Maite Azuela
Las protestas no
cesan. Cada día los ciudadanos se organizan en las diferentes entidades
federativas para manifestar su enojo contra el abrupto y elevado incremento a
los precios de las gasolinas. ¿Es lo único que nos enoja? Claro que no, es un
cúmulo de acciones por parte de los encargados del rumbo del país, lo que ha
mantenido con vida las manifestaciones masivas. Si a esto sumamos la falta de
propuestas de los diferentes poderes para amarrarse ellos el cinturón, no
sorprende que el nivel de la frustración ciudadana esté cobrando factura.
El sábado pasado un grupo de ciudadanos se dio cita para
presentar una propuesta que, aunque ya tiene años planteándose, es más que
adecuada para estos momentos de crisis económica y descontento social. Los argumentos básicos vienen de una
propuesta que nació desde el 2009 cuando millones de mexicanos anularon
voluntariamente su voto. La urgencia de una renovación en el sistema de
partidos comienza por dejar de proveerles de prerrogativas absurdas cuyas
cantidades rebasan los límites de cualquier democracia consolidada.
Convocados por Gonzalo Ibarra, uno de los activistas más
entregados, los jóvenes y no tan jóvenes están
ya trabajando para empujar esta reforma con miras a que en 2018 estas sean
propuestas determinantes para la elección.
No regalarles ni un
peso a los partidos sólo por tener credencial de elector.
Se propone la
reducción de recursos de los partidos políticos, tirando la fórmula con la que
se les entrega dinero. Ya que por cada credencial de elector que el Instituto
Nacional Electoral le da a un ciudadano, una vez que queda registrada en la
lista nominal, se calcula como elemento que eleva la bolsa de dinero para
partidos. Esto implica que la fórmula que contempla el artículo 41 de la
Constitución se modifique de una vez por todas. No permitir que la credencial de elector sea el referente de cálculo,
ya que claramente es para los mexicanos un documento de identidad oficial más
que un carnet de aprobación al sistema de partidos.
Romper el monopolio
de la partidocracia en la representación ciudadana.
Aunque parte de este grupo impulsó, con otros más que
conformaron el colectivo Reforma Política Ya, la incorporación de las
candidaturas independientes en el juego electoral, los partidos fueron muy cuidadosos de poner requisitos casi
inalcanzables para quienes se mueven ya en la política y completamente
inaccesibles para un ciudadano cualquiera. Afortunadamente esta figura está
abriendo, aunque escasos, algunos espacios de luz para que se reflejen demandas
ciudadanas que los partidos se niegan a atender.
Así que, con todos los avances de la reforma política que se
concluyó a principios del 2013, requerimos
cambios de fondo que rompan el monopolio de los partidos. Para ello es
necesario flexibilizar los requisitos de conformación y registro de un partido,
además de acercar nuevas ofertas que no tengan que conformarse nacional o
localmente, sino que puedan tener un contacto más directo con las comunidades,
partidos municipales, por ejemplo.
Legisladores austeros.
En paralelo a este grupo que comenzará a empujar una campaña
para que el sistema de partidos sea transformado, la Senadora Martha Tagle,
quien también formo parte de la Asamblea Nacional Ciudadana que trabajó la
primera agenda de la reforma política en 2009, ha hecho lo que ningún otro
legislador en estos tiempos de adversidad. Presentó
seis acciones que implicarían una reducción de presupuesto del Senado del 22.72
por ciento. Su intención fundamental es reducir el gasto corriente y de ciertos
rubros que son marginales para los resultados de la Cámara. Además, propone la reducción del 50 por ciento a
las dietas y percepciones de Senadores y funcionarios de alto mando. No deja
fuera la eliminación de la partida de estímulos extraordinarios. Este “Plan de
Austeridad” permitiría amortiguar parte de la crisis, devolviendo al
presupuesto 1.031 millones 778 mil 395 de pesos.
Protestas son
inofensivas si no hay propuestas precisas.
Esa idea la repito
constantemente. La propuesta es legítima, hay que hacerla y ser cuidadosos en
que la no violencia sea el sello que refuerce su legitimidad. Es importante
distinguirla de los saqueos y cualquier acto irrespetuoso que pase por encima
de los derechos de otros. Pero es aún más importante que tenga consecuencias.
Si no hay propuestas que acompañen la protesta, nada se mueve y las emociones
que inflaman la frustración se acumulan.
Estas propuestas constituyen un sensato y necesario paso
para empujar salidas que debiliten a concentración de poder de unos cuantos a
costa de los ingresos públicos.
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