Atzayaelh
Torres.
Ya no hay
marcha atrás. La confrontación entre el gobierno de la #4T y las empresas del
sector eléctrico que operan en el país es palpable, preocupante.
En la última
semana, productores de energía en el país se han acercado a este espacio
para informar de sus intenciones de dejar México. Afirman que no hay
condiciones para hacer negocios a raíz de la cirugía mayor que ha realizado la
Secretaría de Energía (Sener) al sector eléctrico. Ofrecen diálogo, pero ya no
hay interlocutores.
Del otro
lado el mensaje es claro: los transformadores pelearán con todo el aparato,
la implementación del modelo energético estatista que el lunes quedó delineado
en el Programa Sectorial de Energía 2020-2024, que la Sener entregó a la
Comener, y donde precisa que se fortalecerá, a cualquier precio, la dominancia
de Pemex y CFE. Defenderán el monopolio.
De manera
paralela, se prepara el uso de cuanta forma tengan de presionar a las
empresas del sector, e incluso a propias instituciones de gobierno, para que
desistan de las estrategias legales que entorpezcan el avance de la “nueva
realidad energética”. Me explico.
La
advertencia pasó casi de noche, pero el muy atípico convenio que firmó la
Secretaría de Energía (Sener) con la Unidad de Inteligencia Financiera de la
Secretaría de Hacienda la semana pasada trae jiribilla, y ya puso nerviosos a
varios de los generadores ‘limpios’ que lograron frenar la política de
confiabilidad del Sistema Eléctrico Nacional. “Los que sabemos leer mensajes,
lo leímos”, me dijo un representante de ellos, en referencia a la intención del
Gobierno de México de presionar a los detractores del último clavo del ataúd de
la reforma eléctrica.
Otro mensaje
fue la “iniciativa Monreal” para fusionar a los reguladores económicos, que
casualmente fue presentada un día antes de que el pleno de la Comisión Federal
de Competencia Económica (Cofece) votara un acuerdo para presentar una
controversia constitucional en contra de la política de confiabilidad de la
Sener, mismo que fue desechado para no enrarecer, aún más, el ambiente. Los
privados están solos en México, pero la ayuda ya empieza a llegar desde afuera,
la primera fue la carta del Instituto Americano del Petróleo (API) al gabinete
de Trump, pidiendo intercesión y sentando un referente que usa como escudo al
T-MEC.
Hacia
adelante se anticipa una lucha descarnada en tribunales. La nueva normalidad
energética se será un juego de resistencia y poder. Atentos.
En la cuerda
floja.
Pemex no
está contento con varios de sus proveedores por problemas reportados en sus
contratos de perforación, especialmente con Marinsa, la empresa mexicana que
dio la sorpresa cuando a principios de 2019 ganó los primeros contratos pesados
con el Pemex de AMLO para desenterrar dos de sus prometedoras joyas del plan de
producción para el sexenio: los campos Esah y Xikin.
Me cuentan
que la firma está ‘en la cuerda floja’, no dio el ancho, pues los resultados
no han dejado satisfechos a los directivos de la petrolera nacional, quienes al
parecer no les dan más allá de agosto. Incluso el caso llegó a la Dirección
Jurídica de Pemex, donde de acuerdo con un oficio del que tengo copia, se les
negó la posibilidad de modificar los contratos para que los pudieran emplearse
en Cantarell y Ku-Maloob-Zaap.
Y para
colmo, nada les ayudó el embargo que les hizo la Secretaría de Marina de la
embarcación Go Canopus el pasado 26 de mayo, por presuntamente llevar
combustible robado.
El
trasfondo, me cuentan también, tiene que ver con que la #4T no los respalda,
pues Marinsa no ha querido cortar sus lazos, forjados por años desde el Grupo
Cemza, al que pertenecen, con líderes “prianistas”. Así.
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