo de Seguridad de la ONU es buena noticia, salvo que este gobierno
escurridizo y cantinflesco podría ser llevado por la realidad a asumir
claramente partido, adiós a doctrinas priistas y frases juaristas. A problemas
reales, incómodas soluciones pragmáticas antes que bonitos discursos de
fraternidad y maromas parecidas. Y eso de definirse no se le da. Nadita. Suerte
al canciller. La va a necesitar.
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